La Casa 165 se integra al grupo de proyectos residenciales en Chile que destacan la construcción en madera como solución estructural. Proyectada y construida en 2019 por PAR Arquitectos, la vivienda utiliza madera laminada de Hilam Arauco como esqueleto principal y se emplaza en el condominio Cantagua, en Cachagua, en el litoral central de la Región de Valparaíso. Su desarrollo evidencia cómo la tecnología en madera disponible en el país permite responder a exigencias estructurales y a las condiciones propias del entorno costero.
El proyecto se emplaza en un terreno de fuerte pendiente, donde una meseta preexistente permitió definir con precisión la implantación de la vivienda y su relación con el paisaje costero, a partir de una lógica estructural que sitúa a la madera en el centro del diseño y la construcción.

La obra se desarrolla sobre una superficie aproximada de 325 m² y utiliza madera laminada de pino como esqueleto estructural principal. Esta elección responde tanto a las exigencias estructurales del proyecto como a su desempeño en ambientes húmedos y salinos, propios del borde costero, que sitúan a la madera como una mejor opción, con ventajas en mantención y durabilidad en comparación con sistemas tradicionales asociados al acero.
La estructura se configura mediante el cruce de dos volumetrías superiores, resueltas con marcos de madera laminada de sección 40 x 15 cm, arriostrados diagonalmente para salvar luces de hasta 4,5 metros. De este sistema surgen dos vigas reticuladas paralelas, apoyadas de forma central para equilibrar los voladizos y definir la expresión estructural de la vivienda.

El sistema se complementa con un basamento de hormigón plegado, desde el cual uno de los volúmenes superiores se separa parcialmente, generando un apoyo dilatado que refuerza la lectura del conjunto. En los encuentros y uniones se optó por soluciones que priorizan la continuidad visual de la madera, mediante hilos, tuercas y conectores tipo bulldog, junto a pletinas insertas en calados mecanizados directamente en las piezas estructurales. Esta estrategia permitió ocultar las conexiones y consolidar la presencia del material en los espacios interiores y exteriores.

El programa arquitectónico se organiza en dos niveles. El primer piso reúne los recintos de uso público en una nave central que articula cocina, comedor, estar y terraza. Este espacio se estructura en torno a una doble altura abalconada que deja a la vista la reticulada de madera y favorece el ingreso de luz natural. En el segundo nivel se dispone el programa privado, con los dormitorios y una sala de estar, manteniendo una presencia continua de la madera en estructura, revestimientos y cielos.
Desde el punto de vista de la ingeniería y la provisión de material, el proyecto incorporó procesos de mecanizado industrial que aseguraron precisión en calados y perforaciones, optimizando los tiempos de montaje y la calidad de las uniones. La articulación entre diseño, materiales, ingeniería y paisaje evidencia el potencial de la madera laminada para responder a exigencias estructurales tradicionalmente asociadas a otros sistemas, con un desempeño adecuado para contextos costeros.