Cómo diseñar y construir kayaks de madera, la respuesta está en Villarrica

Ivo Zuffi, diseñador gráfico encargado de Edulab; Cristian Cancino, carpintero y diseñador de objetos – Boteskau; Camilo Vazquez, diseñador industrial y docente UC Temuco; Willy Muñoz, arquitecto USACH, trabaja como arquitecto y proyectos de carpintería;  Nicolás Bertoni, arquitecto de U. de Chile, ligado a proyectos de arquitectura en madera; Patricio Toledo – Consultor en industria forestal, diseño en madera e instructor de kayak.

Con la intención de crear objetos que dialoguen con el entorno, se construyan con sentido y propongan otra forma de habitar el territorio, surgen los kayaks de travesía desarrollados por el carpintero y diseñador de objetos, Cristián Cancino. Desde Villarrica, Cristián trabaja con la técnica skin on frame y comparte sus saberes en talleres que recorren todo el proceso de construcción, que va desde la búsqueda y selección de la madera adecuada hasta la botadura final en el lago.

Cristián Cancino se presenta primero como carpintero. Luego, como diseñador de objetos formado en la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso. Esa definición más que ser un gesto retórico condensa una relación temprana y persistente con la madera, entendida como un medio para vincularse con el entorno. “Desde chico, siempre tuve ese gusto por hacer cosas para mí mismo, hacer una mesa, el escritorio” y siempre en madera -nos cuenta- porque a su juicio “es el material más idóneo para empezar a construir cosas”. Y es a través de esa frase que ordena una trayectoria que cruza infancia, formación universitaria y práctica profesional hasta llegar a la construcción de kayaks de madera en el sur de Chile.

Su vínculo con el hacer comienza en Villa Alemana. De niño, con retazos disponibles y un cerro cercano a su casa, fabricaba carretones de madera para lanzarse cuesta abajo junto a sus amigos. “Eso estaba construido por nosotros, mi hermano y un amigo”, recuerda. Años más tarde, ya instalado en Villarrica, ese mismo impulso reaparece, adaptado al paisaje. Lago en lugar de cerro. Kayaks en vez de carretones. “Ahora vivo en Villarrica, ¿qué hago con la madera? Tomo la madera, tengo un lago al lado y hago kayaks”. En ambos casos, la madera funciona como mediadora entre el cuerpo y el territorio relevando la experiencia.

La decisión de estudiar diseño de objetos también nace desde lo material. En una feria vocacional en Valparaíso, el stand de la Escuela de Diseño de la PUCV lo marcó por completo. “Quedé impactado con las cosas que vi: maquetas colgadas, artefactos que no sabía bien para qué servían, pero eran de madera”, cuenta. Saber que esos objetos los hacían estudiantes fue suficiente para elegir el camino. Antes de cualquier definición conceptual, estaba la posibilidad concreta de hacer.

Desde entonces, su trabajo ha estado ligado casi de forma exclusiva a la madera. Mobiliario, habitáculos transportables, arquitectura modular, galpones y procesos de fabricación digital forman parte de su recorrido. Trabajó durante años en proyectos de casas prefabricadas y en entornos productivos donde el diseño se vincula directamente con la construcción. Esa experiencia reforzó una idea central en su práctica: diseñar implica entender cómo se hace algo. “Como diseñador de objetos me interesa mucho el diseño del proceso de construcción. Antes de diseñar algo, entender cómo lo voy a hacer”, explica, señalando que fue el arquitecto Alberto Mozó, quien le abrió el mundo de la madera, “siempre con una mirada que me encantaba, muy pragmática diseñando el proceso”.

El punto de inflexión hacia las embarcaciones llegó hace más de siete años, en Limache, trabajando junto al artista visual Patrick Steeger. “Ahí hice mi primer bote con la guía de Patrick – con la técnica stitch and glue – y lo probamos en el embalse de Los Aromos” señala y continúa: “me encantó, encontré que era un nicho que no ha sido muy explotado”.

Más tarde, ya viviendo en Villarrica, la cercanía con el lago y la necesidad de “hacer algo que tuviera sentido para la ciudad” terminaron de ordenar su decisión. Renunció a su trabajo asalariado, armó un taller pequeño y comenzó a desarrollar kayaks de madera pensados para ese entorno específico de aguas calmas y silencioso.

Ese proyecto tomó forma como Boteskau y se consolidó a través de un taller de construcción de kayak de travesía impartido en el campus Villarrica de la Universidad Católica. La propuesta fue que cada participante construyera su propio kayak, desde la selección de la madera hasta la prueba en el agua.

Cómo se construyen los kayaks de madera

Los kayaks que desarrolla Cristián Cancino son de travesía, pensados para recorrer aguas calmas, y corresponden a una adaptación de la técnica skin on frame, “porque ocupa cuadernas de terciado, dentro del esqueleto del kayak”, dice. La técnica original, desarrollada por pueblos del círculo polar ártico, consiste en un esqueleto de madera forrado con piel. En esta versión, ese principio se reinterpreta, además, con materiales disponibles en el contexto local.

El diseño del kayak es obra del diseñador náutico argentino Marcelo Rossi, quien cedió generosamente el plano para ser construido y replicado en Villarrica. El modelo está pensado específicamente como kayak de travesía, “que tiene súper buen tracking, es muy versátil, es fácil de maniobrar, es muy liviano y tiene una gran capacidad también de carga, hasta los 110 kilos”, cuenta Cristián. Ese diseño fue clave para el desarrollo del taller y para asegurar un resultado probado en navegación real.

El proceso comienza con la selección cuidadosa de la madera. Para las cuadernas se utiliza terciado fenólico de eucalipto, apto para ambientes húmedos, mientras que las piezas largas —bordas, quilla y refuerzos— se fabrican en pino oregón, elegido por su fibra larga y comportamiento en tensión, que toma la curvatura natural que permite la madera. “Son piezas flaquitas, de cuatro metros y medio, (…) no es una fibra ondulada y corta, porque eso hace que se quiebre en cualquier punto”, dice Cristián.

Cada kayak se arma a partir de un esqueleto compuesto por cuadernas de terciado y listones unidos exclusivamente mediante amarras de cordón de poliéster. No hay tornillos ni adhesivos. Más de 90 uniones se atan a mano, pieza por pieza. Una vez montada la estructura, se revisa alineación, posición del asiento y reposa pies, y recién entonces se incorpora la “piel”, que en este caso es una lona de poliéster gruesa que se cose manualmente, se tensa con calor y se sella con barniz para asegurar impermeabilidad y resistencia.

El taller reunió a cinco participantes con trayectorias diversas: diseñadores, arquitectos y un ingeniero forestal y “estos cinco participantes, todos tenían un encanto y un gusto por la madera” nos cuenta. Esa mezcla de oficios generó una dinámica colaborativa que fue más allá del programa formal. “Pasábamos muchas más horas de lo que decía en el papel del taller”, relata Cancino. La construcción se transformó en un espacio de aprendizaje compartido, conversación y trabajo colectivo, donde el proceso era tan relevante como el resultado final.

Lo que viene: del lago al océano

Con los kayaks ya terminados y probados en el lago Villarrica, el siguiente desafío está en el horizonte. El grupo proyecta una travesía desde el lago hasta el océano Pacífico, descendiendo por el río Toltén, en una ruta estimada de tres días de remo, con resguardos técnicos y apoyo de kayakistas con experiencia.

En paralelo, el proyecto sigue creciendo. “Se va a replicar el taller [en la Universidad Católica, sede Villarrica] y voy a incorporar otro modelo también de kayak para tener dos alternativas, también un kayak de travesía, sólo que este es más dinámico, más ágil”.

Además, Cristián trabaja en llevar esta experiencia a contextos educativos, tanto en enseñanza media como superior. La docencia es parte central de su motivación, siempre desde el hacer. “Me gusta enseñar lo que sé, pero no ser un profesor de aula, sino un profesor de taller”, afirma.

Actualmente construye un kayak de recreación de tamaño de 2,5 metros por 60 centímetros, para niños de 6 a 12 años, “livianito, estable, ideal para jugar en lagunas pequeñas y/o lagos cerca de la orilla, que obviamente lo hice pensando en mi hija”, señala.

Así, la historia vuelve al punto de partida madera, diseño y territorio.

Imágenes gentileza Cristián Cancino – BoteskauPatricio Toledo

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