Alexander Opazo Vega, director del Concurso de Ingeniería y Construcción 2026 de Madera21
El concurso de Ingeniería y Construcción de Madera21 inicia una nueva etapa bajo la dirección del doctor e ingeniero Alexander Opazo, académico del Departamento de Ingeniería Civil y Ambiental y director del Doctorado en Ingeniería de la Universidad del Biobío. Pero, su nombramiento no es un estreno en el certamen, en versiones anteriores integró el jurado, experiencia que hoy relee desde un nuevo rol, siendo una de sus primeras metas el impulsar una participación representativa de lo que está ocurriendo en regiones.
Opazo es ingeniero civil con especialización en ingeniería estructural. Desde esa área y hace más de dos décadas, su trayectoria comenzó a vincularse de forma creciente con la madera, de la mano del trabajo académico en la Universidad del Biobío en Concepción.
Cuando llegó a la universidad, en 2003, ya existían vínculos con universidades alemanas y canadienses que impulsaban el intercambio académico y tecnológico. Profesores como el arquitecto, Ricardo Hempel y el ingeniero civil, Juan Marcus “viajaban continuamente a Alemania y traían conocimiento sobre tecnologías que en ese momento casi no existían en Chile. Incluso se fabricaron paneles CLT en la universidad hace más de 15 años, cuando todavía no había producción estandarizada en el país”, recuerda.

Presentación de proyectos ante el jurado, Concurso Ingeniería y Construcción 2018
Uno de los énfasis del trabajo académico de Opazo está en la relación directa con el material. Para él, la experiencia práctica es clave en la formación de ingenieros que trabajen con madera. “La madera no es un material tan homogéneo como el acero o el hormigón. Tiene más variabilidad y por eso quien quiera trabajar con ella tiene que conocerla, tocarla, ver cómo responde”, explica.
Por esa razón, en los cursos que imparte suele incorporar actividades de laboratorio y prototipado. “Los estudiantes toman elementos de madera, conocen sus defectos, hacen ensayos y construyen pequeñas estructuras. Esa experiencia permite entender mejor sus ventajas y también sus limitaciones”.
El contacto directo con el material también evita decisiones de diseño desconectadas de la realidad productiva. “A veces se especifica un tipo de madera que casi no existe en el mercado. Cuando uno ha trabajado con el material, esas cosas se detectan antes”, comenta.
Brechas en formación y colaboración
Alexander Opazo identifica varias brechas que aún deben abordarse para consolidar el desarrollo de la construcción en madera en Chile. Una de las principales es la formación de profesionales, tanto en el ámbito universitario como en la capacitación continua. A su juicio, los esfuerzos en esta área deben mantenerse en el tiempo. “Seguir enseñando y perseverar en esto es clave. A veces aparecen iniciativas muy buenas, con un primer año muy activo, y después desaparecen, y este es un trabajo que necesita varios años para ver resultados”, señala.

Presentación de proyectos ante el jurado, Concurso Ingeniería y Construcción 2016
En esa línea, también destaca la necesidad de avanzar hacia instancias de formación más específicas y aplicadas. “Hoy se discute mucho cómo hacer capacitaciones más cortas y precisas, enfocadas en temas concretos. Eso muchas veces resulta más útil que cursos muy largos y generales”, explica.
Otra brecha relevante está en la colaboración entre universidades e industria. Aunque reconoce que existen experiencias positivas, considera que ese vínculo puede fortalecerse. Parte del desafío, agrega, radica en los distintos ritmos de trabajo. “La industria tiene plazos muy cortos y la universidad procesos más largos. Encontrar puntos de encuentro que beneficien a ambos es algo que todavía debemos trabajar”.
Junto con ello, el académico menciona un desafío cultural en torno al uso de la madera. A su juicio, episodios como los incendios forestales suelen reactivar dudas sobre el material, “Los ingenieros también tenemos que hablar en un lenguaje más simple y demostrar con ejemplos concretos que se puede lograr un buen estándar. Una vivienda mal construida es vulnerable con cualquier materialidad. Si el diseño y la ejecución se hacen con cuidado, la madera también puede ofrecer soluciones durables”, afirma.
Una invitación abierta a participar
Desde su nuevo rol como director del concurso, Opazo busca fortalecer y ampliar la participación en el ámbito de la ingeniería, convocando a más universidades, institutos profesionales y también a postulantes de otros países de Latinoamérica. Para el académico, uno de los desafíos para lograrlo tiene que ver con la cultura de participación en esta disciplina.

Premiados Concurso Ingeniería y Construcción 2025
A diferencia de lo que ocurre en arquitectura o diseño, donde los concursos forman parte habitual de la formación académica, en ingeniería la participación suele ser más baja. “Invito a diez estudiantes y se animan dos”, comenta. En ese contexto, aclara que el certamen admite trabajos en desarrollo, así como tesis o memorias realizadas hasta cinco años atrás. “Muchas veces los estudiantes no participan porque creen que el trabajo tiene que estar completamente terminado. No necesariamente es así. Se puede presentar un proyecto en desarrollo y mostrar su potencial”, explica.
Para quienes están comenzando su carrera, el concurso puede transformarse en una oportunidad relevante. “Participar, exponer ante un jurado y conocer lo que están haciendo otros estudiantes es una experiencia valiosa. Y si además el trabajo obtiene un reconocimiento, queda en el currículum para siempre”, señala.
El concurso, agrega, también entrega visibilidad y abre vínculos con la industria. Por ello, propone que las propias universidades revisen trabajos destacados y motiven a sus egresados a postular. “Hay trabajos muy buenos que quedaron guardados y que todavía pueden presentarse. Esa es una oportunidad que varios podrían aprovechar”, afirma.
Asimismo, sugiere explorar colaboraciones entre estudiantes o rescatar investigaciones que ya existan en las universidades. “A veces dos tesis relacionadas pueden presentarse juntas y generar una propuesta más robusta”, dice.
La invitación del director del Concurso de Ingeniería y Construcción es a animarse a participar. “No hay peor trabajo que el que no se presenta -afirma -. Al final es pura ganancia para los estudiantes. Conocen otras miradas, comparten sus proyectos y se insertan en una red profesional que está creciendo en torno a la madera”.