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15 de Mayo, 2019

Bioeconomía en la vida cotidiana: la clave es la madera

En un mundo que avanza cada vez más rápido resulta difícil pensar en el planeta. La bioeconomía, tema principal de la Semana de la Madera 2019, aparece como una gran alternativa, sobre todo cuando se manifiesta en nuestra vida diaria y a través de un material que todos conocemos: la madera.

Para nadie es un secreto que el planeta comenzó a manifestarse desde hace ya algún tiempo. El agujero en el ozono estratosférico, el efecto invernadero y la preocupante reducción de la biodiversidad son términos que seguramente para nuestros abuelos sonaban alarmistas pero para nosotros son ya una realidad. Y si bien la bioeconomía no es un concepto nuevo, toma más relevancia considerando el escenario en el que estamos viviendo.

La finalidad de la economía ecológica, como también es conocida, es alcanzar un desarrollo socio-económico sostenible a través de un uso eficiente de los recursos naturales. Una economía que no sólo tiene en cuenta las ganancias y la productividad, sino también gran parte de los recursos que nos brinda la naturaleza.

La bioeconomía invita, entonces, a repensar las actividades humanas a partir del uso prioritario de elementos naturales, renovables, biodegradables y que no alteran o tengan mínimo impacto en los ecosistemas. En este escenario, la madera aparece como un material de enorme potencial, que hace posible abordar una muy diversa gama de actividades humanas.

Desde la construcción de viviendas, hasta la producción de biocombustibles. Esto sin considerar que, gracias al desarrollo tecnológico, puede funcionar como material de elaboración principal de un sinnúmero de objetos reemplazando al plástico y que, al ser desechados, no generan ningún residuo.

Además, la madera es el único material de construcción cuyo uso ayuda a reducir el CO2 de la atmósfera, contribuyendo de esta manera a mitigar el cambio climático. A diferencia del hormigón, el ladrillo y el metal, la madera es un material natural que, después de extraído, puede ser repuesto una y otra vez.

Esto la convierte en la alternativa constructiva con la más baja huella de carbono, eso a nivel macro.

Pero, independiente de esto, la bioeconomía también puede ser aplicada en la vida cotidiana. La industria intenta día a día incluir estos tipos de productos en el mercado para de esta manera solidarizar con el medio ambiente.

Simpáticos y ecológicos juguetes para niños

En la larga lista de productos ecológicos trabajados con madera se pueden encontrar géneros de cualquier rubro y para cualquier edad, incluso juguetes para bebés, como por ejemplo los típicos cascabeles.

Este juguete clásico, desarrollado y comercializado por Tecnaro, una empresa danesa, y Haba, firma de juguetes, no se ve diferente al convencional desde el exterior, pero desde el interior es mucho más sostenible. Mientras que los componentes principales del anillo de madera están hechos de arce y haya, los aros de colores están hechos de “madera líquida”. Este material, hecho principalmente en base a la lignina, es un componente natural de la madera y las plantas que se produce como un subproducto en la industria de la pulpa. A temperaturas elevadas, la lignina se mezcla con las fibras vegetales, tales como los aditivos naturales, hasta que se forma una masa homogénea. La lignina ocupa el segundo lugar después de la celulosa como el polímero natural más abundante.

Además de este juguete para bebés, los ampliamente conocidos ladrillos para niños también han sido reinventados gracias a las empresa Ciddi toys con su Bioblo. Los bloques ecológicos de este pack consisten principalmente en una mezcla de fibras de madera y una materia prima rica en carbohidratos: el almidón de papa.

Grandes cantidades de esta fibra se acumulan como un subproducto de la industria de la madera. La mayoría se procesa en papel, mientras que otra se utiliza para producir compuestos termoplásticos, un nuevo producto a partir del cual se fabrican los ladrillos. Estos juguetes tienen un aspecto similar al de la madera, son muy resistentes y se pueden teñir en tonos pastel con colorante para alimentos.

Desde envases hasta bicicletas

Algo que está mucho más presente en la vida cotidiana de todos son seguramente los envases. Todos los días se consumen miles de millones de litros de agua, leche, jugos y otras bebidas, vendiéndose cada año miles de millones de cartones que contienen líquidos.

La mayoría de ellos están hechos de cartón, polietileno y papel de aluminio pero en 2015, la multinacional sueca Tetra Pack introdujo en el mercado un paquete completamente renovable. Su cartón proviene de fuentes certificadas por el Forest Stewardship Council (FSC), mientras el polietileno de la película laminada y la tapa se deriva de la caña de azúcar. Con el cultivo de caña de azúcar en pastizales degradados, el empaque de base biológica ofrece una mejora de la sustentabilidad del 20% al 30% en comparación con el cartón convencional.

Los deportistas también pueden ser parte de este cambio de mentalidad, ya que a diferencia de materiales como el aluminio, el hierro o el carbono, la madera es un recurso renovable, para el que solo se necesita agua, luz solar y CO2 para que realice la fotosíntesis. Mientras tanto, la madera de ingeniería ha mejorado en términos de resistencia y capacidad de procesamiento.

La empresa LignoTUBE Technologies ideó la forma de utilizar chapas de madera real como base para tubos de bicicletas. Los tubos de paredes delgadas son livianos y robustos y su producción utiliza una cantidad mínima de madera real, mientras que las capas individuales de chapa se pegan en cruz.

Una oferta de productos cada vez más amplia que nos demuestra que la bioeconomía está en todos lados y que incluirla en nuestra vida es cada vez más fácil, todo con el objetivo de tener una mayor repercusión en la sostenibilidad de nuestro mundo.


Paloma Ávila
Fotografía principal cortesía de Joey Kyber / Unsplash

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