Desde Seattle hasta Washington voló el primer avión con combustible de madera

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28 de Noviembre, 2016

Fueron cerca 5 horas y casi 4 mil kilómetros de distancia los que recorrió Alaska Airlines, la primera aerolínea en utilizar un biocombustible hecho con residuos de este material.

En las últimas décadas, el desarrollo de un combustible alternativo a aquellos que derivan del petróleo se ha convertido en parte fundamental de las investigaciones científicas. Esto, con la finalidad de reducir la contaminación, la basura y la explotación de los recursos.

Las pruebas con biocombustible se remontan a hace ya algunos años. En 2011, por ejemplo, Aeroméxico realizó el primer vuelo transcontinental entre Ciudad de México y Madrid a partir de aceite de una especie de planta llamada jatropha.

Ahora, Alaska Airlines está innovando en ese ámbito y se ha convertido en la primera aerolínea en utilizar un biocombustible derivado de deshechos de madera para realizar un viaje completo. En junio de este año, la aerolínea probó con un líquido a base de alcohol, pero esta vez utilizó ─para un trayecto de cinco horas, desde Seattle hasta Washington─ uno compuesto en de deshechos de rama reciclados de los estados de Washington, Montana y Oregón.

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Este nuevo combustible fue desarrollado por la Universidad Estatal de Washington y Northewest Advanced Renewables Alliance (Alianza para Renovación Avanzada del Noroeste o NARA, por sus siglas en inglés), mediante una iniciativa quinquenal que involucró a 32 organizaciones, entre ellas diversos centros de investigación, de la aviación, la industria privada y el gobierno, todos unidos para llegar a una alternativa ecológica con los residuos de los bosques.

NARA adaptó su tecnología para convertir los azucares de la celulosa de la madera en isobutanol renovable, que resultó en el nuevo combustible. Este biocombustible reduce las emisiones de gas invernadero entre un 50 y 80 por ciento menos respecto del ciclo de vida de la gasolina, que incluye el crecimiento de la materia prima, el transporte a una instalación de procesamiento y su producción. Gracias a esto, se logra emitir 70% menos CO2 que un avión impulsado con combustible de petróleo.

Si bien el proyecto de investigación duró cinco años para el desarrollo de este biocombustible, no se descartan nuevos estudios para llegar finalmente a un combustible que sea 100% sustentable.


Publicación original en Excelsior.

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