23 de Marzo, 2017

Qué pasa con el CLT en Chile

Ese novedoso sistema constructivo lleva un tiempo dando que hablar en el mundo. En nuestro país ya hay cuatro edificios que lo utilizan y a fines de este año se iniciará la construcción de otros cuatro. Los más optimistas apuestan por un edificio que supere los cuatro pisos para 2020.

Cuando el ingeniero Juan Marcus y el diseñador industrial Jorge Calderón comenzaron a soñar con la idea de introducir el CLT en Chile, recibieron muchos aplausos y espaldarazos de apoyo. Pero cuando quisieron aportar en la reconstrucción tras el terremoto de 2010 usando este sistema constructivo, no hubo ni una sola orden de compra.

Y es que el CLT o madera contralaminada es un sistema constructivo incipiente en Chile, con beneficios aún desconocidos. Similar al terciado o contrachapado, el CLT está formado por capas de madera longitudinales y transversales que forman un gran bloque de madera sólida, cortados a modo de paneles de gran formato. El más delgado de ellos puede alcanzar los 10 centímetros de espesor.

Desarrollado con alta tecnología y sofisticados adhesivos, esta nueva solución tiene a los arquitectos del mundo compitiendo entre sí por construir edificios cada vez más altos en madera, aprovechando una de sus ventajas constructivas más competitivas: ser tan resistente como el hormigón armado pero seis veces más liviano.

A esto se suma su baja huella de carbono y su excelente comportamiento antisísmico, con un alto desempeño térmico y de fuego. ¿A qué se debe, entonces, el poco entusiasmo en Chile por este sistema? Algunos argumentan que es por un tema de costos, que sólo vale la pena pensar en él cuando se quiere construir sobre los cinco pisos de altura, y como la actual normativa la actual normativa exige para sistemas no convencionales como el CLT una serie de ensayos que respalden su desempeño, mejor pensar en otras opciones.

Pero no. No es cierto, asegura Jorge Calderón. “El CLT también puede ser competitivo económicamente en una vivienda de dos pisos”, aclara, dependiendo del estándar con el que se compare. Para él, en cambio, la principal resistencia tiene que ver con la poca valoración que existe en torno a la madera como material constructivo.

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Esta realidad, no obstante, podría cambiar, ya que a las investigaciones de hace varios años realizadas por la Universidad del Bío Bío y la Universidad de Santiago, ahora podrían sumarse una serie de proyectos que buscarán demostrar que sí es posible tener CLT en Chile ahora. ¿De qué manera? Mediante la construcción de cuatro jardines infantiles Junji hechos íntegramente con este sistema.

Se trata de un proyecto icónico del Programa Estratégico Mesoregional de la Madera de Alto Valor (PEM Madera) que tendrá a las ciudades de Ovalle, Santiago, Curicó y Cauquenes como protagonistas. El diseño acaba de ser entregado por la empresa JMS y CRULAMM, a cargo de Juan Marcus y Jorge Calderón, y financiado por Corfo a través de un Bien Público. Si todo sale bien, dice, su construcción podría comenzar el último trimestre de este año.

JMS y CRULAMM son actualmente, si no los únicos, sí al menos los primeros en introducir esta nueva tecnología en el país. Comenzaron en 2011, con una vivienda residencial en San Pedro de la Paz de 120 metros cuadrados y dos pisos de altura. Fue un proyecto Fondef dirigido por el arquitecto Ricardo Hempel de la Universidad del Bío Bío que terminó de construirse en 2013 y que dio como resultado la primera vivienda pasiva de Chile, es decir, una casa con un consumo energético mínimo y un confort interior inigualable.

Luego, en 2015, vino otra residencia particular en la comuna de San Bernardo, con 180 metros cuadrados y tres pisos de altura, también en CLT. Y el año pasado se realizó la ampliación de la Facultad de Arquitectura de la Universidad de Bío Bío que utilizó madera contralaminada para las losas entre el primer y segundo piso. Lo mismo se está haciendo actualmente con el edificio corporativo de CMPC en la ciudad de Los Ángeles.

Y ahora, con los jardines infantiles, se está dando un paso más para acortar las brechas entre Chile y Europa respecto del uso intensivo de CLT. “Pero también nos falta invertir en industrialización. Eso es clave, pues el CLT, a diferencia de otros sistemas constructivos, obliga a la industrialización; no es posible llevar las tablas y tratar de hacer el panel en obra”, dice enfático Calderón. “Esa es la ventaja de este sistema constructivo, que es muy preciso; se debe trabajar la edificación en CLT con la precisión de un mueble. Estamos hablando de milímetros de tolerancia, no de centímetros. Nada de ajustar en obra”, agrega.

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Esa es, quizá, la razón que hace del CLT un sistema extremadamente rápido para construir. “Existen experiencias reales en Europa en donde la concepción de un proyecto y su entrega final puede tomar entre 40 y 60 días, pues están avalados por una tradición en la construcción industrializada muy fuerte, con muchos años y con tecnología adecuada para ello, con tecnología de punta”, asegura Calderón.

“Y nosotros aspiramos, con estos jardines, a reducir los tiempos de construcción tradicionales del orden del 30 o 40%, en esta primera etapa. En los siguientes proyectos podremos ir avanzando hacia una industrialización más acelerada que permita llegar fácilmente a reducir a menos de la mitad del tiempo de una construcción tradicional. Pero eso lo vamos a hacer paso a paso”, explica el experto.

Es decir, si un jardín con el sistema clásico demora un año y medio en construirse, con CLT podría tardar ocho meses, pero requeriría resolver lo máximo posible en fábrica y dejar el mínimo de trabajo en la obra. “Esa es la tendencia y ahí es donde debiéramos apuntar”, dice Calderón.

Además de su rapidez, los expertos también destacan de esta solución la posibilidad de tener un ambiente sano, con pisos, paredes y techos tan herméticos que será posible controlar fácilmente las condiciones de temperatura y humedad en el recinto, disminuyendo las enfermedades en los niños y generando un confort interior sin precedentes.

Con todo esto como evidencia, muchos de los mitos y resistencias que existen en torno a la madera podrían ser derribados y ser, por el contrario, el impulso para asumir nuevos desafíos. “La aspiración mía ─dice Calderón─ es que exista un edificio de más de cuatro pisos en CLT para el Congreso Mundial de Ingeniería y Construcción en Madera de 2020 (WCTE)”. Una aspiración que pronto podrá verse realizada pues el Centro UC de Innovación en Madera (CIM UC-Corma) y la Universidad del Bío Bío ya están trabajando en un proyecto para construir una torre de seis pisos en CLT.

Esa podría ser la barrera más importante, y una vez superada, ya nada detendría a Chile para estar al día en industrialización y en construcción en altura.

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