6 de Abril, 2017

Museo Taller abre sus puertas para reencontrarse con las herramientas del pasado, la madera y el juego

Inaugurado hace poco menos de un mes, este museo cuenta con una impresionante selección de más de 800 herramientas antiguas de carpintería y un novedoso sistema constructivo que permite a los más pequeños acercarse al mundo de la madera y crear sus propios objetos.

Curiosidad, creatividad e ingenio. Eso es lo que busca fomentar el Museo Taller, las mismas cualidades con las que maestros de hace dos siglos crearon verdaderas obras de arte.

Serruchos, martillos, escofinas y limas, todas ellas fruto de largas horas de pensamiento para llegar a la solución de problemas concretos del oficio. Algunas sofisticadas y glamorosas, con lujosos ornamentos y decoraciones, y otras más sencillas y toscas, donde no por ser más rudimentarias son menos útiles.

Así son las herramientas tradicionales de carpintería, aquellas que llegaron escondidas en maletas de inmigrantes ingleses y alemanes, que datan entre 1870 y 1950, y que hoy el Museo Taller exhibe al público a través de una cuidada selección, organizada según las fases de un proyecto de carpintería: medir y marcar, cortar, cepillar, desbastar, perforar y ensamblar.

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El origen

La idea surgió cuando el empresario Francisco Dittborn Baeza se dio cuenta de que su impresionante colección de más de dos mil piezas no sólo ya no cabía en su casa sino que además valía la pena compartirla. Comenzó a trabajar, entonces, en un riguroso libro que contó con un estudio preciso de materiales, datación y procedencia, el cual vio la luz en 2015 bajo el título “Herramientas del pasado”.

Esa fue la primera vez que el público tuvo acceso a una parte de su tesoro –recolectado por más de 20 años– con bellas fotografías y una curatoría a cargo de la historiadora del arte Marcela Bañados. Luego, buscó un lugar donde guardarlas ─una casona de 1926 en la calle Root─ y poder reunirse allí a conversar con sus amigos en torno a la madera y la carpintería. Pero ¿por qué no aprovechar también de exhibirlas? Ahí nació la idea de Museo.

Dittborn también había desarrollado un intenso trabajo en colegios durante casi 10 años, apoyando la asignatura de tecnología para trabajar conceptos técnicos a través de un novedoso sistema constructivo en base a madera que bautizó como “Formakit”. Con él, los niños son capaces de elaborar sus propios juguetes y objetos, utilizando intuitivamente tornillos, tuercas, ruedas, poleas, etc.,  y herramientas especialmente adaptadas para su uso de forma segura.

A estos modelos también se les puede agregar motores, energía solar, programación, electrónica o lo que sea, todo para fomentar la creatividad y la innovación. Sin embargo, para Dittborn, su alcance era muy restringido y en un ámbito muy acotado. ¿Por qué no unir, entonces, ambos mundos, su colección y Formakit? Crear un museo donde no sólo se exhibieran las herramientas sino que además se enseñara cómo usarlas. Así nació la idea de Museo Taller.

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La puesta en marcha

Desde noviembre hasta enero de este año, el Museo ha estado funcionando en una marcha blanca que tiene mucho de “a toda máquina”. Ha recibido niños desde pre-básica hasta segundo medio, pasando por grupos de familias, amigos, universitarios y expertos.

En este momento están construyendo audiencias, afinando contenidos y guiones, porque mientras más personas lo visitan, más se enriquece el relato, aseguran, adaptándolo de manera personalizada para cada tipo de público.

Y es que si bien el Museo es especializado en su tema, es capaz de acoger a cualquier visitante, a los que entran espontáneamente por curiosidad, a los que agendan su visita, a los estudiantes, a los profesionales expertos, a las personas que quieran hacer un mueble o un juguete de autor después del horario de oficina, y ahora también a los profesores.

“Nos dimos cuenta que cuando los chicos vienen acá, lo pasan increíble. Y creemos que los profesores también tienen derecho a pasarlo increíble y encontrar en este lugar aquello que los motivó a ser profesores”, comenta Bañados. Por eso se propusieron como objetivo reencantarlos con su labor docente a través de una serie de talleres especialmente diseñados para ellos. “Que vean que este lugar es para ellos y sus alumnos”, agrega Dittborn.

Otro aspecto que les gustaría rescatar es la relación que se produce cuando un adulto trabaja de igual a igual con un niño. “Es algo alucinante, muy bonito de ver”, confiesa la historiadora. Fue algo que el equipo del Museo descubrió en la Semana de la Madera 2016, cuando niños con sus papás tuvieron que enfrentarse a un mismo problema desde cero, perdiendo las jerarquías y construyendo de forma transversal el mismo juguete con la madera y las herramientas.

A partir de esa experiencia decidieron incluir, los días sábado en la tarde, talleres para grandes y chicos, otra forma más de aprender y divertirse. “Lo que estamos haciendo es generar ciudadanos conscientes respecto del rol de la madera y sus posibilidades”, comentan, aprovechando la fuerte reacción emocional que detona este material en los visitantes.

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Un museo para la inclusión

Para el equipo del Museo Taller hay una gran convicción: si no está lleno de niños, el proyecto no tiene ningún sentido. Por eso, han estado trabajando intensamente buscando formas de crear redes con otras instituciones.  Para empezar, ya están insertos en circuitos estatales a través de la Dibam y pronto esperan hacerlo con el Consejo internacional de Museos de Chile (ICOM).

También firmaron un convenio con la Facultad de Arquitectura, Arte y Diseño de la Universidad Diego Portales y acaban de ganarse un fondo concursable de la Fundación Mustakis. Gracias a estas alianzas podrán desarrollar un proyecto en conjunto para construir a escala tres máquinas diseñadas por Leonardo da Vinci: dos voladoras ─probablemente un helicóptero y otra con alas─ y una terrestre, que posiblemente sea una catapulta.

La idea es que estas máquinas sean construidas in situ en el Museo Taller usando las mismas herramientas antiguas de la colección y que los niños puedan ver ese proceso constructivo. En paralelo, los estudiantes de diseño industrial de la Universidad Diego Portales harán el prototipado de esas máquinas y así, junto con ver los objetos exhibidos en el patio del Museo Taller, los niños también podrán armar sus propias réplicas en miniatura.

Otro proyecto que el Museo Taller tiene en mente es invitar a varios escultores en madera a que realicen un trabajo en pequeño formato en las dependencias del taller, usando las herramientas de la colección. “Se trata de llevar el oficio no sólo a lo utilitario, sino que también hacer el salto de cómo la madera puede ser un medio de expresión”, explica Bañados.

Con la Fundación Belén Educa se están coordinando para que todos los niños de sus colegios puedan visitar en algún momento el Museo Taller y vivir la experiencia de crear sus propios objetos y juguetes con Formakit. Lo mismo harán con otras fundaciones educativas.

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Pero no se trata simplemente de valorar el oficio, sino también de crear un espacio donde los niños se sientan libres para inventar, para ser creativos y desarrollar su ingenio, para divertirse, para jugar y descubrir. Y todo esto mediado por las herramientas y la madera.

También realizan un trabajo conjunto con el Hogar de Cristo y buscan acercamientos con el Sename y mujeres de la cárcel. Sin ir más lejos, la semana pasada cerca de 30 ancianos del Hogar de Cristo ─que se dedican a trabajar la madera desechada en las calles─, pudieron visitar el Museo Taller. Para Dittborn, esa fue realmente la inauguración del Museo. “Inauguramos con los más pobres, los más viejos, los más necesitados. No vamos a hacer una inauguración de otro tipo”, asegura, destacando cómo el Museo es capaz de acoger y disponerse al otro.

Y así, lo que en un principio iba a ser un lugar para guardar herramientas de carpintería tradicional, terminó convirtiéndose en un singular museo que aspira a ser, además, 100% inclusivo. Hoy por hoy ya está completamente habilitado para personas con movilidad reducida y casi totalmente apto para personas ciegas, con objetos que se pueden tocar libremente y muestrarios en sistema braille.

“Estamos un poquito al debe con la gente con discapacidad auditiva”, confiesa Bañados, pero asegura que el equipo ya está trabajando en una adaptación del relato en lenguaje de señas y que ellos mismos piensan capacitarse para poder comunicarse con este sistema.

Por otra parte, están iniciando un proceso de restauración de sus catálogos, algunos de los cuales serán digitalizados y puestos a disposición del público. Además, estudiantes de conservación de la Universidad de Chile realizarán una pasantía a cargo de la experta en documentación de la Dibam Lina Nigel, con el objetivo de registrar las vitrinas de la colección y establecer con mayor precisión la datación y el valor patrimonial de los objetos en exhibición.

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