10 de Marzo, 2018

Skaters de Noruega patinan en estructura de madera y aluminio que incluye patrón del código Morse

Desde hace casi un año, Oslo cuenta con un nuevo espacio techado para el skate en el que destaca un bowl elevado de madera contrachapada que tiene casi dos metros de profundidad y que fue fabricado meticulosamente gracias a la técnica de fresado CNC.

El skate ha florecido en Noruega desde que su prohibición de 11 años, instaurada por razones de seguridad, fue levantada en 1989. Sin embargo, los skaters de Oslo no tenían un lugar cubierto para patinar durante los inviernos fríos y nevados de la ciudad hasta enero de 2017, cuando abrió el Oslo Skatehall, con casi 2.300 m2.

El edificio fue diseñado por Dark Arkitekter con sede en Oslo y por Glifberg-Lykke, especialista en diseño de skatepark, asentado en Copenhague, Dinamarca.

La estructura está conformada por dos volúmenes rectangulares adyacentes, revestidos con paneles de aluminio perforados con un patrón que deriva de una traducción del código Morse de la ley de 1978, que prohibió el skate.

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La construcción cuenta con entradas acristaladas en las esquinas noreste y suroeste que ofrecen porosidad y conectan el parque de patinaje al aire libre con el interior, donde es posible encontrar más de 1.000 metros cuadrados de rampas y obstáculos de patinaje.

Dicho obstáculos fueron diseñados con la participación de la comunidad local de skate y sirven a cualquier tipo de patinador, independiente de su expertise. “Fue realmente importante que [los elementos del patín] no fueran diseñados por arquitectos que realmente no patinan”, afirma Arne Reisegg Myklestad, socio y director general de Dark Arkitekter.

Arquitectónicamente, uno de los elementos que más llaman la atención del skatehall es el bowl de madera, que se encuentra elevado al entrepiso para resguardar la conectividad y el flujo de personas en el piso principal, y para permitir a los patinadores moverse entre obstáculos sin salirse de sus tablas. Para acceder al bowl, pueden subir por una escalera metálica de caracol.

Con casi 15 metros de largo, dos de profundidad y ocho de ancho, el bowl en forma de frijol es sostenido por dos columnas de árbol cuyas ramas curvilíneas se extienden y acoplan a la base de la estructura. Cada columna comprende una serie radial de piezas de madera contrachapada de abeto y abedul fresadas por CNC, provenientes de Alemania, Austria y Polonia.

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Las piezas de madera contrachapada, que tienen 5 cm de espesor y hasta 25 cm de profundidad, emergen del piso de concreto como troncos de árboles que miden casi 3 metros de alto, y luego ramifican más de 8 metros para encapsular el bowl. Se utilizaron placas de acero circulares para anclar estas columnas al piso de concreto.

Para completar la estructura, se instalaron travesaños de madera con una pequeña separación, que además fueron cuidadosamente etiquetados con un número de identificación de posición y clavados entre las piezas.

Para la superficie lisa del bowl de patinaje, los trabajadores cortaron, en el sitio de construcción, dos capas de paneles de contrachapado de abedul 2,5 cm de grosor, los colocaron dentro del tazón y los atornillaron a la estructura. En el borde del cuenco, adhirieron un borde de granito a la madera con pegamento de poliuretano, creando una transición suave entre el cuenco y su plataforma circundante.

Aunque los otros elementos de madera dentro del lugar recibieron un acabado con barniz, el bowl y su estructura quedaron expuestos y sin terminar como un guiño al uso de objetos encontrados por los patinadores y al entorno relacionado.

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Para diseñar la estructura, Dark Arkitektur y Glifberg-Lykke también trabajaron con IOU Ramps, un constructor de rampas de skate con sede en la ciudad alemana de Fürstenzell. La colaboración fue sorprendentemente fluida y la fase de diseño duró solo seis semanas.

Los arquitectos ofrecieron ayuda con respecto al cumplimiento la normativa de construcción, pero dejaron la mayoría de los detalles técnicos, como la pendiente y la curvatura de las paredes del tazón, a los especialistas. “Como arquitecto, necesitas saber un poco sobre todo, pero no eres un experto en los detalles”, dice Merete Hoff, ex socio de Dark Arkitekter.

En total, un equipo de tres personas de IOU Ramps tardó cinco semanas para ensamblar sus aproximadamente 1.100 componentes estructurales madera, del bowl de patinaje.

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Desde la apertura del edificio en enero de 2017, este bowl se ha convertido en una parte icónica del skatehall. “Visualmente, es muy hermoso. Tiene una forma orgánica que creo que nos atrae”, señala Hoff.

Este nuevo espacio techado para el skate también se ha convertido en un lugar amigable para los niños, con su diseño abierto, árboles abstractos y un café cercano desde el cual sus padres pueden verlos mientras patinan.

El skatehall ha sido adoptado tanto por la comunidad de patinadores como por varios grupos que llevan a cabo programas para jóvenes. “La parte más divertida”, dice Myklestad, “es que los niños y las personas que lo usan están contentos con él”.


Publicación original de Tomothy A. Schuler para Architect Magazine. Imágenes: Dark Arkitekter Fotografías: Lars Gartå, DARK / Finn Ståle Felberg/Kultur- og idrettsbygg Oslo KF

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