9 de Abril, 2018

Con exóticos trajes, carpinteros alemanes sorprenden en Villarrica

Cinco jóvenes que forman parte de una “hermandad” estuvieron durante casi tres meses en los talleres de Tronconoble, un emprendimiento de muebles con sede en el sur de Chile. En su estadía cumplieron parte de la antigua tradición de viajar por el mundo para ganar experiencia y aprender de otras culturas.

Visten de negro con pantalones estilo vaquero, camisa blanca y una corbata roja. Parecen un grupo de música, pero en realidad son jóvenes carpinteros, mueblistas, herreros o practicantes de algún oficio manual tradicional y, como parte de un ritual, llegaron a Chile en busca de más experiencia para seguir desarrollando lo que mejor saben hacer: trabajar con la madera.

Daniel, Sven, Simon, Bene y John son cinco alemanes que pertenecen a Fremder Freiheitsschacht, una de las ocho cofradías que hay en el país germano donde ingresan voluntariamente personas que cuentan con un título de una escuela de oficios para ser parte de una comunidad que tiene una peculiar tradición. Los integrantes deben cumplir con el ritual de estar durante tres años fuera de su ciudad natal, al menos a 50 km a la redonda, recorriendo ciudades y países en busca de más experiencias en su oficio y nuevos conocimientos.

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Por esa razón, a principios de enero llegaron a Chile y a través de diversos contactos fueron recibidos por Andrés Gutiérrez, dueño de Tronconoble, un emprendimiento con sede en la ciudad de Villarica. Esta empresa ganó el segundo lugar en el Concurso de Innovación en la Semana de la Madera 2017 y destaca por desarrollar una amplia variedad de muebles a partir de maderas locales . Quienes han visto al equipo de extranjeros se sorprenden por los trajes que utilizan durante el trabajo, mientras quienes los observan en sus horas de descanso no quedan ajenos a su vestimenta tradicional alemana.

“Creo que claramente hay una diferencia muy grande en el hecho de que exista una escuela de oficios”, destaca Andrés respecto a la importancia de que haya un sistema de preparación en Alemania que mezcla aprendizaje y trabajo, lo que permite un desarrollo óptimo de técnicas y usos de herramientas. Gutiérrez explica que estos jóvenes sin duda han sido un aporte y de hecho les encomendó un proyecto completo: construir una casa de juegos para niños.

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Dos mueblistas, dos carpinteros y un techador vivieron con Andrés por casi tres meses y recibieron diversas tareas. Y es que ser parte de estas cofradías justamente es decidir recorrer el mundo y poder desarrollar su oficio en otras latitudes, con pocos recursos. “Viajan muy sencillamente y duermen donde sea”, señala Gutiérrez y explica que los jóvenes querían evitar el invierno alemán y pensando que Isla de Pascua era una atractiva opción llegaron a Chile, motivados por fotografías de paisajes que habían visto previamente.

“Nuestra comunidad es una de las más antiguas y es una tradición ir de viaje para trabajar y tener experiencia con otras personas, en otros países, otras culturas” explica Daniel, uno de los mueblistas que ya ha viajado durante casi cuatro años y que, luego de Chile, tiene planeado un viaje a Japón para finalmente volver a Alemania. Además explica: “somos jóvenes y ahora tenemos tiempo. Podemos aprender en cada país y es posible tener una gran experiencia en cada lugar”.

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Junto con estar fuera de su ciudad natal, la cofradía establece otras reglas como no tener hijos y no estar casados, debido a las importantes responsabilidades que esto conlleva. Lo anterior se suma a una tradicional vestimenta que cuenta de dos atuendos, uno para trabajar y otro para salir, que siempre deben usar como distintivo y que deben transportar en una bolsa de tela.

Cada uno de los cinco integrantes de esta comunidad, que actualmente tiene a unas 35 personas viajando por todo el mundo, ha recorrido diversos lugares desde hace más de dos años. Cuando llegan de vuelta a su ciudad natal se realiza una ceremonia y luego comparten con el resto del grupo todos sus conocimientos.

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Durante el viaje esta hermandad se desarrolla, se consolida. De hecho, uno de los carpinteros explica que hay una solidaridad muy grande entre los miembros, se apoyan cuando alguno necesita dinero o alojamiento mientras esté en este “viaje de trabajo”. “Cada uno de ellos ya vivió la misma situación en el pasado, cuando hizo su viaje”, señala el joven y es por eso que se puede pedir ayuda.

La cofradía Fremder Freiheitsschacht se fundó en Berna, Suiza, a principios del siglo XX y quienes deciden ser parte de ella, incluso mujeres, pero en menor porcentaje, deben usar la vestimenta de ese entonces. El objetivo es preservar los diversos oficios manuales desarrollados antes de la revolución industrial. De esta forma, en otras comunidades también es posible encontrar albañiles, talladores de piedra, panaderos o sastres.


Fotografías: © Andrés Gutiérrez

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