10 de Julio, 2018

Estudio Chileno reconvierte un Monumento Nacional en un Museo en la Patagonia

La construcción, ubicada en la región de Aysén y desarrollada por Tirado Arquitectos + Bbats Constulting Projects, hace referencia a los edificios históricos existentes en la zona y su estructura cubierta con madera de lenga con techos en ángulo  crea una secuencia de espacios internos dramáticos.

Financiado por el Gobierno Regional el año 2012, DIBAM licitó a través de la Dirección de Arquitectura del MOP el diseño del Museo Regional de Aysén, que se adjudicaron los arquitectos Tirado Arquitectos y Bbats Consulting Projects, donde los colonos establecieron una comunidad de cría de ovejas a principios del siglo XX.

Dicha comunidad, posteriormente, se convirtió en la ciudad de Coyhaique, que ahora es la capital de la Región de Aysén y la puerta de entrada a algunas de las zonas más remotas de la Patagonia.

El rol histórico de este lugar y de sus edificios originales significó que un foco importante del proyecto fuera la preservación y reutilización de estas simples estructuras de madera y piedra.

El estudio dirigido por el arquitecto Cristóbal Tirado también buscó asegurar que las nuevas intervenciones estuvieran en concordancia con la jerarquía existente de las estructuras construidas en el espacio, que cuenta con una superficie de 2,6 hectáreas, así como su relación con el entorno natural.

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La primera etapa del proyecto se centró en devolver el sitio a su estado original mediante la eliminación de ampliaciones posteriores incongruentes y el restablecimiento del plan histórico del espacio, con edificios dispuestos a ambos lados de un viejo camino.

“La intervención busca primero restaurar y consolidar la estructura de los edificios, eliminando todo tipo de errores históricos que dañan la condición original de los mismos, tratando al mismo tiempo de preservar el valor de la evolución de las construcciones”, explican los arquitectos.

El nuevo edificio fue diseñado para albergar el espacio de exposición más grande del museo y está destinado a ubicarse discretamente dentro de su contexto patrimonial.

La estructura alargada ocupa el sitio  donde se ubicaba una secuencia de casas agrícolas con techos a dos aguas, que dieron forma al nuevo edificio , así como a las proporciones de la cocina de los trabajadores que fue conservada.

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El edificio está construido como un único volumen monolítico con un techo con diferentes secciones inclinadas que están directamente documentadas por los ángulos de las otras estructuras patrimoniales del sitio.

“La fachada se forma como la sucesión de casas de campo y sus techos. El volumen retrocede en áreas donde existen árboles o hay patios y se abre en los extremos para mejorar su relación con la cocina de los trabajadores y el paisaje”, agrega el estudio.

El volumen revestido de madera descansa sobre un zócalo de hormigón continuo y está envuelto en bastones de lenga, que es nativa de la Cordillera de los Andes, en el sur, y que gradualmente envejecerá para ayudar a que el edificio se mezcle con la naturaleza circundante.

La misma madera fue utilizada para el suelo en todo el interior del edificio, que se organiza como una secuencia lineal de habitaciones interconectadas con paredes y techos blancos uniformes.

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Las diferentes habitaciones tienen una calidad única gracias a las formas de techo dramáticamente diferentes. El tono variable de los techos determina el carácter de los diferentes espacios de exposición, que están unidos por un área de recepción y un auditorio.

Las superficies de vidrio, utilizadas para separar las habitaciones, cuentan con marcos metálicos con elementos verticales escalonados. Así, proporcionan una conexión visual con los patios, a la vez que permiten que la luz del día inunde los espacios de exposición.

Como parte del proyecto, el equipo desarrolló una propuesta para el paisajismo en torno a las estructuras nuevas y existentes que busca restaurar y consolidar las propiedades históricas del lugar.

De esta manera, se conservarán y mantendrán arboledas y especies frutales, mientras se han sembrado diferentes tipos de pasto para separar el parque de la carretera vieja. También se plantarán árboles para mejorar la separación del museo y el parque de la ciudad cercana.


Publicado originalmente por Alyn Griffiths en Dezeen.com
Imágenes: Cristóbal Palma

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