Cristián Izquierdo: “Hay un momento cultural que ha llevado a la necesidad de construir con madera”

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El destacado arquitecto y académico de la Universidad Católica, socio de la oficina Izquierdo Lehmann, entrega su visión respecto al uso de esta materia prima en la industria, haciendo hincapié en la importancia del sistema productivo. Todo, con el objetivo de generar proyectos que, independiente de la madera que se utilice para ellos, respondan a las necesidades de su época y permitan un trabajo común de distintas formas de conocimiento.

Si se diera el caso de presentar a Cristián Izquierdo en cualquier evento que requiriera repasar su currículum, no sería nada fácil hacer un resumen que logre aunar todo con justicia. Y la razón es sencilla, pues estamos hablando de uno de los mejores arquitectos de su generación, titulado con distinción máxima en la Universidad Católica y premiado por ser el mejor Proyecto de Título de su promoción, en el año 2009. 

Lo anterior, sin mencionar su Master en Diseño Arquitectónico Avanzado en la Universidad de Columbia —recibiendo el Honor Award for Excellence in Design y Lucille Smyser Lowenfish Memorial Prize, en 2014—, además del primer lugar en el concurso para la Casa del Peregrino del Templo Votivo de Maipú y sus proyectos expuestos en Chile y el extranjero. Entre ellos, el MoMA de Nueva York y la exposición “Extraordinary”, del CFA en la misma ciudad. 

Dentro de sus obras destacadas, predomina un trabajo en madera único y significativo. Imposible no mencionar la casa en Morrillos, concebida íntegramente en madera de pino sin nudos, la cual fue finalista del Architectural Review House Awards y galardonada como “House of the Year”, por la revista Hise. 

Así, trabajando de manera independiente desde el año 2010 y siendo actualmente el tercer socio de Izquierdo Lehmann Arquitectos, además de académico de la Universidad Católica, el profesional indica los criterios a la hora de optar por una madera u otra, así como de llevar a cabo los proyectos y, fundamentalmente, por qué es tan importante el acento en la estructura de trabajo relativa a esta materia prima.

El trabajo en madera de Izquierdo es único y significativo / C.I.

–Desde su visión de arquitecto, y tomando en cuenta la carrera que viene desarrollando, ¿por qué Ud. recomendaría la madera como materialidad?

–A mí no me interesa tanto la madera como materialidad, sino como sistema constructivo. Desde un punto de vista arquitectónico, me interesa la posibilidad de que la resolución de las juntas entre elementos sea el momento expresivo del edificio. A mi juicio, casi más importante que el material es la expresión de la junta. El procedimiento de juntar cosas que van calzando o descalzando unas con otras permite darle una capacidad significativa al edificio que refiere a la elocuencia de cómo ha sido construido.

Este énfasis en el procedimiento de juntar cosas, antes que en lo que ha sido juntado, que son los elementos de madera, tiene varias dimensiones. En primer lugar, implica un sistema constructivo por capas, donde lo que se junta no son sólo elementos de madera, sino que una serie de otros, como membranas, aislaciones termoacústicas, revestimientos. Y esa misma construcción por capas, si bien es material en primera instancia, es también una de conocimientos de muchas personas, que se agregan por capas en una solución. En ese sentido, el trabajo en equipo, junto con especialistas de ingeniería estructural, de eficiencia energética y de acústica, permite un trabajo en común de distintos saberes que alimentan un proceso común. Ese proceso es parte sustancial del sistema constructivo por partes, con madera. 

¿Tiene alguna madera en especial con la que prefiere llevar a cabo los proyectos?

–Como decía, el énfasis primordial no está puesto en la materia misma, sino en cómo organizamos distintas materias. En cuál es el procedimiento elocuente que liga distintos materiales. Por supuesto que, producto de la necesidad de tener que batírselas con una industria de la construcción situada en un particular contexto histórico, donde hay unas determinadas posibilidades, creo que, en lo que nos ha tocado a nosotros, veo grandes ventajas en la madera laminada encolada. En realidad, no hago la distinción entre maderas nobles o innobles, nativas o no nativas, sino más bien en el uso de materiales que son susceptibles de entrar en un proceso industrial, que permita una construcción razonable en costos y con los requerimientos de calidad y termoacústicos adecuados al contexto. En esa lógica, más que una madera en particular, porque en realidad me gustan todas, diría que el proceso tiene que ver mucho con la madera laminada, con el terciado, con la celulosa proyectada, con las membranas y las barreras de vapor. Lo que sí es muy importante, más aún en términos de la huella de carbono, es que ojalá la madera sea certificada. 

“Tengo un especial cariño a la Casa en Morrillos, porque fue la primera que hicimos con un sistema constructivo en madera”, dice Izquierdo / Tomás Rodríguez

–Siguiendo ese punto, ¿de dónde obtienen la madera?

–Hemos trabajado con distintos proveedores, en realidad. La madera que más hemos usado, además del pino, es la lenga. También hemos usado otras como alerce para  revestimientos, eucaliptus en pisos y pino termotratado en revestimientos. Ocupamos las que sean más atingentes a lo que queremos lograr en términos de durabilidad, dureza y prestación, pero, sobre todo, trato de trabajar con maderas nacionales certificadas, con baja huella de carbono y una producción que pueda dar cuenta de todo su proceso. 

–De las obras en madera que ha hecho, ¿cuáles destacaría y por qué?

–Siempre uno está más interesado en la que está trabajando ahora, pero le tengo un especial cariño a la Casa en Morrillos, porque fue la primera que hicimos con un sistema constructivo en madera. Fue un proyecto lleno de hallazgos que no tenía un plan tan estructurado de llegar a ese resultado, sino que fue un proceso, junto con los clientes, que se fue dando de a poco y que estuvo lleno de sorpresas respecto a las potencialidades de la construcción en madera. 

La otra obra que me interesa mucho es una que estamos trabajando ahora. Un conjunto de viviendas y oficinas en la calle Burgos. Me interesa, sobre todo, porque estamos haciendo que el proyecto sea carbono neutral, “net zero”, tanto en su ciclo de vida como en su operación. Esto ha significado un tremendo estudio respecto de todo el ciclo de vida del edificio y los procedimientos que intervienen en él. Ha sido, por así decirlo, como hacer un master en construcción. Este proyecto sigue la huella de otros residenciales anteriores, como los conjuntos Alcántara, San Crescente, o para Tánica, y trata de agregarle otra capa de complejidad en el manejo de todas las variables no visuales que inciden tremendamente en las condiciones de confort. Creo que proyectar es un camino, un encargo lleva al siguiente, no solamente porque alguien te buscó por algo que vio y que quería algo similar en términos de presupuesto, tamaño o forma de vida, sino que también por las ideas que un encargo trae y que arroja el proyecto. En definitiva, lo que uno descubre nunca se acaba en ese mismo proyecto, sino que forma el trabajo de aquellos que vendrán después. 

“La madera que más hemos usado, además del pino, es la lenga”, afirma el arquitecto / Roland Halbe

–¿Tiene algún referente que ayude a la inspiración a la hora de proyectar los trabajos?

–Tengo varios referentes, pero creo que en Chile fue muy importante el aporte que hizo Pepe Cruz en los años noventa y a principios de los 2000, con trabajos muy acabados y que expandieron el límite de lo que se podía hacer con la construcción en madera. Su oficina ha realizado distintos tipos de encargo y formas que, creo, para cualquiera que trabaje hoy en día de esta manera, ciertamente lo puede hacer dado que personas como él abrieron ese camino. 

–La tecnología ha facilitado el manejo y el proceso constructivo al trabajar con madera. ¿Qué tanto han influido estos avances en la arquitectura a la hora de abordar el material?

–Quiero volver a poner el énfasis en el proceso de proyecto. Por ejemplo, el proceso BIM implica que nosotros vamos tomando las decisiones antes que en la obra, lo que nos ha permitido visualizar de una manera muy acabada todos los componentes que inciden en la construcción, como juntas, uniones, puentes térmicos y otros elementos que comparecen desde el anteproyecto. Es un trabajo fundamental. De hecho, nosotros no tenemos Autocad en nuestros computadores. Trabajamos en BIM desde el anteproyecto, desde los primeros modelos y eso, desde el punto de vista del modelado, ayuda mucho para coordinar. Esto, porque el proceso BIM también permite que todos los factores involucrados puedan informar lo que es relevante, desde sus respectivos saberes, en una etapa muy temprana. 

Trabajamos codo a codo con los fabricantes desde el principio, viendo que las soluciones constructivas que estamos planteando sean factibles de ejecutar. Cuando hablamos de prefabricación, lo que esto implica es que el proyecto de arquitectura, y todo el resto de los proyectos, se desarrollan de un modo mucho más acabado, para poder ejecutarse de una manera lo más diáfana posible. De esta forma, se evitan improvisaciones que redundan en sobrecostos. La prefabricación, simplemente, es el estado intermedio natural de ese proceso donde ciertas partidas de la construcción se sacan de la obra, para decidirse previamente, en un proceso de proyecto, fabricarse luego en una máquina y llegar a la obra para tratar de construirse lo más limpio posible. La prefabricación implica fortalecer el proceso de proyecto, y eso abre un enorme campo de posibilidades de acción para los arquitectos.

Casa en Morrillos fue finalista del Architectural Review House Awards y galardonada como “House of the Year”, por Hise/ Tomás Rodríguez

–¿Cómo Ud. ve la disposición de sus colegas arquitectos hacia el material?

–Yo creo que hay un boom de esta manera de construir, con tecnologías que permiten cortar digitalmente todos los elementos de madera para ensamblarlos en obra. Uno ve que hay muchos colegas trabajando en esa línea y no tiene que ver porque a los arquitectos nos haya interesado, de un día para otro, hacerlo de esta manera, sino que hay toda una cultura arquitectónica que está dada, primero, por las variables socioculturales apremiantes respecto a reducir la huella de carbono en la construcción y, luego, por la disponibilidad de material en Chile en particular. 

También está la disponibilidad de ciertas tecnologías que nos permiten hacer esto y la apertura de ciertos clientes de construir de esta manera. A eso, hay que sumarle todo el gremio de proyectistas de especialidades o técnicos. Entonces, más que situar solamente el discurso en que, de pronto, los arquitectos estuvimos interesados en el material, creo que es una cultura. Hay un momento cultural que ha llevado a la necesidad de construir con madera. Lo que nosotros podemos aportar como arquitectos es hacer este proceso elocuente, para que todas estas variables macros y socioculturales, que están dando vueltas en el ambiente, puedan tener una expresión significativa en el entorno construido.

–Dadas las amenazas ambientales que sufre el planeta, ¿se podría decir que la madera es el material del futuro para atenuar su empeoramiento?

–Sí, pero yo quisiera enfatizar de que no se trata del material, sino de la organización del sistema productivo. Yo creo que es la organización de ese sistema hacia dónde debemos ir. Eso permite hacer proyectos que no sólo respondan a las necesidades de su época, sino que también se hagan cargo de ellas y encuentren otras en donde tal vez no las había. Eso nos permite avanzar culturalmente y también hace de ese sistema un asunto elocuente. Ahí los arquitectos tenemos la posibilidad, nuevamente, de que los procedimientos constructivos queden significativamente visibles en los edificios y, para eso, se requiere un trabajo de todos los proyectistas en conjunto. El propósito es que esta noción de proyecto, que no es otra cosa que una serie de intenciones y deliberaciones plasmadas en un set de instrucciones para construir, queden manifiestas de manera que los edificios tengan un grado de elocuencia mayor.


Escrito por Felipe De la Cerda E.
Fotografía principal cortesía Tomás Rodríguez

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