En el sector del Tepual, camino al aeropuerto de Puerto Montt, se levanta la tercera etapa de un centro de bodegaje, esta vez en madera. Ubicada en el parque empresarial Husamontt, se trata de una nave de 1.600 m2 de planta libre, destinada al arriendo para almacenamiento de productos secos, desarrollada por González y Schumacher Arquitectos, FHS Ingeniería y Lamitec.
La obra fue desarrollada para Inmobiliaria Hurtado, empresa de la Región de Los Lagos que actúa como mandante del proyecto y el encargo consistió en cerrar el paño del conjunto de bodegas existente y aportar una etapa que dialogara con lo ya construido, manteniendo criterios de color y revestimientos, pero incorporando una estructura distinta y una lógica espacial flexible.

La obra fue asumida por González y Schumacher Arquitectos, oficina con trayectoria en proyectos industriales en madera, en coordinación con FHS Ingeniería, a cargo del ingeniero Ernesto Hernández, y con Lamitec, empresa responsable de la fabricación, traslado y montaje de la estructura de madera laminada.
La relación de trabajo entre la oficina de arquitectura, la ingeniería y Lamitec es de larga data. “Con Ernesto Hernández trabajamos hace muchos años, y Lamitec nos provee y fabrica las maderas; en este caso también se encargaron del flete y el montaje”, explica el arquitecto Fernando González, con quien conversó Madera21 de CORMA. Esta coordinación permitió desarrollar en paralelo las fundaciones en obra y la fabricación de los elementos estructurales en planta, optimizando plazos y asegurando coherencia entre diseño, cálculo y montaje.

Del encargo a la decisión por la madera
La decisión de construir en madera fue propuesta por la oficina a partir de experiencias previas en bodegaje con madera laminada, incluyendo un proyecto cercano a los 12.000 m2 desarrollado en 2018. Con esos antecedentes, el equipo presentó al cliente una comparación técnica y económica frente a soluciones en acero. “La primera percepción fue: ‘es muy bonito, pero muy caro’”, recuerda Fernando. Sin embargo, el análisis incorporó variables propias de una ciudad costera: protección anticorrosiva del acero, exigencias de resistencia al fuego y costos de galvanizado, primers y pintura intumescente, además de mantenciones futuras. “Si yo sumo el galvanizado, el primer y la pintura intumescente, el costo de eso hace que la madera ya entre en competencia en cuanto a precio respecto al acero”, señala.

A ello se suma el impacto en las fundaciones. Al tratarse de un sistema más liviano, la estructura de madera permitió optimizar hormigones y armaduras, lo que también incide en el presupuesto total. En términos de desempeño frente al fuego y la corrosión, la solución adoptada responde al uso previsto —bodegas para productos secos— y a una condición interior que favorece la durabilidad del material. “Si hicimos todo el esfuerzo para protegerla y dejarla en una condición interior, lo que se almacene debe contribuir a mantener ese ambiente”, puntualiza el arquitecto.
Con estos argumentos, la propuesta en madera fue validada por la inmobiliaria y se convirtió en la base del desarrollo estructural y arquitectónico de esta tercera etapa.

Una bodega pensada para cambiar con el uso
El diseño de la nave responde a la lógica de un centro de bodegaje flexible, donde no se conoce de antemano el tamaño ni el tipo de arrendatario. Por eso, uno de los focos del proyecto fue permitir que los espacios puedan dividirse o unificarse sin afectar el funcionamiento estructural.
“La flexibilidad del espacio es el principal aporte que le otorgamos a esta etapa del proyecto”, afirma Felipe. Esto se logra mediante un sistema de marcos rígidos en madera con arriostramientos intercalados, que permite reorganizar la tabiquería interior según si un usuario requiere la bodega completa, la mitad o solo algunos módulos.
Desde el punto de vista de la implantación, el proyecto busca dialogar con las etapas anteriores del conjunto, manteniendo criterios de color y revestimientos, pero incorporando una estructura distinta y una lógica más eficiente para el programa de arriendo.

En términos de plazos, la obra se organizó con una secuencia coordinada. Mientras se ejecutaban las fundaciones —en torno a 40 a 45 días— Lamitec avanzaba con la fabricación de pilares, vigas y costaneras en su planta. El montaje completo de la estructura tomó 55 días, desde el primer pilar hasta la última costanera. En total, considerando fundaciones, estructura y terminaciones, el proceso alcanza aproximadamente 150 días de construcción, es decir, cinco meses para una nave de 1.600 m2.
Por qué trabajar en madera: formación, territorio y tecnología
La elección de la madera es una forma de entender la arquitectura en el sur de Chile para González y Schumacher. “Tenemos la madera en el ADN”, dice Fernando. Ambos socios, él y Carolina Schumacher, se formaron en la Universidad Autónoma de Chile, sede Temuco, en un contexto académico donde el uso de la madera era parte central del aprendizaje.
A esa formación se suma la experiencia territorial. “El patrimonio del sur es todo de madera, es un material que tenemos por herencia y que tenemos que saber ocupar, incorporando tecnología para que pueda perdurar en el tiempo”, explica. La oficina trabaja tanto con sistemas industrializados, como la madera laminada y, más recientemente, CLT, como con sistemas tradicionales y reutilización de piezas, según las condiciones de cada proyecto.

Este enfoque se refuerza con la colaboración permanente con la ingeniería y con empresas como Lamitec, que incorporan nuevas tecnologías de fabricación y sistemas de unión, permitiendo que la madera responda a exigencias industriales y normativas actuales.
Para Fernando, cada obra en madera tiene un impacto más allá de su propio encargo. “Son edificios que van creando y van construyendo el prestigio del material”, afirma. En zonas con alta exposición a humedad y lluvia, el diseño y la protección del material son determinantes para su desempeño en el tiempo.
“La madera hay que usarla con responsabilidad y cuidado, porque si no, el material se desprestigia, y el problema no es la madera, es cómo se usó”, señala. Por eso, en proyectos como el de Husamontt, la definición de usos interiores, la protección estructural y la coordinación con la ingeniería forman parte de una estrategia que busca asegurar durabilidad y buen comportamiento en operación.