Colegio Humboldt: Cómo construir espacios que enseñen antes que comience la clase

El 2 de marzo de 2026, en la costa de Matanzas, el Colegio Humboldt abrió por primera vez las puertas de su campus definitivo. Se trata de un conjunto educativo levantado íntegramente en madera industrializada, que da continuidad a una idea que comenzó a tomar forma hace cuatro años. Así, misión educativa y sistema constructivo se articularon para construir un espacio coherente con los principios que el colegio promueve, donde la sustentabilidad, la innovación y el vínculo con la naturaleza se expresan tanto en el aprendizaje como en la forma de habitarlo.

El proyecto —diseñado por el arquitecto Gonzalo Mardones— se emplaza en un terreno de casi siete hectáreas, en diálogo directo con el paisaje de la Reserva El Maitén. Desde su origen, el desafío fue construir sin imponerse y que dio paso a un colegio que se adapta a la topografía, que incorpora el entorno boscoso, el mar y el viento costero como parte activa del aprendizaje.

Más que una obra terminada, la apertura del campus marca una etapa dentro de un proceso mayor. El colegio ya funcionaba desde 2022, pero ahora lo hace en un espacio que articula su propuesta pedagógica con la arquitectura. El concepto de “paisaje educacional” se traduce en espacios que amplían el aula hacia el exterior y en recorridos que invitan a explorar.

La baja intervención del terreno, la disposición de los volúmenes y la elección de materiales responden a una mirada que busca coherencia entre lo que se enseña y el entorno en que ocurre ese aprendizaje. En ese sentido, la construcción en madera es, además de una solución técnica, parte de un enfoque sustantivo en la educación.

La estructura del campus responde a una lógica biocentrista en la que no se trata solo de ocupar un lugar, sino de integrarse a él. Esta decisión se refleja en la baja intervención del terreno, en el uso de materiales y en la manera en que el proyecto se vincula con el parque.

Según sus impulsores, el objetivo ha sido construir un entorno coherente con los valores que se promueven en el aula, que son: respeto por el entorno, aprendizaje activo y desarrollo integral.

Un campus que invita a ser recorrido

La infraestructura base ya en funcionamiento considera 1.600 m2 construidos, con capacidad desde Playgroup hasta IV medio. El conjunto incluye 14 salas de clases, biblioteca, tres talleres multipropósito, área administrativa y espacios deportivos básicos. A esto se suma el uso extendido del parque como aula abierta, bajo el concepto de outdoor learning.

“Es un colegio que tiene una cosa muy bonita: es un parque en Navidad que tiene una especie de montura, una acrópolis. Entonces, la idea fue justamente no tocar esa acrópolis, usarla para no intervenir los árboles y organizar el proyecto en torno a una plaza que no es la típica cuadrada o rectangular, sino más bien triangular, como en algunas plazas italianas, lo que la hace más atractiva. Todo se articula a través de un recorrido que va subiendo por el cerro, con vistas abiertas hacia el paisaje”, contó el arquitecto Gonzalo Mardones, durante su charla magistral en el seminario Wood Is Good en la Semana de la Madera 2025.

El diseño organiza el colegio en volúmenes que configuran patios protegidos del viento, permitiendo actividades exteriores incluso en condiciones climáticas exigentes. La disposición también favorece la entrada de luz natural y las vistas hacia el mar y el bosque, integrando el paisaje al proceso educativo.

Aún quedan etapas por completar. Entre ellas, el comedor —también proyectado en madera— que se habilitará próximamente como parte de la consolidación del campus.

Madera como protagonista

La obra se desarrolló mediante soluciones industrializadas en madera, con participación de Arauco a través de su línea Hilam, y de E2E, encargada de la coordinación del sistema constructivo.

El uso de madera laminada estructural y paneles CLT permitió levantar el colegio mediante un sistema prefabricado de alta precisión. Cada pieza fue mecanizada con control numérico y ensamblada en obra en seco, reduciendo tiempos, residuos y alteración del entorno.

Este enfoque no solo optimiza el proceso constructivo. También define el carácter del edificio a través de espacios amplios, con menos apoyos intermedios, que facilitan configuraciones flexibles para el aprendizaje.

La elección de madera masiva responde a criterios técnicos y ambientales. En términos de desempeño, el material ofrece aislamiento térmico, estabilidad frente a condiciones costeras y un comportamiento predecible ante el fuego, gracias a su capacidad de carbonización superficial.

A nivel energético, el edificio reduce su demanda de climatización, lo que incide directamente en su operación. A esto se suma su aporte en captura de carbono, al utilizar materia prima proveniente de bosques gestionados de forma sostenible.

Pero hay otra dimensión. La madera incide en la calidad del ambiente interior: regula la humedad, mejora la acústica y establece una relación más directa con lo natural. En un contexto educativo, estas condiciones influyen en la concentración y en la experiencia cotidiana de estudiantes y docentes, permitiendo que los espacios que enseñen, incluso antes de que comience la clase.

Imágenes gentileza Arauco

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