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La madera un material biológico, “higroscópico” (que intercambia humedad con el medio ambiente, contrayéndose y dilatándose) y “anisotrópico” (es decir sus fibras tienen una orientación que hace que, tras ser cosechado, se comporte de diferente manera según la forma en que esté ubicado). Estas condiciones, entre otros aspectos, exigen tener un especial cuidado de este material tanto ante la amenaza de agentes bióticos (como hongos y temitas), como también ante los efectos de los rayos UV y la humedad, en especial si se trata de elementos expuestos a la intemperie.

Es por eso que existen diferentes métodos que, de forma combinada, le ayudan a evitar sufrir daños a lo largo de su vida útil, como la protección química, superficial y por diseño, teniendo sobre esta última un mayor control durante la construcción de nuestros proyectos. Algunos de los principales criterios para la protección por diseño de la madera a la intemperie, en especial ante los posibles daños debidos a la humedad y el impacto de los rayos UV, para darle estabilidad dimensional por más tiempo que el que tendría de modo natural, son:

(1) Separar la madera del suelo al menos treinta centímetros, o, por ejemplo, dos gradas tanto en el caso de la estructura portante como los revestimiento, para proteger la estructura del acceso de la termita subterránea y evitar el daño por traspaso de humedad al estar en contacto con el terreno o plantas; (2) utilizar envolventes ventiladas, mediante el uso de “distanciadores” entre el revestimiento exterior y la estructura de un edificio -aproximadamente 19mm en el caso de edificaciones de uno a dos pisos en Chile- no sólo es útiles para generar sombra y circulación de aire útil para evitar el sobrecalentamiento en verano, sino que también para que madera respire, evitando así lugares con humedad estanca y posibles daños futuros como pudrición u hongos; (3) inclinar todas las maderas que queden al exterior, no dejando superficies horizontales, pues se acumulará agua en su superficie, generando deformaciones y entrando a través de sus posteriores grietas, lo que generará pudrición y una muy baja durabilidad en el tiempo; (4) usar cortagoteras y elementos que -relacionado con el punto anterior- ayuden al escurrimiento del agua, siempre con alguna inclinación y con terminación al exterior del revestimiento.

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