Espacio de encuentro flotante

Código de equipo: DIS797

Universidad: Universidad del Desarrollo

Sede:  Santiago

País:  Chile

Ciudad: Santiago

Equipo:

Josefa Moreno

Antonia Clericus

Blanca Ramírez

Javiera Meza

Profesores guía:

Christian Powditch

Denisse Lizama

DOCUMENTOS ADJUNTOS

© Derechos reservados por sus autores intelectuales.

Video explicativo

Descripción general

El proyecto consiste en un habitáculo insular flotante ubicado en Bahía Cumberland, Archipiélago Juan Fernández, concebido como una extensión del espacio público hacia el mar. La propuesta funciona como punto de pausa, encuentro, sombra y contemplación, permitiendo observar la isla desde el océano y reforzar su condición insular. Al mismo tiempo, se vincula con la pesca artesanal de la langosta local, incorporando un sistema de acopio temporal asociado a esta actividad productiva. Su estructura se desarrolla en madera industrializada mediante piezas repetidas, livianas y articuladas, inspiradas en la lógica segmentada de la langosta y su exoesqueleto. El habitáculo actúa como una “isla dentro de la isla”: un refugio marítimo que reúne paisaje, comunidad, trabajo y descanso mediante una intervención desmontable, cálida y de bajo impacto.

Estudio del material madera.

El proyecto utiliza madera industrializada como material principal por su capacidad estructural, disponibilidad y eficiencia constructiva. A diferencia de la madera nativa, su elección permite reducir el impacto sobre especies locales y trabajar con piezas estandarizadas, de fácil transporte, corte y reposición. La estructura se compone principalmente de listones dimensionados, pensados como piezas repetidas que forman costillas, superficies de apoyo, sombreaderos y uniones articuladas. Esta repetición permite optimizar el material, disminuir pérdidas y facilitar el montaje del habitáculo flotante. Además, la madera aporta una condición cálida y liviana, coherente con la idea de refugio, ya que construye un espacio protegido sin imponerse sobre el paisaje marino. Su uso permite que el proyecto sea desmontable, reparable y adaptable a las condiciones de Bahía Cumberland, reforzando una propuesta sostenible, técnica y territorialmente pertinente.

Propuesta conceptual, solución técnica y creación de valor a través del material.

La propuesta conceptual nace de entender el habitáculo como una extensión flotante de Bahía Cumberland: una pequeña plaza sobre el mar donde se cruzan la pesca de langosta, el descanso y la contemplación del paisaje insular. Técnicamente, la madera permite construir esta idea mediante un sistema modular de piezas repetidas, livianas y articuladas, capaces de formar plataformas, sombreaderos, costillas estructurales y puntos de permanencia. Su valor no está solo en resolver la estructura, sino en aportar calidez, escala humana y una relación respetuosa con el entorno marítimo. Al ser industrializada, la madera facilita la prefabricación, el transporte, el montaje y la reposición de piezas, reduciendo desperdicios y evitando el uso de especies nativas. Así, el material crea valor al unir eficiencia constructiva, identidad territorial y una experiencia de refugio vinculada a la vida productiva y social de la isla.

Solución formal y de producción

La solución formal del proyecto surge de la repetición y articulación de piezas de madera, generando un habitáculo flotante compuesto por módulos que funcionan como plataforma, sombreadero, asiento y refugio. Su forma se relaciona con la langosta de Juan Fernández, especialmente con la lógica de sus patas articuladas y su exoesqueleto segmentado, traducida en costillas de madera que se abren, protegen y ordenan el espacio. A nivel productivo, el sistema se basa en listones industrializados de medidas estándar, lo que facilita el corte, transporte, prefabricación y montaje por partes. Esta estrategia permite reducir pérdidas de material, simplificar la construcción y posibilitar la reposición de piezas dañadas. Así, la forma no es solo expresiva, sino también eficiente, repetible y coherente con una estructura liviana, desmontable y adaptable al contexto marítimo.

Cualidad funcional

La cualidad funcional del proyecto se basa en reunir distintas actividades propias de Bahía Cumberland en un mismo habitáculo flotante: pausa, encuentro, sombra, contemplación y acopio temporal de langostas. La plataforma permite que pescadores artesanales utilicen el módulo como punto intermedio dentro de su jornada productiva, mientras visitantes y habitantes lo usan como espacio de descanso y observación del paisaje insular. El sombreadero de madera genera protección climática frente al sol, el viento y la exposición del mar, sin cerrar la relación visual con el entorno. Su condición flotante amplía el espacio público de la bahía hacia el océano, creando una “isla dentro de la isla” que funciona como refugio compartido. Así, el proyecto responde funcionalmente al territorio, al usuario y a la identidad productiva de Juan Fernández.

Impacto y potencialidad de la innovación

El impacto del proyecto está en proponer una nueva forma de espacio público para un territorio insular: una plataforma flotante que extiende Bahía Cumberland hacia el mar y combina refugio, encuentro y actividad productiva. Su innovación no depende de una gran infraestructura, sino de transformar un sistema liviano de madera en un habitáculo capaz de responder al clima, al paisaje y a la pesca de langosta, principal identidad económica local. La propuesta integra descanso, sombra y acopio temporal en una misma estructura desmontable, reparable y adaptable. Además, su lógica modular permite proyectar futuras réplicas o variaciones en otros bordes costeros o áreas naturales protegidas. Así, el proyecto aporta una solución pertinente, sostenible y escalable, donde la madera actúa como medio técnico, ambiental y cultural.

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