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Pedro Salas: “La gracia de construir en madera es que todas las casas que diseño son distintas, nunca repito una”

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El arquitecto asentado en Tunquén desde hace más de 30 años conversó con Madera21 sobre las más de 100 casas que ha construido en madera y cómo este material lo inspira a no tener otro fin más que ver terminada una casa al borde del mar. Sobre su notorio estilo curvo, el ensayo y error y cómo ser consecuente con el volumen y los clientes, en la siguiente conversación.

–¿Por qué consideras que construir casas en madera tiene algo que ver con el trabajo de un luthier y sus instrumentos?

–Porque además de arquitecto, soy pianista. Mis primeros aprendizajes fueron a los tres años de edad y mi primer recital, con público, a los siete. Esto fue fomentado por mi mamá, que tocaba piano al igual que mi abuela. Hubo un fuerte ambiente musical en mi familia que me hizo valorar la madera primero desde los instrumentos y sus sonidos. Cuando llegó la arquitectura a mi vida ya tenía ciertas nociones de cómo tratarla. Claro, estoy comparando hacer una casa con algo un poco más refinado, pero de todas formas este material tiene una manera de usarse que lo hace único.

Pedro Salas

Tras la comparación, Pedro Salas se toma entre cuatro a cinco segundos de silencio. Algo malo de hablar por teléfono, a veces también bueno, es el ejercicio de imaginar el rostro o la pose del interlocutor en cada palabra y frase. Con su respuesta dibujo unos rasgos nostálgicos en su rostro de más de 60 años y una postura quizás con la misma añoranza con que insiste en que conozca cada una de sus casas construidas.

“Acá en la playa”, dice como quien anima a un hijo a escoger su equipo de fútbol. Tal como reza su correo electrónico, Pedro es de Tunquén de hace más de 30 años. Es en la Región de Valparaíso donde ha desarrollado gran parte de su carrera de arquitecto y en esta conversación se toma la libertad de decir que todas, todas sus casas están completamente construidas en madera y al borde del mar. “Al frente del mar”, vuelve a motivar.

En su sitio web es posible ver algunas de sus obras, las que se clasifican con los apellidos de sus dueños. “Arriagada” llama la atención por su techo curvo, una tendencia en su estilo arquitectónico, que en su parte más abierta da inicio a un segundo piso que pareciera que flotara. “Belmar” y “Bravo” siguen esa tendencia, mientras que al hacer clic en “SalasFdez” nos enteramos que su planta asemeja a un instrumento. Sí, a un piano.

De frases cortas y suspiros constantes, Salas dice que siempre tiene propuestas que ofrecer pero en el diseño “la participación del cliente es fundamental. En las tres últimas que hice participaron bastante, modificando, escogiendo revestimiento, materialidad. Se produce una linda cosa humana”. Es ahí donde también incluye a su mano derecha, un maestro carpintero con el que trabaja hace más de diez años para volver realidad un sueño que en promedio, saca la cuenta para decirlo, le demora unos ocho meses.

Con estudios en la Universidad Católica, misma institución en que realizó clases, también fue parte del equipo de Urbanismo en el Ministerio de Vivienda. Además comenta un viaje a Francia, donde intentó emular los pasos de su referente y amigo, arquitecto y pintor, Borja Huidobro.

Una situación personal que prefiere no ahondar lo llevó, luego de Europa, establecer su vida y trabajo en Tunquén. Lugar al que era asiduo visitante y del que nunca esperó que terminara siendo su plataforma de trabajo.

“Todo partió haciendo mi propia casa, utilizando todo lo que aprendí en la universidad y lo que sabía de madera. Al poco tiempo de construida se me acercaron unos vecinos preguntando si podía hacerles una igual de tanto que les gustó. Así empezó todo y ahora voy por la ciento y tanto”.Pedro Salas

–¿No llevas la cuenta exacta?

La perdí (ríe). Es que también hice casas en otros lados como Isla Negra, también más al norte. No todo fue aquí. Pero en Tunquén son alrededor de cien. He hecho sólo dos en Santiago y antes de esas, un par de edificios. La gracia de construir en madera es que todas las casas que diseño son distintas, nunca repito una.

–¿En qué se diferencian?

En los últimos diez años he hecho muchas con curvas. Por supuesto que cada una cuenta con un estilo determinado y eso fue por la competencia de otros arquitectos como yo o incluso maestros carpinteros que se lanzaron a construir.

–¿Qué características destacas de trabajar con la madera para construir viviendas?

Te parecerá extraño, pero lo que me fascina es que sea perecible.

–¿En qué sentido?

En que, suponte, las casas de hormigón duran más de 100 años pero la forma en que estamos viviendo es mucho más rápida de eso, producto de nuestro estilo de vida. La madera tiene eso de ser proyectable en el tiempo pero también que puede perecer. Me gustan esas dos facetas.

–He leído que otro aspecto que trabajas es lo sonoro.

Sí, eso tiene que ver con la cantidad de pilares que incluyo en cada obra. Podría hacerlo con la mitad que uso siempre, pero eso hace que la casa sea un tambor por todo lo que retumba. En las mías no, puedes bailar y en la pieza de al lado no se escucha nada. Es algo que siempre he considerado.

–¿Y lo considera el resto de la industria de la construcción?

Creo que sí. Lo que pasa es que, estructuralmente, no es lo más importante. Por eso en los edificios, sobre todo los más modernos, es común oír el caminar de una persona en el departamento de arriba. Por eso, incluso, cuando me toca hacer segundos pisos intento que no estén completamente encima del primero.

–El estilo de tu tipo de construcción, ¿viene de una inspiración o surge del ensayo y error?

Como te explicaba, surge para diferenciarme del resto. Sin embargo, las primeras curvas las di cuando comprobé hasta qué punto podía doblar una tabla de una pulgada sin que se quiebre. Lo hacía seguido, con diferentes tipos y de diferentes maneras. Eran momentos de bastante aprendizaje experimental que no se notaban tanto cuando me tocaba hacer casas octogonales, pero que sí fueron necesarios cuando las hice con curvas. Otro aspecto que destaco es la calidez.

–¿La calidez?

En el sentido de cómo se mimetiza con el paisaje y entorno. Sobre los pilares que te comentaba, levanto uno cada metro cuadrado, lo que permite no tener contacto con el suelo y lograr una sensación de no intervenir tanto con el espacio.

–Va en directa relación con otro aspecto que mencionas de tu trabajo en tu sitio web: que eres consecuente con el usuario, el material y su entorno.

Con el entorno me refiero al diseño mismo del volumen y que empatice con el lugar. Ser consecuentes con la madera y el cliente es indispensable porque termino construyendo para una familia que vivirá ahí durante buen tiempo.

–¿Qué es lo más llamativo que te ha exigido o has propuesto a un cliente?

Es bien curioso porque lo más llamativo que me tocó fue una libertad absoluta para construir en madera pero que, de alguna forma, incluyera piedras en la casa. Fue muy interesante porque la combinación entre ambos materiales no es fácil.

–¿Y cómo lo resolviste?

Hice torres de piedra en casi toda la estructura y luego forré dormitorios, sala de estar, comedor y cocina en madera.

–¿Cómo quedó ese cliente?

Feliz, sin ninguna queja. De hecho, veo la casa todos los días porque es de mi hija (ríe).

–¿Seguirás con tu trayectoria en Tunquén?

Sí, no tengo ningún plan distinto. Haré casas de madera en Tunquén hasta el último momento que me quede. La hija que te menciono también es arquitecta y está heredando tanto el diseño como la empresa, porque esto es a largo plazo. Aunque yo no esté.

Pedro Salas


Escrito por Marcelo Salazar
Fotografías: Pedro SalasAlgarrobo Al Día

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