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Facultad de Arquitectura UFT interviene Playa La Carmela con un anfiteatro de madera sobre el río Mapocho

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28 de Febrero, 2020

27 butacas conformaban la estructura triangular de madera que se emplazó sobre el Río Mapocho, a la altura de la comuna de Vitacura, en la reconocida “Playa La Carmela”. La propuesta, que fue instalada por 32 estudiantes de arquitectura de la Universidad Finis Terrae, buscó generar un punto de “conversación y unión” y reivindicar el uso de los espacios público-naturales dentro de la ciudad.

Por segundo año consecutivo, Muva Arquitectura —la oficina que dirige el proyecto urbano Playa La Carmela— invitó a la Facultad de Arquitectura y Diseño (FAD) de la Universidad Finis Terrae a diseñar y construir una intervención temporal sobre dicho lugar que se ubica sobre el caudal del Río Mapocho a la altura de Vitacura, en el sector oriente de Santiago. La primera ocasión fue en diciembre de 2018 cuando guiados por el docente y arquitecto Mauricio Wood, el grupo de alumnos levantó un puente para practicar yoga también en madera.

La mañana del sábado 14 de diciembre de 2019 llegaron los 32 estudiantes del curso “Estructuras y Construcción I” a comenzar las labores de montaje con las piezas previamente diseñadas y construidas durante el semestre. Las labores tardaron un día y el anfiteatro estuvo montado una semana.

Son tres filas de nueve asientos cada una (27 en total) los que dan forma a este anfiteatro. El triángulo, compuesto por tres vigas de 9,70 metros de largo por 15 cm de ancho, contenía una circulación interior de 50 cm. “El ancho de las butacas era de 65 cm y tenían un alto desde la viga de 2,40 metros”, explica Wood. La estructura fue construida en pino radiata y los asientos en delgados tableros de fibra de alta densidad (durolac).

Wood explica que el primer requisito de la propuesta fue respetar el suelo e intervenirlo lo menos posible. Por ende, la estructura “respondió desde la prefabricación a ser flexible y poder adecuarse a la inestabilidad absorbiéndolo con el sistema de patas retráctiles”. También simplificó el montaje y desmontaje “adaptándose al suelo conservando la posibilidad de ser reutilizada y fácilmente transportada”.

La madera se justifica por su “uso eficiente de la totalidad del material”, donde se reutilizó todo y no hubo desechos, y como “un material de esencia cálida que acoge de buena medida la interacción directa con el usuario”. También, por ser un producto con múltiples formatos: en el caso de esta instalación se utilizó madera sólida, delgada y flexible (tipo paneles durolac) a modo de telas. Los estudiantes también interiorizaron la idea de prefabricación y de cómo una estructura “debe ser capaz de adaptarse a la morfología del lugar”.

Vista aérea de la instalación / Mauricio Wood

El material de las sillas, tableros de durolac, se eligió en referencia a la clásica silla de lona de playa y entregó una sensación de confort muy acorde al propósito final de “generar un espacio de descanso, diálogo y reunión, integrado al río”. La ubicación triangular de las butacas permitió “la distancia adecuada para la conversación y contacto visual entre sus participantes”. El anfiteatro “no solo sirve como un punto de apreciación de las artes escénicas, sino también como punto de observación del territorio”. En cuanto a la forma, el triángulo se concibe “estructuralmente muy fuerte y evita la posibilidad de volcamiento”.

Clara Munita, directora del proyecto Playa La Carmela, destacó la “belleza y significado” de la intervención realizada por los estudiantes de la FAD UFT. “Su estética de barco a vela se logró llevando la madera al límite de parecer tela. En planta configuró un triángulo perfecto, emplazado sobre el río, como flameando a la Costanera Norte y Parque de Borderío. Esto fue una bandera de victoria en medio de las dificultades de trabajar en pleno estallido social. Eso no solo se logró por la real genialidad de estos dos profesores y sus fieles alumnos, sino también por el amor a la arquitectura, el compromiso y el empuje constante para salir adelante con lo que toque”, agregó.

El potencial del Río Mapocho

Muva Arquitectura lleva cinco años a cargo de Playa La Carmela, proyecto que cuenta con el patrocinio de la Municipalidad de Vitacura y aprobación del Ministerio de Obras Públicas, cuyo objetivo es “dar vida y poner en valor al río Mapocho como espacio urbano y su potencial como parque natural de la ciudad de Santiago”.

“Playa La Carmela” tiene una ubicación y condiciones geográficas privilegiadas que posibilitan un lecho con agua más clara y limpia, amplio espacio y vegetación. Esta “playa” del río Mapocho congrega a muchísimas personas entorno a la vida sana, actividades al aire libre, música y atardeceres, entre otros.

Muva solicitó que la intervención contemplara la construcción de “una estructura que pudiera dar cabida en el lecho del río a alguna actividad de ocio o deporte”. Además de que fuese armoniosa con el entorno y propusiera una alternativa novedosa de uso del río.

Instalación en Playa La Carmela / Mauricio Wood

Para los 32 estudiantes y sus profesores guía, Mauricio Wood y Diego Alvarellos, el segundo semestre de 2019 resultó ser un éxito desde el punto de vista académico, pero el aprendizaje en terreno, señala Wood, también estuvo marcado por la contingencia nacional. “En un contexto marcado por la crisis social, los estallidos de violencia y la falta de diálogo es que nos pareció más atingente aun no perder la posibilidad de entregar este espacio público construido expresamente para la conversación y la reunión. Esta intervención que era producto además de un trabajo colectivo tomaba más sentido aún”, justifica el docente en la propuesta.

El trabajo teórico para estos estudiantes implicó que se dividieran en grupos y definieran las características de la propuesta, así como resolver eventuales problemas y planificar el proceso de montaje y desmontaje. En cuanto a lo práctico, construir, probar y reparar las diferentes estructuras que componían el anfiteatro.

La experiencia durante el semestre y del día del montaje de la obra da cuenta de la importancia de que los estudiantes aprendan el comportamiento de los materiales desde la construcción misma. La intervención en sí, junto a la gestión de Muva y la FAD UFT, son una prueba del potencial de los parques naturales al interior de las ciudades y su contribución al bienestar y recreación de la ciudadanía.


Escrito por Diego Zúñiga
Fotografía principal cortesía de Mauricio Wood

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