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Mario Wagner: “El desafío está ahora en la industrialización de los sistemas constructivos en madera”

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Con varias décadas de experiencia en estructuras de madera, el ingeniero repasa su trayectoria y comparte su visión de la industria.

El nombre de Mario Wagner es reconocido en los libros de ingeniería. Junto con Juan Acevedo es quizá uno de los referentes más importantes a la hora de hablar de ingeniería y cálculo estructural en madera.

Con más de 30 años de experiencia, recuerda cómo comenzó todo, su dedicación por este material y cómo la vida lo fue llevando, casi sin pretensiones, a ser lo que es hoy.

“Todo partió jugando con palitos de fósforos”, dice sin dudar. “Me entretenía pegando palitos para formar tableros que recortados con hojas de afeitar podían organizarse bajo distintas formas de balsitas tipo Kontiki , casuchas  o fortificaciones, quedándome claro que la madera resultaba un material muy amistoso y sencillo de trabajar”, asegura.

En la universidad, Wagner saltó de los palitos de fósforos a las estructuras en madera del mundo real, pero fue de pura casualidad. “Como son las cosas de la vida”, murmura. “Había un ramo de electrotecnia que nuestra generación estimó aportaba poco o nada y simplemente nadie fue a clases. La dirección de la Escuela como contramedida dijo ‘bueno ya, se acabó ese ramo, pero van a tener que hacer este otro’. Y así nos cayó un regalito del cielo”, dice respecto de un curso que mezclaba diseño en madera y en acero, todo en un semestre.

Su tesis la desarrolló en temas de madera, lo que le permitió conocer además cómo se comercializaba y transaba el material a nivel de barraca, y lo más importante vincularse con el laboratorio, en este caso la Sala de Máquinas del IDIEM. “Era un tema experimental, y a través de series coordinadas de ensayos, uno tenía que tratar de llegar a alguna teoría o conclusión”, explica.

Colado en una delegación deportiva, a comienzos de los 70, viajó a Alemania y paseando por Múnich en un sector de librerías técnicas preguntó por textos de estructuras de madera. Le recomendaron dos: uno clásico y otro de avanzada. Ambos le parecieron una buena fuente de información para enriquecer la redacción de su tesis.

Madurando sus contenido y comparándolos con los criterios que se manejaban en esa época en Chile adquirió la convicción de que la normativa de cálculo de estructuras de madera alemana constituía un modelo que replicado en nuestro país podría modificar drástica y positivamente el nivel vigente de la construcción en madera.

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“En esa época se estaba oficializando en Chile la primera norma de cálculo en madera, y aprovechando que trabajaba como investigador en la Escuela de Ingeniería de la Universidad de Chile, me dije que lo mejor sería tratar de modificar esa primera redacción adecuándolo al esquema alemán. La bibliotecaria del Departamento de Ingeniería Civil me consiguió un manual técnico alemán que incluía  la norma de cálculo, cuyo análisis me permitió identificar qué áreas eran las más importantes como para intentar ponernos al día. La idea era pasar el estado del conocimiento que había en Europa en ese momento a nivel nacional”, cuenta.

Se dedicó a investigar estos temas por más de 15 años, y con el apoyo de talentosos y abnegados alumnos memoristas se reunieron antecedentes suficientes que sirvieron en gran medida para fundamentar la nueva redacción de la norma, oficializada por el Instituto Nacional de Normalización en 1991.

Durante este período, y gracias al apoyo de la Dirección de Proyectos Externos de la Facultad, pudo salir de su limitada trinchera universitaria y ser parte de un proyecto dirigido por Fundación Chile que tenía por objetivo promocionar la construcción de vivienda en madera.

“En esa época la casa de madera era mirada muy ‘a huevo’, una solución precaria para la gente de muy pocos recursos o para ser utilizada como solución de emergencia después de algún terremoto, a diferencia de lo que ocurría en el hemisferio norte, en donde solo la gente con muchos recursos podía darse el lujo de viviendas de madera, mientras que los menesterosos se veían forzados a vivir a casas de hormigón o albañilería”, relata.

Luego conoció el sector maderero “por dentro” a través de su trabajo en la Gerencia de Proyectos Técnicos de CORMA. “Mucha gente tiene una serie de visiones prejuiciadas contra la industria maderera, porque simplemente no la conoce, como era mi caso”, confiesa Wagner.

Y continúa: “El privilegio de poder trabajar en CORMA me despabiló y me permitió empezar a entender la importancia decisiva del sector forestal y la industria del aserrío en cualquier iniciativa tendiente a desarrollar los potenciales del producto del bosque en el mercado nacional de la construcción. Pude conocer al mismo tiempo un grupo de personas con una gran visión de futuro y capacidad de trabajo”.

En ese momento se encontraba en pleno auge la necesidad de hacer un buen uso del recurso que se había generado con las plantaciones de pino radiata y se percibía al interior de CORMA que, de seguir orientando ese recurso a los mercados tradicionales de embalaje o cosas poco especializadas, las ventas de exportación podían bajar cíclicamente, pues el mercado comercial es muy sensible a las crisis económicas. “Un mercado menos sensible ante estas crisis, en cambio, es el de la construcción ­─sobre todo la construcción de viviendas─ porque a nivel mundial siempre se necesitará construir casas, haya crisis o no”, explica el ingeniero.

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Desde la CORMA, en contacto con la Fundación Chile y con el apoyo de la CORFO, se desempeñó como profesional responsable de un conjunto de proyectos destinados al estudió y caracterización de las propiedades de la madera de pino radiata para aplicaciones estructurales. “Yo diría que esto hace factible un  renacimiento de la ingeniería estructural en madera en Chile, esto es, cuando el sector que produce el material es el principal interesado en caracterizarlo y en incentivar su uso”, dice.

El tipo de vivienda que se promocionó por esos años era el norteamericano, de tabiquería liviana de madera aserrada estructural revestida con tableros contrachapados. La idea, entonces, era definir grados estructurales de madera aserrada atractivos y específicos para la construcción de componentes de paredes, pisos y estructuras de techo y caracterizarlos confiablemente desde el punto de vista de sus propiedades mecánicas.

Todo esto con el objetivo de motivar a los profesionales de la construcción y minimizar las desconfianzas que existían en Chile en las oficinas de ingeniería estructural. “Hasta la fecha, el sector maderero no había incorporado al mercado un material confiable. Este podía ser muy bueno, regular o malo, y muy poco o nada se sabía de cómo discriminar entre estos niveles”, comenta el ingeniero. “Existían normas, pero eran de naturaleza académica y estaban desvinculadas de la realidad y de la industria del aserrío”, agrega.

El resultado de ese estudio permitió redactar la norma NCH 1207 que define tres niveles de segregación para aquella madera aserrada de Pino radiata que sirve para aplicaciones estructurales según niveles cualitativos, que Wagner resume así: “El que quiera madera de muy alta calidad especifica el Grado GS, el que quiera madera normal el Grado G1 y el que quiera madera justa para salir del paso, lo soluciona con un G2, así de simple”.

Fue el nacimiento comercial de la madera estructural en Chile. Y con esto ya se podía salir y exportarla como producto estructural a cualquier parte del mundo. Un hito de este periodo fue haber logrado exportar a Australia, líder en el desarrollo de productos estructurales de pino radiata de alta calidad. “Cuando una empresa chilena fue capaz de venderle madera estructural a los australianos, con nuestro pinito de 25 años, quedó ratificada la capacidad el pino chileno para jugar en las grandes ligas”, dice orgulloso el ingeniero.

─Y ahora, ¿en qué está la industria?  ¿Cuál es el siguiente paso?

El desafío lo tienen ahora las empresas constructoras que debieran explotar los potenciales de industrialización de los sistemas constructivos en madera. En eso se está caminando. Lo que no se ha podido hacer aún es educar al usuario, que sigue pensando que porque es madera tiene que ser más barato y nada que ver, ya que la calidad de vida de una edificación en madera es muy superior a la correspondiente a una edificación en hormigón o albañilería.

La madera es un producto de alta complejidad que en el caso del Pino radiata tarda 20 a 25 años en generarse como material comercializable. Eso es mucho tiempo. Cuando uno toma un trozo de madera, se trata de un material que tuvo vida y que evolucionó durante 25 años en el interior del tronco, transportando agua y alimentos, almacenando y distribuyendo nutrientes, soportando las ramas y el follaje, resistiendo vientos, lluvias y nieve, autogenerándose con ayuda del sol y del terreno, sin contaminar el ambiente, para ser luego aserrado, elaborado y utilizado como material de construcción.

En cambio, los otros materiales, se producen en serie, en forma totalmente dirigida. La madera es un material natural, uno lo está sacando de la función que desempeña en la naturaleza y lo está tratando de adecuar a la conveniencia propia. Es un material complicadísimo y en eso todavía falta mucho estudio e investigación para poder estrujarlo al máximo desde el punto de vista del potencial y límites inherente a su morfología física.

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─ ¿Pero cómo se puede potenciar su uso en construcción si no es rentable económicamente?

Primero, hay que sacar el concepto del palo y hablar más bien de la pieza de madera. ¿Por qué tiene que ser más barato si brinda al usuario viviendas de una calidad de vida ambiental marcadamente mejor? Si tú vas a gastar 100 millones de pesos en una vivienda en hormigón y te ofrecen la misma vivienda de 100 millones pero en madera, todos elegirían el hormigón por ignorancia, porque la calidad de vida que le va a dar la vivienda de madera va a ser sustancialmente mas saludable y eso no se cuantifica.

Con madera de buena calidad, las soluciones no tienen por qué ser más baratas. Las ventajas están además en otros aspectos, como en los plazos de construcción. Se construye esa misma casa en una fracción del tiempo de lo que significa construirla en hormigón. Y después mantener un ambiente grato al interior va a ser mucho más económico en el largo plazo que lo que resulta utilizando otros materiales. Entonces, al final, se va ahorrar, primero, en que tuviste una vivienda un montón de meses antes a tu disposición, te ahorraste un montón de meses de arriendo y después te ahorraste en climatizar tu casa en forma mucho más económica que si hubiese sido en hormigón o ladrillo. Son puras ventajas. Y en una de esas hasta es más barata, pero aunque parezca majadero, no tiene por qué ser mas barata si te da más calidad.

─Desde su experiencia, ¿qué tanto ha avanzado la industria?

El desarrollo ha sido gradual. Si se compara las técnicas de construcción de hoy día con las de hace 30 años, estamos un montón de pasos más arriba. Y si fuéramos “clever”, al igual que en el hemisferio norte, en el futuro mediato el 90% de las viviendas debieran construirse utilizando madera.

En cuanto a la construcción en altura no hay que ser talibán. Pienso que desde el punto de vista de la utilización de madera y productos de madera debiera optarse por soluciones mixtas. Resulta lógico considerar núcleos estabilizadores de hormigón y en torno a esos núcleos organizar sistemas de elementos en los que prevalezca la madera, ya que se puede combinar el hormigón, el acero y la madera sacándole la mejor capacidad a cada uno de los tres materiales en un mismo proyecto.

─ ¿Y qué es lo que falta?

Educación del usuario. No sé por qué éste, independientemente de su nivel de ingresos, tiene metido en la cabeza que una casa de madera no está a su altura. Tradiciones hispanoamericanas, probablemente.

─ Ya es reconocido el comportamiento antisísmico de la madera. ¿Pero qué sucede con el fuego?

En relación al fuego hay que analizar la situación desde una perspectiva no emocional. La madera es un material combustible que expuesta a altas temperaturas durante períodos de tiempo prologados puede inflamarse y comenzar a quemarse generando llamas y carbón superficial. Lo interesante es que esta carbonización comienza a formar un estuchito protector de la madera del interior que aún no se ha quemado, cobertura que bloquea la temperatura ambiental.

Si se genera una capa de carbón de cuatro centímetros, en el ambiente del incendio puede haber mil grados Celsius y, sin embargo, la madera en el frente de carbonización no tendrá más de 300 grados. Dependiendo de las dimensiones originales de la pieza hacia el interior se reducirá hasta poco más de la temperatura que tenía antes del inicio del fuego.  Eso hace que el proceso de carbonización siga, pero a tasa constante y muy lentamente en el tiempo, resultando posible predecir cuánto se va reduciendo la sección de madera en el tiempo; se puede cuantificar de esta forma durante cuántos minutos ─y hasta horas─ puede resistir esa estructura sin colapsar.

El acero en 10 minutos, si no tiene protección, se desploma y cae al piso. La madera, sin ninguna protección, 20 minutos te lo da de todas maneras, y adecuadamente dimensionada podría llegar hasta dos horas sin problemas.

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─Pero existe el prejuicio de que la madera se quema…

Es que se está pensando en listones y tablas, esto es en piezas de dimensiones chiquitas. Constructivamente este problema ya está resuelto en Europa y Estados Unidos: para estos casos hay que hacer un revestimiento con materiales incombustibles, como el yeso cartón, de modo que te den un tiempo de protección suficiente para que la construcción cumpla con las exigencias que le requieres imponer.

─Como el sistema constructivo en CLT…

Claro. Pero es que el CLT es todavía algo caro. Y va a tener su momento cuando los beneficios de tener CLT justifiquen su mayor costo y nos cambie la mentalidad nacional de irse siempre por lo más barato.

─ ¿Qué sistema constructivo prefiere más?

Todo sistema es válido siempre que lo construyan bien. El plataforma, el marco viga o el CLT son todas buenas opciones que tienen que competir y el mercado va a decidir. Yo creo que todavía el sistema marco plataforma es el que va a prevalecer por costos, porque ha sido más estudiado experimentalmente en el país y porque la mayoría de sus componentes ha sido caracterizado desde el punto de vista de sus propiedades mecánicas. También porque es más conocido.

─ ¿Cómo ve el futuro del uso de la madera en Chile?

Hacia futuro se va a construir más, sin duda. Pero es necesario hacer un uso distinto al tradicional y más audaz del material, aprovechando y destacando al máximo, como la han hecho algunos arquitectos,  sus numerosas y atractivas características.

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