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Tejas “ecológicas” destacan por su elaboración a partir de aserrín y almidón de maíz

tejas ecológicas

Desarrolladas por el laboratorio Fablab-Olmué, esta iniciativa obtuvo el tercer lugar del Concurso de Innovación de Madera21 enmarcado en la Semana de la Madera 2019.

Algo de lo que está seguro, dice al teléfono desde Olmué, es que no hay un producto así en el mercado. Sí, es cierto, eso no quita que en algún otro país exista una propuesta parecida, pero si nos vamos a lo específico afirma que nadie aún ha elaborado lo que el sí: tejas ecológicas obtenidas de un desecho que abunda en el sur del país.

“Por eso digo que son únicas en el mundo —reitera—, porque hay distintos tipos de tejas, pero no hechas de aserrín. Las mismas que algunos artesanos hacen prensadas, nosotros las podemos llevar a un proceso industrial de inyección con la que podemos obtener miles al día”, especifica.

Quien habla es Roland Finster, representante de Fablab-Olmué y de estas tejas que obtuvieron el tercer lugar del Concurso de Innovación en la Semana de la Madera 2019. Una alternativa sostenible que promueve la reutilización y el tratamiento de lo que comúnmente se considera como un desecho. Es por lo anterior que llegaron a ser finalistas de este evento organizado por Madera21.

“Nuestra revalorización del aserrín nos permitió obtener un producto biodegradable, de gran valor estético y que no tiene petróleo ni aditivos en su composición”, dice al otro lado de la línea.

Todo comenzó hace tres años cuando Finster, ingeniero en plásticos, se vio en una situación profesional preocupante. En el mundo ya se hablaba de lo imperante que era innovar en productos y que tuvieran un fuerte componente ecológico. Él tomó esos parámetros, conformó un equipo —actualmente integrado por Erika Orellana, Julio Severino y Florencia Finster—, y logró obtener un producto que nunca pensó en realizar en un inicio.

“Ya conocía tejas hechas con plástico, lo que me parecía una buena opción pero tampoco me convencía del todo. Seguimos investigando y conocí el trabajo de CIPA”, dice.

En dicha institución —ganadores del primer lugar del Concurso de Innovación, con FLEXbio— comenzaron a hablar de esta idea. Allí los investigadores le presentaron un proceso de inyección con el que se podría trabajar a futuro. Después vino el trabajo en laboratorio y la comprobación. Era posible, por medio de moldes predeterminados, obtener una teja igualmente dura que una convencional, pero hecha en base a aserrín y algunos porcentajes de almidón de maíz. Un gran avance, considerando que todo este proceso fue autofinanciado y por el que, incluso, no alcanzaron a juntar un monto de garantía para obtener un fondo Corfo.

Tras el trabajo con CIPA, el proyecto se mantuvo en el tintero hasta que se creó Fablab Olmué, “un laboratorio para diseñar, fabricar y/o desarrollar piezas, productos o prototipos aplicando la Eco-Tecnología y así cuidar nuestra naturaleza”, como dice en su web. Este es un espacio integrado por distintos emprendimientos e inventores, con los que pudo generar alianzas y así obtener, primero, los prototipos necesarios. Esto luego significó tener las piezas finales con la que se inscribió en el Concurso de Innovación.

Así llegaron a un producto anticorrosivo, que no se astilla ni descascara. Que no se pudre ni descompone, por su buena permeabilidad al agua y la humedad. Que tiene gran resistencia a la acción de insectos y microorganismos, como también a los rayos UV. A todo lo anterior se suma un gran punto a favor: lo estético. Cada una de las tejas tiene un acabado similar a la madera nativa, la que puede variar en tonalidades y diseños de acuerdo al trabajo en laboratorio.

Como ya mencionamos, la calidad de los resultados fue el primer paso para pensar en el concurso de este año, aunque no siempre estuvo decidido.

“Pese a todas las características anteriores —dice Finster— lo cierto es que al comienzo no quería postular al concurso, porque pensaba que éramos muy chicos como para competir con universidades o centros de investigación. Sin embargo, como el proceso para inscribirse no era complicado, lo hicimos. En otros lados hay que mandar videos e ir al lugar para presentarte, lo que ya significa un gasto para un proyecto como el nuestro, por lo que este me gustó más porque pedía lo específico”.

¿Qué cree que los hizo merecer el tercer lugar?

Nos dimos cuenta que este producto tiene un interés, tanto por su calidad como porque se obtiene del aserrín. Lo que ganamos será reinvertido para echar a andar la empresa y ser los primeros en vender tejas de este tipo.

¿Cuánto pesa una teja de las suyas?

Es liviana, incluso más que un plástico común y corriente. La gracia es que eso no influye en que también sea buen aislante, tanto acústico como para la temperatura, o que sea resistente a un golpe. Con todos los arquitectos con que he conversado, me quedo con que ellos consideran que estas tejas son perfectas para hacer una terraza de estructura liviana, porque el peso que tendrían arriba no sería tanto como para algo robusto.

¿Ese bajo peso significa que se pueden instalar fácilmente?

Sí, sería más fácil. A nosotros nos gusta pensar que el proceso de instalar las tejas sería como “hágalo usted mismo”. Se podría hacer solo con un perno y un clavo. No necesitarías membrana ni nada, por lo que servirían para terrazas, casas de perro, o también para instalarlas en las paredes.

El aserrín es considerado un residuo, el que casi siempre se agolpa en las bodegas de los aserraderos. Algo que ustedes consideran como materia prima, alguien lo tiene en grandes cantidades.

Como dices, yo creo que acá nadie considera el aserrín como materia prima, sino que como basura. En otros países es al revés, donde se ocupa para generar energía, pero como acá hay mucho bosque, siempre se acumulará este material y se terminará botando. Para esta investigación nosotros tocamos la puerta de varias empresas específicas, como las que fabricaban puertas, muebles y parqués. Como tenían mucho aserrín, terminamos comprándolo por un valor bastante más barato.

Hoy en día, ¿en qué etapa se encuentra su proyecto?

Estamos afinando detalles de enganche en moldes de nuestras tejas, como también encontrando financiamiento para lo que esperamos producir. Una vez resuelto eso, haremos pruebas industriales para varios metros cuadrados. Luego, intentaremos variar en sectores de prueba, ya que veremos cómo se comportan y así ver por dónde es mejor iniciar el negocio.

Imagino que cuando se refiere a sectores de pruebas, lo hace con respecto a la diversidad de climas que hay en Chile.

Sí. Hay arquitectos que me dicen que estas tejas son ideales para áreas costeras, ya que las casas no pueden tener ladrillos ni greda en el techo, porque se ponen verdes. Ante eso, esta es una buena alternativa. Yo creo que por eso entramos en esto de la teja, porque vimos que no había mucha competencia y eso era aún más beneficioso al hacer algo único.

¿Este producto tendría un precio bajo? Considerando que se obtiene mayormente de productos reutilizados.

No sé si más bajo, pero su precio no debería superar lo que hay en el mercado. Me refiero a las que hay de pizarreño y de cemento, o sea nada de otro mundo. Lo bueno de este producto es que puede exportarse, dado que su potencial de crecimiento es muy alto porque estamos en Chile. Me pongo a pensar y te lo pregunto, ¿por qué los chinos no lograron hacer algo como esto?

No lo sé.

Porque no tienen tanta madera como nosotros y no piensan qué hacer con algo que acá abunda, como el aserrín.


Escrito por Marcelo Salazar
Fotografías cortesía de Fablab-Olmué para Madera21

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