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Yakisugi: la técnica japonesa de preservación que carboniza la madera y que se populariza en occidente

Revestimiento con madera Yakisugi

12 de Agosto, 2020

El método data del siglo XVI y proviene del “yaki” (quemado) y sugi (ciprés), realizándose exclusivamente con este tipo de árbol. Sus atributos de 50 años de durabilidad y su uso para revestir paredes, cielos y lo que la creatividad permita, ha despertado la demanda de arquitectos y de los que trabajan el material en esta otra cara del planeta.

A priori puede sonar extraño: quemar la madera para darle mayor vida útil. Pero es totalmente cierto. Tanto es así, que este método japonés llevado a cabo durante prácticamente cinco siglos se ha convertido en un recurso de elegante y vanguardista diseño a la hora de construir.

El procedimiento tradicional consiste en la confección de una chimenea con tres tablas de pequeño espesor de madera de ciprés (sugi) atadas entre sí. Una vez lograda, se prende hasta conseguir una hoguera que se extienda a lo largo de ellas, carbonizándolas a la profundidad que se requiera (lo que puede durar entre siete a diez minutos). Apagado el fuego, las piezas se rocían con agua y se dejan enfriar.

Ahora bien, ¿cómo es que una técnica tan antigua recién ahora está popularizándose en Occidente? Andrés De Solminihac, Managing Partner de WoodArch, empresa dedicada 100% a maderas y que se encuentra actualmente trabajando con la técnica Yakisugi, aclara: “Vimos el interés en traer esta madera a Chile, pues no se contaba con esta variedad y, hasta ahora, no ha habido alguien que la esté ofreciendo. Tenemos alto interés, ya que muchos arquitectos que saben de madera están entusiasmados por las bondades y por la particularidad de que esta madera dura 50 años”.

Ejemplo de madera carbonizada / Andrés De Solminihac

Si bien actualmente es más habitual realizar el proceso con hornos o con soplete industrial, todavía es muy común que se utilice la metodología manual. De hecho, en Internet, hay múltiples tutoriales que enseñan las maneras de hacerlo, lo que da cuenta de la sensación que está causando alrededor de todo el mundo. Pero, ¿es sólo una moda o realmente entrega ventajas que no se encuentran en ningún otro estado de la madera?

Durante el proceso de carbonización, la celulosa de la capa externa se quema, mientras que la lignina permanece. Al desaparecer la primera, sustancia de la cual se alimentan los organismos xilófagos, los ejemplares resultan menos apetecibles y, por lo tanto, prefieren consumir otros. Ésta es la razón que explica el aumento de la durabilidad natural de la madera y, a su vez, la demanda e interés masivo que ha despertado el proceso. Y hay más, pues aparte de proteger el material de posibles ataques de organismos corrosivos, repele el agua y reduce el daño solar, además de retardar el fuego, convirtiéndolo en una excelente opción para revestimientos al exterior.

Cabe aclarar que la técnica, si bien encuentra su origen en Japón, ha sido adoptada con maderas sustitutas por países como Rusia, EE.UU. y Australia, aunque sin reaccionar de la misma forma que el ciprés japonés debido a su gran liviandad y porosidad ante el calor. Como dato histórico, la estructura de madera en pie más antigua del mundo (el templo budista japonés Horyuji que data del 607 DC) fue construido con madera de este árbol.

Claves del éxito

Terminaciones realizadas con la técnica Yakisugi / Andrés De Solminihac

Sin duda, el secreto fundamental que la técnica Yakisugi (también denominada Shou Sugi Ban en Occidente) entrega para alcanzar las propiedades, es elegir una madera que asegure que la profundidad de la capa carbonizada sea suficiente y no desaparezca al estar expuesta tanto tiempo a la intemperie. Es por eso que los japoneses utilizan madera de sugi, pues además de ser rica en taninos, ligero y poroso, se quema de manera uniforme. Sin ir más lejos, según un artículo científico elaborado por el Grupo de Construcción con madera del Instituto Tecnológico FCBA, la clase de durabilidad natural de la Cryptomeria japónica es alta, mejorando los valores que se recogen para esta especie. ¿Conclusión? Extrapolar el procedimiento Yakisugi a una madera de por sí poco durable no asegura en ningún caso que se comporte de la misma forma, ya que su condición natural viene con limitaciones.

Sin embargo, carbonizar la madera adecuada tampoco asegura el éxito como por arte de magia, pues para eso se necesitan una serie de cuidados que tendrán directa influencia en la vida útil del elemento. Los fundamentales son: ventilación, drenaje, evitar que las maderas tengan contacto con el terreno o cimentación y estudiar muy bien el clima en el cual se usarán. Incluso hay otro secreto: aplicar aceite para retardar la erosión cada cinco a diez años, asegurando así una durabilidad aún mayor.

Madera certificada y con conciencia medioambiental

En el mundo existen dos grandes certificaciones de madera: FSC Y PEFC. Ambas europeas, continente donde los bosques son evaluados y certificados por un tercer actor independiente que determina si son candidatos y realiza, al mismo tiempo, un seguimiento posterior a su certificación en aspectos productivos. Japón, precisamente, generó su capítulo de certificación en coordinación con el sistema europeo, creándose SGEC (Sustainable Green Ecosystem Council).

Fachada de un edificio realizada con esta técnica japonesa / Andrés De Solminihac

Este país, al tener una extensión donde el 66% de su superficie está cubierta por bosques, presenta una fragmentación de su propiedad en terrenos de tres a veinte hectáreas con cientos de miles de propietarios, lo que le da mucho más valor a la certificación al involucrar a una amplia base de la población que convive con los bosques. La empresa Kyoei Lumber, por ejemplo, forma parte de la cadena de custodia del ciprés japonés, obteniendo su madera Yakisugi en un 100% de bosques certificados.

De Solminihac, a través de WoodArch, trabaja con esta empresa y recuerda un episodio que, además de sorprenderlo, lo llevó a comprender la real importancia que tiene para los japoneses el cuidado de la naturaleza. Fue en una de las tantas conversaciones online con el dueño de la compañía, nieto del fundador e hijo del responsable de la industrialización de este sistema el año 1974. “Me dijo una cosa muy bonita: que los japoneses, cuando cortan un árbol, inmediatamente plantan otro. Es decir, por cada árbol que sacan, lo reponen. Y me contó que eso era algo que estaba en su ADN; de un adolescente de quince años, de una señora viejita, de un señor, un adulto joven… Todo el mundo mira así el tema de los árboles y así ven y respetan también la naturaleza”, remarca.

Tal es la influencia, que numerosos arquitectos japoneses han destacado con el uso de esta técnica. Algunos de ellos son: Terunobu Fujimori, representando a Japón en la Bienal de Venecia el año 2006; Kengo Kuma, arquitecto contemporáneo con oficinas en Tokyo y París; y Yoshifumi Nakamura, conocido por sus casas pequeñas aplicando esta metodología. ¿Y qué pasa con los arquitectos chilenos?

Al respecto, De Solminihac adelanta: “He estado conversando con algunos arquitectos en Chile y me sorprende lo mucho que saben de Japón. Han ido varias veces a aprender cosas allá y respetan lo bien que se trabaja y entienden la madera. Es por eso que estamos súper contentos de traerla e incluso creo que va a incorporarnos un poco de esa cultura también. Esperamos adquirir el máximo conocimiento que podamos y, por qué no, vincular arquitectos japoneses que usan Yakisugi con arquitectos chilenos para que también traspasen el conocimiento a nuestro país”.


Por Felipe De la Cerda E.
Fotografía principal cortesía de Andrés De Solminihac / WoodArch

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