Proyecto ocupa la madera para transformar estación ferroviaria de Rungue en un centro cultural comunitario

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Ricardo Azócar y Carolina Catrón resultaron ganadores de un concurso que buscaba la rehabilitación de estaciones ferroviarias del país, con un proyecto basado en la madera, en la memoria y la opinión de los habitantes de la zona. Los fundadores del estudio y taller Azócar Catrón se refirieron a su propuesta para la subestación eléctrica Rungue y a las razones por las que recibieron el máximo reconocimiento.

Entre los 6.216 kilómetros de vía férrea que recorren Chile, según el Departamento de Transporte Terrestre, se encuentra el esqueleto de la estación de Rungue, en la comuna de Tiltil. Su fachada es de estilo ecléctico, con paredes altas y un espacio abierto que solo está dividido por una pared. Como el marco de una pintura, los que antes solían ser ventanales ahora permiten que la vista recorra desde adentro hacia afuera el lugar. La construcción desprende la nostalgia de un pasado habitado con goce, donde sobraban las historias; ahora es un espacio lleno de silencio y a la vez, vacío, esperando a los pasajeros del próximo tren que no llegará. 

Los arquitectos Ricardo Azócar y Carolina Catrón eligieron recomponer este lugar con madera, material fiel a las convicciones y metas de este estudio de arquitectura que obtuvo el primer lugar, en la categoría “Rungue”, en el concurso de ideas de arquitectura “Rehabilitación de estaciones ferroviarias / Red Trenzando”. Una convocatoria que promovió la creatividad y la reutilización del sistema ferroviario chileno, rehabilitando estaciones abandonadas con el objetivo de fortalecer las identidades locales y descentralizar el acceso a conocimientos y tecnologías. 

Ambos fundaron su propio estudio en el 2016, llamado Azócar Catrón, y en 2018 ya eran parte de la selección “Young Architects in Latin America”, de la XVI Biennale di Venezia. El 2020 fueron seleccionados por Archdaily como una de las 20 mejores oficinas jóvenes del mundo y su último logro fue en el concurso Arquine N°23, con “Meeting Column”: construirán el punto de encuentro de Mextropoli 2021, en Ciudad de México.  

El “diverso y ambicioso” programa del concurso, según los mismos arquitectos, se debía a que los organizadores levantaron información de manera previa, mediante encuestas a la comunidad. Los anhelos y necesidades de los habitantes de Tiltil, definieron partes importantes del proyecto, como el núcleo de servicios. “Cada taller no tiene un uso estrictamente definido, pudiendo crecer al ancho total del pabellón o usar la mitad, donde siempre están conectados a un área de bodegas para poder propiciar el cambio de usos”, introducen los arquitectos. 

La madera como factor de cambio

Su proyecto ocupa madera laminada y CLT, siendo constituido por tres intervenciones / Azócar Catrón

Durante su trayectoria, Azócar Catrón ha realizado varias obras a pequeña escala en madera: “Debido principalmente a la versatilidad del material, la capacidad compositiva que tiene, al ser un elemento independiente que solo funciona al articularlo con otro, y con la suma de ellos generar una totalidad. Además, posee la ventaja de que la propia estructura puede constituir el edificio, a diferencia del hormigón que necesita de un moldaje”, explican. 

Su propuesta para la estación ferroviaria transformó las expectativas y necesidades de la comunidad en oportunidades, componiendo dos pabellones de plantas libres con usos indeterminados, uno interior y otro exterior, unidos por una plaza multiuso de carácter cívico y/o recreativo: “Existe un consenso tácito sobre la carencia de infraestructura cultural en Chile, y es ahí donde el pabellón, entendiendo esta tipología como un edificio de uso indeterminado, tiene el potencial de promover el desarrollo cultural a través de esa indefinición que pueda dar pie a expresiones culturales o comunitarias de distinta índole y que puedan variar en el tiempo sin problemas”.  

La participación del estudio Azócar Catrón no fue al azar, ya que sus fundadores tenían intereses previos e ideas relacionadas a la recuperación de infraestructuras con valor afectivo para las comunidades que conviven con ellas. La relevancia de la participación ciudadana en los procesos arquitectónicos les resultó prioritaria, al pensar la recuperación de estos lugares “donde gran parte del trabajo de apropiación ya viene dado por el tiempo”.  

Su proyecto ocupa madera laminada y CLT, siendo constituido por tres intervenciones. La primera, en el interior, plantea un pabellón de planta cuadrada de dos niveles, con un núcleo de servicios que divide el espacio en dos y, adicionalmente, recupera el subterráneo como una planta libre, dispuesta a incluir una cafetería, talleres y una administración. 

Como segunda intervención, propusieron en el exterior un pabellón similar pero de un solo nivel, el cual tendría un uso comercial asociado principalmente a ferias libres temporales. Finalmente, en el vacío que queda entre ambos edificios, proponen una plaza dura con juegos de agua, mediando entre un espacio cívico y un área recreativa.   

Su propuesta para la estación ferroviaria transformó las expectativas y necesidades de la comunidad en oportunidades / Azócar Catrón

Otro de sus objetivos es poner en valor la propia subestación. Una estructura maciza de hormigón armado que constituía para los arquitectos un perímetro de estilo entre neoclásico y art deco. En su proyecto, la madera evidencia la distancia histórica entre lo viejo y lo nuevo, pero a su vez, hace dialogar al frío industrial con la calidez doméstica y comunitaria que solo este material, mediante un lenguaje riguroso, puede lograr sin descuidar ese primer carácter del espacio. Unidad y continuidad en un edificio de valor patrimonial, mediante una instalación de fructuoso valor.

Gracias a las características anteriores es que su propuesta apunta a la prefabricación y la construcción por etapas, minimizando errores y mejorando, incluso, las condiciones laborales de los constructores, al elaborar una obra seca en un espacio controlado. “Ya existe la tecnología para generar piezas de alta durabilidad, por lo cual es necesario mejorar una industria capaz de responder a encargos de diversa escala, donde puede tener beneficios tanto para los mismos constructores, hasta para las personas que convivirán con las construcciones sin temor a preocuparse por el tiempo que estas obras podrán durar, que es parte de los prejuicios que aún existen sobre la madera”, declaran los arquitectos. 

Los arquitectos Ricardo Azócar y Carolina Catrón eligieron recomponer este lugar con madera / Azócar Catrón

Para ellos, es relevante fragmentar la propuesta para construir, considerando el contexto chileno, sus variables económicas, administrativas y de planificación. Parte del acta de resolución del jurado hace referencia a los altos costos que puede tener la propuesta pero, debido a lo anterior, esto puede variar. 

“Adicionalmente, Tiltil es una localidad declarada como zona de sacrificio por la presencia de industrias contaminantes, por lo cual creemos que con mayor razón se deben realizar inversiones de calidad para estas comunidades que ya han sido relegadas, siendo este tipo de obras un factor de cambio. A pesar de los costos”, finalizan.


Escrito por Catalina Evans Amador
Fotografías cortesía Azócar Catrón 

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