Código de equipo: ARQ1073
Universidad: Universidad Central
Sede: Vicente Kovacevic I, Av. Santa Isabel 1186
País: Chile
Ciudad: Santiago de Chile
Equipo:
Pamela Hernández
Léa Valenzuela
Jeraldy hurtado
Valentina Álvarez
Profesores guía:
JOSÉ BRUGNOLI
DOCUMENTOS ADJUNTOS
© Derechos reservados por sus autores intelectuales.
Video explicativo
Descripción general
El Centro de Innovación y Monitoreo Tecno-Agrícola de Rungue se emplaza en la antigua Subestación Eléctrica de Rungue (Tiltil, Región Metropolitana), construida entre 1922 y 1924 para abastecer de energía al ferrocarril Santiago–Valparaíso y abandonada desde 1992.
Fundamentación del proyecto
La propuesta surge como respuesta a la condición de Rungue como zona de sacrificio ambiental, consecuencia de un modelo de planificación territorial favorecido por la flexibilización normativa introducida por el PRMS de 1994. Lejos de ocultar este conflicto, la arquitectura lo incorpora como fundamento proyectual, convirtiéndose en un dispositivo de reparación territorial que articula patrimonio, ciencia y comunidad. La reutilización de una infraestructura energética obsoleta y la incorporación de una arquitectura contemporánea en madera tecnificada simbolizan el tránsito desde un modelo extractivo hacia otro basado en la restauración ecológica, la economía circular y la producción de conocimiento.
El proyecto se concibe como una estrategia de rehabilitación patrimonial y regeneración ambiental, entendiendo la arquitectura como un soporte capaz de activar nuevas relaciones entre infraestructura, paisaje y comunidad. La propuesta se estructura mediante tres operaciones proyectuales —adherir, ritmar y enterrar— que organizan la intervención sobre el conjunto existente y definen la incorporación de los nuevos programas.
Estrategia de localización, emplazamiento y resolución programática y espacial
El proyecto propone una intervención patrimonial de carácter mínimo sobre el histórico volumen de hormigón armado,incorporando una sala de exposiciones, un centro de documentación y una terraza-mirador orientada hacia el paisaje circundante.
En diálogo con la estructura existente, un nuevo volumen construido en madera tecnificada alberga laboratorios de fitorremediación y micorremediación, espacios de experimentación, fabricación y coworking, configurando una plataforma para la investigación, la innovación y la transferencia de conocimiento.
Los programas de investigación, experimentación, fabricación, difusión y trabajo colaborativo conforman una plataforma abierta para la transferencia de conocimiento en torno a la restauración ambiental y la agricultura sustentable. Más que incorporar un nuevo edificio, el proyecto propone un dispositivo territorial capaz de transformar un espacio históricamente asociado a la extracción y al abandono en una infraestructura pública para la regeneración ecológica, la innovación y la reconstrucción del vínculo entre energía, paisaje y comunidad. La arquitectura hace visible esta transformación mediante una materialidad renovable que convierte a la madera tecnificada en el soporte de una nueva identidad para Rungue: una identidad que sustituye la lógica del consumo irreversible del territorio por una cultura basada en la restauración, la colaboración y el cuidado del paisaje.
Las operaciones trabajadas en el proyecto, como, adherir expresa una ocupación respetuosa del patrimonio industrial, donde los nuevos volúmenes se vinculan con la antigua subestación sin competir con su presencia. Ritmar establece una secuencia espacial y estructural que ordena los recorridos, articula los programas y regula la relación entre espacios construidos y áreas abiertas. Enterrar integra parte de la intervención a la topografía, disminuyendo su impacto visual, mejorando el comportamiento térmico del edificio y reforzando la continuidad del paisaje.
Propuesta arquitectónica desde el material
La madera constituye el material fundante y el principal sistema constructivo del proyecto. Su condición de recurso renovable, su capacidad de prefabricación, su eficiencia estructural y su baja huella de carbono permiten desarrollar una intervención precisa, reversible y respetuosa del patrimonio existente. Al mismo tiempo, su expresión material introduce una dimensión cálida y biofílica que transforma una infraestructura industrial abandonada en un espacio orientado al aprendizaje, la colaboración y la regeneración ambiental.
La elección de la madera trasciende una decisión técnica y constituye una postura proyectual. Frente a un territorio históricamente asociado a la explotación intensiva de recursos y al deterioro ambiental, el proyecto incorpora un material capaz de almacenar carbono, reducir el impacto de la construcción y representar un nuevo paradigma de desarrollo sustentable. Su presencia establece un contrapunto con la permanencia del hormigón de la antigua subestación, haciendo legible el diálogo entre memoria e innovación, entre patrimonio industrial y nuevas formas de habitar y producir conocimiento.
Innovación de la propuesta
La lógica constructiva en madera tecnificada permite desarrollar una arquitectura ligera, modular y de alto desempeño ambiental, capaz de adaptarse a futuras transformaciones y responder a las exigencias de un programa dedicado a la investigación y la innovación. Su sistema prefabricado reduce los tiempos de ejecución y la intervención sobre el sitio, mientras que sus propiedades higrotérmicas contribuyen al confort de los espacios de trabajo y aprendizaje. Más que una elección material, la madera constituye el principio organizador del proyecto y la expresión física de una arquitectura orientada a la regeneración ecológica.
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