RE-ENCUENTRO EN EL BORDE COSTERO

Código de equipo: ARQ-1016

Universidad: Universidad de Artes, Ciencias y Comunicación.

Sede:  Los Jesuitas 559, Providencia (sede de Arquitectura, Diseño, Artes Visuales y Música).

País:  Chile

Ciudad: Santiago

Equipo:

Fernanda Castillo Zuñiga

Antonia Cardenas

Profesores guía:

Simón Pujadas

DOCUMENTOS ADJUNTOS

© Derechos reservados por sus autores intelectuales.

Video explicativo

Descripción general

Re-encuentro en el borde costero propone recuperar el vínculo entre comunidad, paisaje y territorio en Curaco de Vélez. La intervención se inserta sobre un humedal y sendero preexistentes, reconociendo su memoria y transformándolos en soporte de un nuevo recorrido comunitario. El proyecto articula tres programas: fitorremediación biológica del agua, educación ambiental vinculada a la cultura pesquera local y un centro terapéutico para niños con TEA. Mediante una arquitectura palafítica de madera, se generan espacios de encuentro, aprendizaje y bienestar que permiten volver a habitar el borde sin borrar sus huellas. La propuesta busca que la recuperación ambiental sea también una oportunidad para fortalecer la identidad local, el cuidado de la flora y fauna y la relación cotidiana de la comunidad con su territorio.

Fundamentación del proyecto

En 2024, el uso de antibióticos en la salmonicultura chilena alcanzó un promedio de 340 g por tonelada, llegando a 733,8 g/t en el caso de Invermar, empresa con presencia en Quinchao (Oceana, 2025; SERNAPESCA, 2024). Esta presión productiva se suma a la presencia de contaminantes que pueden afectar ecosistemas costeros y generar riesgos para el neurodesarrollo infantil (Tellerías & Paris, 2008). Frente a este escenario, el proyecto propone regenerar sin borrar: proteger el humedal, su flora y fauna, recuperar el sendero existente y devolverle un uso comunitario. La propuesta transforma este recorrido en un lugar de encuentro entre salud, educación y cuidado ambiental, incorporando además un espacio de apoyo para la infancia TEA, en respuesta a la falta de atención especializada presente en Chiloé (El Insular, 2025).

Estrategia de localización, emplazamiento y resolución programática y espacial

El proyecto reconoce el sendero preexistente como eje estructurador, conservando su trazado y extendiendo su capacidad de conectar comunidad, paisaje y mar. La intervención se eleva sobre poyos puntuales para respetar la flora, fauna, dinámica de mareas y condiciones del humedal, reduciendo el contacto directo con el terreno. El recorrido articula tres sectores: Zona A, Fitorremediación, donde la comunidad participa en procesos biológicos de recuperación del agua; Zona B, Educación y Cultura, vinculada a los oficios y conocimientos del borde costero; y Zona C, Centro Terapéutico TEA, próximo al entorno escolar. La arquitectura alterna espacios de encuentro y ámbitos protegidos de baja estimulación, utilizando luz cenital, marcos de madera y relaciones visuales controladas con el paisaje para construir una experiencia gradual de aproximación, permanencia y reencuentro.

Propuesta arquitectónica desde el material

La madera constituye el sistema arquitectónico, estructural y espacial de la propuesta. El edificio se eleva mediante poyos puntuales de hormigón y una plataforma de madera que permite responder a las mareas y reducir la intervención sobre el humedal. Sobre ella se desarrolla una estructura de pórticos de vigas y pilares de madera, complementada por Paneles SIP como sistema de cerramiento térmico y acústico. Al exterior, un revestimiento ventilado de madera local protege la envolvente frente a lluvia y salinidad, mientras los elementos estructurales quedan expresados en el interior, aportando ritmo, calidez y legibilidad constructiva. El hormigón se concentra en los sectores de contacto directo con el agua. Así, la madera no es un acabado, es el sistema que construye, ordena y da identidad al proyecto.

Innovación de la propuesta

La innovación de la propuesta está en re-habitar sin reemplazar. En lugar de borrar las huellas existentes, el proyecto conserva el sendero y el paisaje como soporte de una nueva capa arquitectónica que incorpora cuidado ambiental, educación, encuentro comunitario y bienestar infantil. La Zona A convierte la fitorremediación en una experiencia participativa; la Zona B recupera saberes y oficios vinculados al mar; y la Zona C incorpora un espacio terapéutico especializado para la infancia TEA. El conjunto funciona como una infraestructura comunitaria abierta, donde la recuperación del agua, el aprendizaje y la salud se encuentran en un mismo recorrido. La construcción prefabricada en madera permite intervenir de manera ligera, modular y adaptable, haciendo posible que el proyecto evolucione junto con el territorio sin borrar su memoria.

¡Comparte nuestro contenido!