Francisco Moure, director Concurso de Arquitectura y el desafío de “Rehabitar el abandono”

Francisco Moure, director del XXI Concurso de Arquitectura 2026 de Madera21.

El Concurso de Arquitectura Madera21 de CORMA abre una nueva convocatoria bajo la dirección de Francisco Moure, quien asume por segundo año consecutivo este rol. A su juicio, la edición anterior marcó un punto alto en participación y calidad de propuestas, lo que elevó el estándar para esta versión, que tiene como tema “Rehabitar el abandono”.

Arquitecto de la Universidad de Chile y master in Emerging Systems and New Technologies del Southern California Institute of Architecture, Moure ha construido una carrera que combina la docencia con la práctica profesional. Actualmente dirige el Magíster en Innovación y Diseño de la Universidad Adolfo Ibáñez, donde promueve una formación que amplía el campo de acción de la arquitectura.

Presentación proyectos seleccionados ante jurado del Concurso Arquitectura 2025 de Madera21.

Su trabajo ha estado fuertemente ligado a la madera, material que ha explorado de manera consistente. “Siempre me ha encantado la madera. El 90% de mis obras son en madera”, comenta, reafirmando una elección que cruza su desarrollo profesional y su mirada sobre la disciplina.

Para Moure, el escenario actual presenta nuevas exigencias para quienes egresan. El aumento de arquitectos y la transformación del mercado obligan a tomar un rol activo desde etapas tempranas. Para Moure, el desafío es aprender a detectar posibilidades donde otros no las ven. “Hay más oportunidades de las que se perciben, pero hay que saber encontrarlas”, plantea. En ese contexto, señala que la formación de futuros arquitectos debe incorporar herramientas que permitan a los estudiantes moverse con autonomía y criterio propio.

Un concurso que exige investigación

La nueva edición del Concurso de Arquitectura Madera21, propone trabajar sobre infraestructuras en desuso, instalando el desafío de entender cómo la madera, en muchos casos incorporada como material nuevo, se relaciona con estructuras existentes. “La pieza que eliges tiene una significación, y después viene cómo dialogas con ella”, explica Moure, poniendo el foco en una primera decisión que define el proyecto completo.

Jurado Concurso Arquitectura 2025 de Madera21.

Ese cruce abre un campo de exploración amplio, relata el director del concurso, pues la madera puede incorporarse de distintas formas, ya sea como masa, como elemento independiente o como parte de un sistema constructivo. También puede operar como revestimiento o asumir un rol estructural. Y cada elección implica una manera distinta de entender el material y su capacidad de transformación.

“Esperamos proyectos aún más innovadores que el del año pasado”, señala, junto con subrayar que la propuesta debe sostener un planteamiento claro. La relación entre lo nuevo y lo existente no es automática, requiere una toma de posición que se construye desde la investigación.

“El desafío está en cómo se produce ese encuentro – dice Francisco-. La intervención no parte desde cero, sino desde una condición previa que actúa como punto de partida”. En ese contexto, la madera no solo resuelve, también propone una nueva lectura del espacio, obligando a definir cómo se integra y qué rol asume dentro del conjunto.

Asimismo, “la innovación tiene que cruzarse con la ingeniería”, afirma. Este enfoque busca que las propuestas no solo respondan desde el diseño, sino que integren variables técnicas desde el inicio.

Ganadores del Concurso Arquitectura 2025 de Madera21 en Ceremonia de Premiación.

Concursos como entrenamiento profesional

Para Moure, los concursos son una forma de entrenamiento que acerca a los estudiantes a condiciones reales de trabajo. Participar implica definir una postura, sostenerla y llevarla a un nivel de desarrollo que pueda ser evaluado externamente.

“Es una forma importante de ganar proyectos cuando el encargo privado es más difícil”, explica, conectando esta práctica con el inicio de la vida profesional. La experiencia de concursar no solo expone ideas, también obliga a tomar decisiones y a estructurar propuestas con claridad.

Esa lógica fue la base del taller de concursos que impulsó junto al arquitecto Tomás Villalón en la Universidad de Chile, tras regresar de su posgrado. Durante un semestre completo, los estudiantes desarrollaban un proyecto con foco en competir, abordando desde la idea hasta su resolución técnica. El proceso culminaba con una evaluación interna que permitía seleccionar las mejores propuestas para enviarlas a certámenes reales. “Fue una experiencia súper entretenida y con muy buenos resultados (…) El primer concurso en el que participamos fue el de CORMA, que actualmente es el de Madera21”.

Para los estudiantes y jóvenes arquitectos, el concurso se presenta como una oportunidad concreta para avanzar en su desarrollo, plantea Francisco, destacando que es una forma de “empezar a hacer tu propio camino, que exige iniciativa y decisión (…) Hay que ir a buscar tus oportunidades”, agrega, reforzando la idea de que la autogestión es clave en el contexto actual.

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