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8 de Agosto, 2019

LABVA: el laboratorio de biomateriales que apuesta por la bioeconomía

Con el objetivo de restablecer una conexión material con el territorio y su cultura local y así posibilitar nuevas economías en la zona, hace dos años tres profesionales se unieron para crear LABVA, un laboratorio de biomateriales independiente, autogestionado y de código abierto en la ciudad de Valdivia, Región de Los Ríos.

La decisión de implementar un laboratorio de biomateriales en el sur de Chile no fue casualidad. Cuando los arquitectos María José Besoain y Alejandro Weiss, junto a la diseñadora Valentina Aliaga,decidieron emprender en este rubro, viajaron a varias ciudades y decidieron quedarse en Valdivia por su ecosistema único y la diversidad de recursos presentes de costa a cordillera, además de la existencia de una cultura y prácticas artesanales muy arraigadas.

Así, desde ese territorio, LABVA desarrolla diversos biomateriales con lo que existe en el terreno, por lo que su principal materia prima son los recursos naturales y antrópicos (desechos industriales y/o domiciliarios) que definen su entorno. “Hemos establecido una metodología de reconocer, recolectar, procesar y producir nuevos materiales que puedan ser aplicados sin impactar negativamente en nuestro medio ambiente y reconociendo las experiencias culturales del territorio”, explica Weiss.

Como detalla el arquitecto, este campo es bastante incipiente, por lo que los conceptos recién se están definiendo y puede que no exista unanimidad en la terminología. En LABVA entienden los biomateriales desde el territorio específico en el que se producen.

En estos dos años de funcionamiento, LABVA ha desarrollado una paleta de materiales que se agrupan en dos tipos: los cultivables, aquellos que hacen crecer en su laboratorio y que exigen un cuidado mayor para transformarlos en biomateriales, como los micelios y la celulosa bacteriana o scoby; y los aglomerados, de origen natural como los polisacáridos de algas (agar agar y alginato), almidones de tubérculos o gelatinas de restos de pescados.

Con ellos es posible crear bioplásticos (láminas) y biocompuestos (moldes) utilizando distintos rellenos de origen orgánico e inorgánico, obtenidos de las actividades productivas del territorio: industria cervecera, agro-forestal, pesquera y de recolección. De esta manera, trabajan con el bagazo de cerveza, orujo, cenizas, lana, conchas de moluscos y crustáceos. También trabajan con madera, pero de forma tangencial: utilizan micelios –aparato vegetativo de los hongos que les sirve para nutrirse– para descomponerla, ya que se alimentan de celulosa, y descartes de CNC como sustrato para hacer crecer sus muestras de micelios.

Como cuenta Weiss, todo esto lo desarrollan sin gran infraestructura. “Lo más interesante es que para realizar nuestra paleta de materiales no requerimos grandes equipamientos ni tecnologías “high tech”, sino más bien un espacio acotado y poco pretencioso tipo cocina, lo que posibilita una autonomía tremenda a la vez que empodera a comunidades y territorios a no depender materialmente de las industrias y poder generar soluciones a problemas del territorio con tecnologías apropiadas”.

Trabajo en red: vinculación con la academia y la economía local

Luego de desarrollar sus biomateriales, el objetivo de LABVA es divulgar el conocimiento a través de diversas plataformas, conferencias y talleres dictados tanto a público abierto como en universidades y colegios, y así apostar por generar cambios fundamentales en los paradigmas productivos. Por ello también generan vínculos con artistas, artesanos, diseñadores y arquitectos para promover el uso de estos biomateriales en sus propuestas. “Creemos que la esencia del desarrollo de biomateriales y biofabricación está en su relación territorial con sus recursos naturales y antrópicos. De esta manera, se deben establecer y crear lazos de colaboración con los distintos actores de la cadena o ciclo de los productos, tanto de la recolección o cultivo de un recurso como también de los desechos orgánicos e inorgánicos de las empresas”, explica Weiss.

Para promover el conocimiento, LABVA trabaja colaborativamente con diversas instituciones y organizaciones nacionales e internacionales de código abierto, con quienes comparten experiencias y resultados de sus experimentos e investigaciones. Estas son BIOFAB UC, laboratorio de biofabricación de la Universidad Católica; SYNBIOLAB, laboratorio de biología sintética de la misma casa de estudios; DLAB, de la Universidad San Francisco de Quito; y MATERIOM, plataforma internacional de recetas de biomateriales, que actúa como registro de sus experimentaciones, validándose así de manera internacional.

Como cuenta el arquitecto, este año han estado muy centrados en la divulgación y en la creación de sinergias en torno a este tema. Así, están potenciando una comunidad latinoamericana enfocada en los biomateriales y biofabricación, con la que han organizado una serie de actividades: en julio llevaron a  cabo un ciclo de conferencias y workshops en Ecuador junto a DLAB; en agosto participarán en otro seminario en Guadalajara, México; y en noviembre se realizará la segunda versión de la Semana de la Biofabricación, junto a la Red Fungi, que tendrá como sedes a Valdivia y Santiago. “Este encuentro busca levantar el conocimiento de personas, agrupaciones, estudios y laboratorios que trabajen con biomateriales y biofabricación en el país, con el fin de visibilizar y agrupar experiencias que permitan generar una masa crítica organizada que logre transformar culturalmente la relación material en la que vivimos”, cuenta Weiss.

Junto a lo anterior, el laboratorio acaba de lanzar un “programa de residencias de experimentación biometarial” que busca conectar a investigadores de diversa formación como científicos, ingenieros, diseñadores, artistas y artesanos, nacionales e internacionales, interesados en experimentar y aplicar procesos creativos y metodológicos asociados a nuevas materialidades.

Como explica Weiss, uno de los principales desafíos de LAVBA es estandarizar sus procesos para generar materiales estables y así obtener información precisa sobre las características de cada uno de ellos, como su elasticidad y resistencia. “También es fundamental lograr la sustentabilidad económica para poder continuar con este hermoso proyecto, así como seguir vinculándonos a artesanos, personas de oficio y diseñadores con nuestros materiales. Es una manera fácil de escalar y entender las características propias de cada biomaterial, así como una estrategia de difusión y divulgación muy potente”, concluye.

Labva se encontrará presente como participante en la Semana de la Madera 2019 (SDLM) que tendrá lugar en el Centro Cultural Gabriela Mistral del 4 al 8 de septiembre.


Escrito por Josefa Torres
Fotografías cortesía de LABVA

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