Sebastian Amaral, director XV Concurso de Diseño 2026 – Madera21
Hace seis años, Sebastián Amaral asumió la dirección del jurado del Concurso de Diseño de Madera21 de CORMA. Desde entonces, ha sido testigo de la evolución de una generación de estudiantes y del lugar que hoy ocupa el diseño en el desarrollo de la madera en Chile. Este 2026 nos cuenta sobre el foco del certamen que busca, a través del diseño, facilitar la vida de las personas con “El espacio público como refugio”.
Diseñador gráfico de formación, director asociado de IDEMAX y profesor del magíster en Innovación y Diseño de la Universidad Adolfo Ibáñez, Amaral se mueve entre la consultoría estratégica y el mundo académico. Esa doble experiencia ha marcado su mirada sobre el certamen. “En general toda mi práctica de diseñador ha tenido que ver de alguna manera con lograr que las cosas pasen”, dice.
“El diseño lo que hace es que vuelve materiales las ideas, hace que existan en el mundo. Y yo me dedico a eso, a que las ideas existan”, afirma. Para él, el diseño no es sólo la forma final de un objeto, sino el proceso que permite que una idea se articule, se ordene y se concrete.
En su trabajo en IDEMAX, el diseño cumple un rol metodológico dentro de las organizaciones. “La creatividad y las ideas, si no tienen diseño, simplemente no tienen cómo expresarse materialmente”, explica. Esa lógica es la que traslada al concurso, evaluar la forma, pero más importante aún, la coherencia entre concepto, estrategia y materialidad.

1er lugar XIV Concurso de Diseño 2025 Madera21
Para Sebastián, el Concurso de Diseño Madera21 de CORMA cumple un rol que trasciende la competencia académica. Es una vitrina que muestra lo que se puede hacer con el material y cómo el diseño puede incidir en la percepción pública. A través de prototipos, maquetas y proyectos, se amplía el conocimiento sobre la madera y sus aplicaciones. Cada edición instala preguntas y abre posibilidades, conectando a los estudiantes con una industria en transformación.
Durante estos seis años dirigiendo el certamen, Amaral ha observado cambios en la escala y en la comprensión del material. “Hoy día el diseño como disciplina está en su mejor momento”, sostiene. A su juicio, las empresas, las instituciones y los mercados han incorporado el diseño como factor de diferenciación y creación de valor y ese escenario también se refleja en el concurso. Si en sus primeras etapas -cuenta- predominaban objetos de menor escala, hoy aparecen propuestas que dialogan con el entorno, con el espacio público y con sistemas más amplios. “Hay una comprensión mucho mayor del potencial de la madera para el diseño que antes no existía”, indica.
La mirada del director del Concurso de Diseño
Para Sebastián Amaral, el diseño debe poner en el centro a las personas. “Entender que lo que hacemos tiene que ver con relaciones de uso”, señala, subrayando que todo objeto o sistema diseñado debe responder a cómo será vivido y utilizado. Esa mirada conecta de forma directa con el Concurso de Diseño Madera21 y con su actual temática, donde el foco está en la experiencia concreta de quienes habitarán los espacios, además de la forma.
En esa línea, introduce una idea que a su parecer suele generar confusión y que tiene que ver con que la estética no es un asunto superficial, sino que tiene que ver con comprensión. “Que sea lindo no significa que tenga dibujos o colores, significa que soy capaz de entenderlo”. Allí, afirma, se cruza la dimensión estética con una ética del diseño que busca facilitar la vida de las personas.

Jura Concurso de Diseño 2025 Madera21
A esa base se suma una mirada estratégica. Sebastián sitúa la madera en un contexto mayor, vinculado a sostenibilidad y creación de valor. “La madera tiene un valor para el país y para el mundo”, sostiene, y ese valor no se limita a la materia prima, sino que atraviesa toda la cadena productiva. En el concurso, explica, los estudiantes trabajan en la etapa final de esa cadena, donde el diseño puede transformar tableros y procesos en objetos con proyección.
Cuando un proyecto genera valor, no solo impacta en el aula sino también puede abrir nuevas capacidades industriales. A modo de ejemplo señala que “si esto puede ser atractivo para el mercado chino y las empresas tienen que invertir en una maquinaria que hoy día no existe, eso va a suceder”. Así, los concursos se articulan con innovación y desarrollo tecnológico, mezclando materiales, procesos y nuevas aplicaciones.
La última dimensión que destaca es la capacidad de concretar. No basta con una buena idea. “Cómo pasamos de la condición teórica a que lo que se diseñó pueda efectivamente materializarse”, resume. En ese tránsito aparecen las competencias técnicas y la cultura de hacer. Para Sebastián, el diseño sólo cumple su propósito cuando logra salir del papel y ocupar un lugar en el mundo.

Sebastian Amaral, director Concurso de Diseño; Jurado Concurso Diseño 2025
Espacio público como refugio
La temática de este año, “El espacio público como refugio”, abre un campo amplio de interpretación. “La palabra refugio tiene que ver con cómo yo me protejo”, explica. Esa protección puede responder a condiciones climáticas, a seguridad o a uso cotidiano. El desafío está en investigar el lugar, comprender a quienes lo habitan y diseñar desde esa realidad. El diseño, en ese sentido, debe partir por las personas y su experiencia y es enfático en señalar que “debe hacer sentido a quienes van a usarlo”.
En la evaluación de los proyectos, Amaral busca un punto de equilibrio. Por un lado, el valor conceptual. Qué problema aborda el objeto, a quién sirve, cuál es su sentido. Por otro, la viabilidad técnica. Si puede construirse, si responde a las condiciones reales del material.
“Es mucho mejor partir de una buena idea conceptual y después acomodarla a lo técnico, que partir por lo técnico”, señala. Por lo tanto, para el director del concurso, la madera debe ser una elección justificada, que equilibre el valor conceptual con el material. “Muchas veces los alumnos pecan de querer hacer todo de madera, (..) entonces con tal de no usar metal se las ingenian y yo les digo que quizás tiene que convivir con un herraje metálico, para unir unas piezas de madera. Pero la madera sigue siendo un elemento central”.
Para quienes evalúan postular, Amaral instala una palabra clave: ambición. No como exceso, sino como impulso por llevar una idea al máximo de su potencial. “Me encanta la palabra ambición”, comenta, porque para él “la ambición bien entendida tiene que ver con tratar de sacarle el máximo partido a todo”. En el contexto del concurso, eso implica pensar en escala, en proyección y en impacto.