Seis módulos privados y un volumen común conforman este refugio diseñado por el arquitecto chileno Pablo Larroulet. La obra utiliza madera de lenga, árbol icónico de la Patagonia, permitiendo “que la arquitectura no compitiera con el entorno, sino que se convirtiera en parte de este”, como señala su creador.
En lo alto de un valle de Puerto Natales, al final de una suave pendiente, una serie de volúmenes de madera se orienta hacia el paisaje austral. Son parte de AKA Patagonia, un hotel boutique proyectado por el arquitecto chileno Pablo Larroulet (LARROU) y construido por Braco Constructora.

El proyecto tiene una superficie de 300 m² y fue construido en 2019. Su programa se organiza en seis módulos destinados a habitaciones privadas y un séptimo volumen de uso común. Cada pieza fue pensada para relacionarse con el entorno y captar las condiciones particulares del lugar, desde las vistas hacia las montañas, volcanes y glaciares hasta la entrada de luz natural durante el día.
La elección de la madera ocupa un lugar central en esta arquitectura. La propuesta utiliza lenga, especie nativa de la zona, tanto en espacios interiores como en la envolvente exterior. El material llega incluso a las cubiertas, donde forma parte de una piel que protege la estructura frente a las condiciones climáticas del extremo sur.
Una arquitectura que toma la forma del territorio
Larroulet plantea AKA Patagonia a partir del encuentro entre elementos que forman parte de la geografía austral. Agua y glaciar, roca y montaña, árbol y tierra aparecen como referencias para una arquitectura que busca integrarse al paisaje.

Los quiebres de los volúmenes remiten a las formas que aparecen en el horizonte de Puerto Natales. Desde el emplazamiento, el paisaje se extiende frente a las habitaciones y al espacio común, de modo que la arquitectura funciona como un marco para observarlo.
La relación con el terreno también determinó la forma de construir. Los seis módulos prefabricados fueron elaborados en un astillero y posteriormente trasladados para su instalación. El conjunto se levantó sobre pilotes, una decisión que permitió reducir la intervención sobre el suelo existente.
La prefabricación también permitió trabajar en un espacio protegido de las condiciones climáticas de la Patagonia. Según la descripción del proyecto, el proceso completo de construcción tomó cerca de tres meses y contó con coordinación mediante tecnología BIM.
Lenga para construir una envolvente que cambia con el tiempo
La lenga define la expresión exterior de AKA Patagonia. Para la fachada se utilizó madera natural, dejando que el material quede expuesto al clima austral y adquiera progresivamente una tonalidad grisácea, acercándose visualmente a los colores del suelo patagónico. De esta manera, el paso del tiempo modifica la apariencia del edificio y reduce su contraste con el entorno.

La elección de Lenga también responde a las características del territorio, ya que crece en suelos pobres y está adaptada a climas fríos y fuertes vientos, condiciones presentes en esta zona austral.
Para resolver la estructura y la fachada, dadas las condiciones remotas del emplazamiento, se empleó pino impregnado predimensionado. En los interiores se incorporó lenga reciclada, material que también se utilizó como revestimiento de la cubierta. La propuesta contempló además una fachada ventilada.
El resultado es una envolvente donde la madera adquiere continuidad entre distintas partes de la obra. La intención declarada por el arquitecto fue que ningún otro material quedara visible en la envolvente.
Siete módulos para habitar la Patagonia
La distribución separa las áreas privadas del espacio compartido. Las seis habitaciones cuentan con grandes ventanales y terrazas orientadas hacia el paisaje. El séptimo módulo, de mayor tamaño, reúne cocina, comedor, áreas de descanso y espacios para compartir entre huéspedes.

Los dormitorios están concebidos para mantener la relación visual con el exterior. Grandes paños de vidrio recorren las fachadas frontales desde el suelo hasta el techo y permiten observar las montañas y el valle desde el interior. La disposición de los módulos también fue definida para aprovechar la luz natural disponible durante el día.
El módulo común funciona de manera diferente. Su cubierta invertida rompe con la pendiente de un solo lado que caracteriza a las cabañas y genera un interior de mayor altura, con planos inclinados que amplían la percepción del espacio. Sus ventanales se orientan hacia el valle y los fiordos.
El interior mantiene una propuesta contenida, donde la arquitectura actúa como marco para el paisaje. El comedor compartido permite reunirse, descansar o planificar recorridos hacia las Torres del Paine, mientras el resto del volumen está destinado a permanecer y contemplar el entorno.
La decisión de fabricar los módulos fuera del terreno permitió trasladar al lugar piezas previamente construidas. A ello se sumó el uso de pilotes y una planificación apoyada en tecnología BIM. El sistema permitió organizar la obra desde una lógica modular y reducir las faenas directamente sobre el terreno.