Alrededor de 1,5 toneladas de madera están siendo transformadas en un Caballo de Troya que alcanzará los cinco metros de alto, cinco de largo y 2,5 de ancho. El trabajo corresponde a los estudiantes que participan del curso electivo “Construcción en Madera: Oficio Carpintero y Arquitectura”, de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad de Chile, cuyo objetivo es acercar a los futuros arquitectos a experimentar con madera a escalas antes inimaginables. El resultado será exhibido en ExpoCorma 2026, del 18 al 20 de noviembre.
Como “una verdadera Odisea” califican la construcción del Caballo de Troya los académicos de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad de Chile, Diego Montoya y Gabriel Felmer. Junto al ayudante del curso, el arquitecto Santiago Sierra, articularon las dos versiones semestrales del electivo “Construcción en Madera: Oficio Carpintero y Arquitectura” para abordar el desafío de trabajar con 47 estudiantes por semestre y transformar 168 piezas de madera de 2 x 8 pulgadas, de clasificación estructural C12, seca y cepillada, en una estructura de cinco metros de alto, por cinco de largo y 2,5 de ancho. Nada más y nada menos que 1,5 toneladas.

El curso nace de una inquietud académica. Para los profesores, enseñar construcción en madera requería algo más que revisar sus principios y sistemas constructivos mediante presentaciones. Había que poner a los estudiantes frente a la materia y hacer que las decisiones de diseño tuvieran consecuencias concretas. Para los académicos, el contacto directo con el material permite recuperar una dimensión primaria del aprendizaje arquitectónico. Antes de diseñar una solución, los estudiantes pueden sentir cuánto pesa una pieza, cómo responde al ser trabajada, solicitada o curvada y qué ocurre cuando un encuentro no funciona como estaba previsto. El aprendizaje aparece mientras se fabrica.
El Caballo de Troya es la excusa para desarrollar una experiencia a escala real que enfrenta a los estudiantes a un desafío constructivo y genera aprendizajes que podrán trasladar posteriormente a otros proyectos de arquitectura en madera. Diego Montoya explica que uno de los conceptos que inspira la experiencia es la “constructividad”, término inspirado en el trabajo y las enseñanzas del profesor Luis Goldsack, que apunta a “los atributos que tiene el diseño arquitectónico, para poder ser construido”. Para el académico, un diseño puede estar correctamente dibujado y, sin embargo, resultar difícil de materializar o inviable si no considera el espacio que necesita una herramienta, la altura disponible para trabajar o la secuencia en que una pieza debe ser instalada.
A esa mirada constructiva se suma, para Gabriel Felmer, la necesidad de ampliar la manera en que los futuros arquitectos entienden y utilizan la madera. “Queremos abrirles las posibilidades de hacer cosas con madera, que son ilimitadas”, plantea. El académico destaca que ese campo se ha ampliado con el desarrollo de la industria y la incorporación de nuevas tecnologías, como productos de madera de alta ingeniería, entre ellos la madera laminada o contralaminada, junto con nuevos sistemas de fabricación y maquinaria especializada.

La madera utilizada para el Caballo de Troya fue donada por la Forestal Yukon, de la zona de Talca y el adhesivo de poliuretano expansivo empleado en la fabricación de algunos elementos laminados y contralaminados del proyecto, fue aportado por Oxiquim. Para los acabados de barnices Enko contribuirá con su línea de productos MilesiI.
El Laboratorio de Prototipos de Materiales de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad de Chile también ha acompañado el proceso, aportando herramientas, orientación, apoyo de estudiantes y capacitaciones en seguridad.
Aprender con las manos
La referencia a La Odisea no es casual. El caballo de Troya funciona como una forma de ingresar a un territorio que para los estudiantes debe dejar de ser abstracto. La escala del proyecto cambió las reglas. El peso comenzó a importar, también el tiempo, las herramientas, la precisión de la fabricación y la manera en que un grupo numeroso podía organizarse para construir una estructura común, a partir de múltiples componentes.
Durante el primer semestre participaron 47 estudiantes. Y su entusiasmo acompañó el proceso desde el comienzo. Varios trabajaron voluntariamente durante las vacaciones y otros tantos se sumaron por el placer de aportar. El curso del segundo semestre se volvió a copar con 47 nuevos alumnos demostrando que la experiencia encontró respuesta entre quienes buscan una aproximación práctica a la construcción en madera.

La asignatura partió con clases teóricas. “Cómo funciona la madera, los ensambles, el movimiento, cómo curvar la madera, cómo usar las herramientas. Y luego hicimos clases de experimentación con el material: quemamos madera, torcimos madera, hicimos de todo.”, cuenta Diego. Los estudiantes trabajaron con madera sometida a distintas condiciones, fabricaron elementos laminados y microlaminados e incluso, “construyeron un vaporizador artesanal para someterla a vapor y lograr las piezas curvas requeridas para la obra”, agrega Gabriel.
El proceso obligó a trabajar con una escala que exige paciencia. Una parte importante del primer semestre estuvo destinada a dimensionar y preparar la madera, encolar y prensar elementos laminados y cepillarlos antes de comenzar con los encajes y el montaje. Para los estudiantes, el ritmo de la obra es parte del aprendizaje. El proyecto exige detenerse, revisar lo realizado y volver a fabricar cuando es necesario.
Cada sección del caballo ha requerido desarrollar soluciones diferentes. El cuello, por ejemplo, permitió explorar dos aproximaciones. Una de sus curvas se desarrolló mediante curvado con vapor y laminación de piezas de pequeña sección, mientras otra fue construida mediante una solución facetada, a partir de una estructura semejante a una columna vertebral.
La organización del trabajo también forma parte de lo que los profesores buscan transmitir. Construir un elemento de esta escala con un equipo numeroso obliga a coordinar procesos, compartir decisiones y comprender que cada pieza debe responder a una secuencia de fabricación y montaje.

Los estudiantes se distribuyeron en grandes grupos que avanzan simultáneamente en distintas partes. Uno trabaja en las patas traseras; otro, en las patas delanteras, el cuello y la cabeza; otro aborda el tronco; mientras los restantes avanzan en la base del carro, las ruedas y los elementos de detalle.
La estructura se convierte así en una especie de ensayo a escala real. Una oportunidad para que los estudiantes conozcan la madera desde sus posibilidades y también desde sus exigencias. Y en ese proceso aparece una transformación que no está en los planos. Al enfrentarse directamente con la materia, los estudiantes aprenden a reducir la distancia entre lo que imaginan, lo que dibujan y aquello que efectivamente pueden fabricar y montar.
La Odisea continúa
En la FAU continúan las últimas etapas de fabricación. La madera ya transformada en piezas espera el momento del montaje, cuando los elementos que durante meses fueron trabajados por separado deberán integrarse en una única estructura.
La obra deberá estar terminada a principios de octubre para su presentación en la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad de Chile.
En noviembre y después de meses de trabajo, el caballo dejará el espacio donde comenzó a construirse y emprenderá su viaje hacia Concepción para ser exhibido en ExpoCorma 2026. El traslado también forma parte del aprendizaje. Por sus dimensiones y peso, el proyecto deberá considerar una estrategia de desmontaje, transporte y posterior remontaje, además de maniobras de izaje mediante grúa, aspectos que ya forman parte de la planificación constructiva del proyecto.
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