19 de Abril, 2018

Adoquines de madera: una tradición europea que también llegó a Chile

Tienen sus orígenes en urbes europeas del siglo XIX, como Londres, y es una tradición que llegó a Sudamérica e incluso a Chile, donde fueron instalados en las cercanías de edificios patrimoniales.

Popularmente conocida por dar vida a construcciones arquitectónicas y mobiliarias, en el siglo XIX la madera también fue un material que se utilizó para pavimentar las calles. Esto, como parte de diversos experimentos realizados para poder entregar mejores superficies a los carruajes, que hacia 1800 tenían un uso bastante masificado en las grandes urbes.

Así, bloques rectangulares y particularmente hexagonales, fueron utilizados para cubrir varias extensiones de tierra por las que pasaban los caballos y, de hecho, aún es posible encontrar calles de Londres en las que permanecen los bloques de madera.

Una de las características por las que se decidió optar por la madera fue que generaba menos ruido que los adoquines de piedra cuando pasaban los carruajes. Es por esto que en 1839 se realizó un primer experimento en el que se reemplazó el granito por bloques en la carretera que pasaba por fuera del Old Bailey, el Tribunal Penal Central de Inglaterra y Gales y en el exterior de la iglesia de St Jame’s en Piccadilly.

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Sin embargo, con el paso del tiempo comenzaron a surgir dudas debido al rápido desgastamiento del material y expansión a causa de la acumulación de humedad. Además, presentaba ciertas desventajas, sobre todo respecto a la acumulación de barro y al olor que se producía por la orina de caballo en días calurosos.

A pesar de lo anterior, era la principal alternativa de pavimentación en Londres, y comenzaron a importar madera desde Canadá, Escandinavia y Australia. Ésta última presentaba una alta resistencia y durabilidad.

Finalmente, hacia 1850 los adoquines de madera alcanzaron una gran popularidad a partir de una nueva técnica. De esta forma, se ubicaba una capa de tablones sobre una base de concreto y sobre ellos, los adoquines en posición vertical. Luego entre ellos se vertía un líquido en base a asfalto para evitar que se expandieran con el agua.

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Hacia fines de 1800 se comprobó que la madera tenía un mejor rendimiento frente a los carruajes y que los caballos podían viajar más lejos. Y, en caso de tropiezo, las lesiones de los animales eran menores que en superficies de granito.

Ante esto, se desarrolló una industria en torno a los adoquines de madera, ya que era necesario cortarla e instalarla. Y en torno a los años ‘60 el uso de estos elementos en Londres alcanzó su máximo esplendor. Actualmente es posible encontrar una calle que aún mantiene esta técnica de pavimentación, se trata de Chequer Street.

Una tradición que llegó a Chile

Chile también recibió esta tradición de adoquines hechos con madera. Y así lo relata el escritor nacional Roberto Merino, quien en su libro Santiago de Memoria recuerda cómo la Calle 18 era posible encontrarlos en los años 60. “Tuvo adoquinado de madera, para los carruajes que hacían la vuelta desde el Parque Cousiño”, señala en el texto.

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Otro teórico chileno que también coincide con Merino es el académico del departamento de Arquitectura de la Universidad de Chile Rodrigo Booth, quien en el texto Higiene Pública y Movilidad Urbana en el Santiago de 1900 afirma que esta técnica de pavimentación era más bien utilizada por aquellos sectores más adinerados. “El adoquín de madera, en boga en calles donde habitaba la alta burguesía santiaguina, como la calle Dieciocho, si bien aminoraba los problemas de ruido, se volvía jabonoso tras la lluvia o el lavado, al tiempo que no era posible garantizar su impermeabilidad lo que implicaba que la madera pudiera impregnarse de la orina animal”, afirma.

Además de Chile, Estados Unidos también utilizó los tradicionales adoquines. De hecho, en Pittsburgh aún es posible encontrar más de 1,500 km2 de vías cubiertas por ellos. Una de ellas es Roslyn Place, la última calle de madera de la ciudad, construida en 1914. En ella la pavimentación tardó cerca de seis meses.


Fuente e imágenes: Pittsburgh Magazine / London History Group

 

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