Café El Ulmo: un proyecto que encontró respuesta en la madera

Ubicado en las Termas de Aguas Calientes, acceso al Parque Nacional Puyehue, el Café El Ulmo fue construido mediante un sistema industrializado de madera laminada que permitió responder a las exigencias de un entorno natural de alta sensibilidad, mantener en funcionamiento el Hotel Puyehue durante las obras y concretar una iniciativa que por años no había encontrado una alternativa constructiva viable.

“Pudimos ajustarnos al presupuesto y a los tiempos, y el proyecto por fin se hizo” cuenta Ignacio Durruty, gerente general y fundador de Furō. La frase resume parte de la historia del Café El Ulmo, que hoy se encuentra al costado poniente del camino, en las Termas de Aguas Calientes. La ubicación de este nuevo espacio gastronómico responde a una propuesta que busca reunir distintos espacios hasta ahora desvinculados entre sí (edificio de CONAF, la piscina termal techada, la bajada hacia la piscina exterior sobre el río Chanleufu y el puente colgante), en torno a una nueva plaza concebida como el centro del recinto para quienes visitan el Parque Nacional Puyehue o continúan rumbo a Antillanca.

Durante años, Inmobiliaria Tánica impulsó distintas propuestas arquitectónicas y sistemas constructivos para levantar la nueva cafetería, aunque ninguna lograba ajustarse al presupuesto disponible ni a las condiciones de un recinto turístico que debía permanecer en funcionamiento durante toda la etapa de edificación.

Ese contexto también definió la manera en que debía construirse el edificio. La necesidad de intervenir un recinto turístico en funcionamiento, disminuir la intervención en el lugar y ajustarse al presupuesto llevó a optar por un sistema industrializado en madera. «Esa es la primera gran ventaja de Furō -afirma Ignacio Durruty-. Factibilizamos un proyecto que con otros sistemas constructivos no era viable». El proyecto fue diseñado por la oficina de arquitectos DUPLA. Furō desarrolló la ingeniería y el sistema constructivo; el proyecto eléctrico estuvo a cargo de I-Sat Ingeniería y la madera laminada estructural fue suministrada por Arauco.

La solución constructiva

La obra se desarrolló a partir del sistema constructivo creado por Furō, basado en marcos prefabricados de madera laminada estructural con aislación incorporada que se montan de manera consecutiva, cada 60 centímetros, hasta conformar longitudinalmente el edificio. La industrialización permitió fabricar todos los elementos en la planta, ubicada en la Región Metropolitana, desde donde salieron completamente preparados para su montaje, sin requerir maquinaria pesada ni mano de obra especializada en terreno.

El cálculo estructural respondió a soluciones eficientes en madera laminada para dar soporte a la propuesta arquitectónica. La estructura principal utiliza madera laminada suministrada por Arauco, cuyos marcos, vigas y componentes estructurales fueron protegidos desde fábrica antes de ser enviados a obra. Posteriormente, las terminaciones fueron tratadas con pintura Behr 5 en 1, aplicada sobre el revestimiento interior de pino clear machihembrado y la terraza ejecutada con madera impregnada antideslizante.

 La arquitectura desarrollada por DUPLA alternó distintas geometrías y pendientes de cubierta dando origen a una secuencia de grandes lucarnas, que generan el ritmo volumétrico en el edificio alternando hermeticidad y transparencia. La luz natural penetra en el interior, mientras las aperturas enmarcan el paisaje y establecen una relación permanente con la nueva plaza. «Adaptamos la metodología Furō a un diseño externo y no estándar, con marcos distintos y pendientes variables», explica Durruty.

El edificio alcanza cinco metros de altura, ocho metros de luces estructurales y una superficie de 240 metros cuadrados, que cumple con la exigencia de resistencia al fuego F-60. Hacia el norte se resolvió con una envolvente completamente hermética para protegerse de la lluvia, mientras el revestimiento metálico oscuro dialoga con las edificaciones existentes. En contraste, el interior deja la madera expuesta y la prolonga hacia las terrazas y el mobiliario que ocupan la plaza.

La envolvente térmica incorpora la aislación dentro de cada panel. Durante la construcción se utilizó aislapol y actualmente Furō evolucionó esa solución hacia lana de oveja como parte del desarrollo de su sistema constructivo. El edificio incorpora además termopaneles de doble vidrio con cámara de aire, mejorando el desempeño térmico y acústico del espacio.

Construir sin detener la operación del hotel

«El hotel no podía dejar de funcionar, así que trabajamos con la exigencia de generar el mínimo ruido, polvo y residuos, y de ser lo menos invasivos posible mientras seguía recibiendo huéspedes», relata Ignacio Durruty.

A esa exigencia se sumó otro desafío. «Que la obra avanzara sin frenarse durante el invierno lluvioso del sur fue una prueba en sí misma y una demostración práctica de la metodología Furō», agrega. La utilización de paneles prefabricados permitió prescindir de la obra húmeda y continuar el montaje sin depender del hormigonado en terreno. Así el proyecto demandó alrededor de nueve meses, entre la fabricación de los paneles y el montaje, para convertirse en el Café El Ulmo, que actualmente es parada obligada de turistas que acceden al Parque Nacional Puyehue.

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