La innovación en biomateriales suma un nuevo paso. CMPC Venture ingresó a una ronda de financiamiento de la startup Rubi Laboratories, que desarrolla tecnología para crear textiles de origen biológico a partir de emisiones de CO₂. La operación impulsa la expansión de su plataforma, con el objetivo de avanzar hacia una industria textil más responsable y sostenible.
Con base en San Francisco, Estados Unidos, Rubi trabaja en una solución que integra la biotecnología a la industria textil. Su propuesta se apoya en un sistema de biocatálisis que utiliza enzimas —optimizadas con inteligencia artificial— para transformar dióxido de carbono capturado en celulosa pura. Este material se utiliza luego como base para fibras como viscosa o lyocell, integrándose en procesos productivos ya existentes.
Su foco está en cambiar el origen de las materias primas. En lugar de depender de recursos tradicionales, la tecnología convierte carbono residual en insumo industrial. A esto se suma un modelo de producción modular, que puede instalarse en distintos territorios y acercar la manufactura a los centros de demanda.

En este escenario, el principal reto deja de estar en la validación científica y se traslada a la escala productiva. El desafío es industrial. La capacidad de llevar esta tecnología desde pilotos a volúmenes relevantes para la industria marca la diferencia entre innovación y adopción masiva.
El avance de Rubi apunta precisamente en esa dirección. La compañía reporta acuerdos de compra por más de US$ 60 millones con marcas y fabricantes del sector, junto con pilotos que avanzan hacia etapas de producción a mayor escala. Este tránsito valida desempeño técnico y abre espacio para su implementación en cadenas de suministro globales.
Desde CMPC Ventures, la decisión de invertir se vincula con ese punto de inflexión. La compañía identificó avances consistentes en producción y escalamiento, junto con señales claras de demanda. “Lograron producir una fibra textil 100% a partir de enzimas que ha demostrado cumplir con los estándares de desempeño de la industria, generando un momentum muy significativo”, señaló a El Mercurio, Bernardita Araya, gerenta de CMPC Ventures.
La apuesta, que responde a una innovación tecnológica, abre a la oportunidad de participar en su despliegue industrial. Para CMPC, con trayectoria en celulosa y soluciones basadas en fibra, el desarrollo de nuevas materias primas abre una línea de continuidad hacia la industria textil, ampliando su alcance en biomateriales.
El financiamiento de Rubí incluye además a actores del ecosistema global, entre ellos H&M Group, lo que evidencia una presión creciente por transformar la cadena de suministro textil.

Ese contexto es clave. La industria de la moda se ubica entre las más intensivas en recursos y emisiones. Diversos reportes internacionales estiman que genera entre el 8% y el 10% de las emisiones globales de CO₂, mientras que cerca del 20% de las aguas residuales industriales provienen del teñido y tratamiento de textiles.
El modelo de consumo basado en la moda rápida — grandes volúmenes de ropa barata, de tendencias transitorias, que prioriza la velocidad sobre la calidad y el medio ambiente — aporta a la generación de 92 millones de toneladas de residuos textiles anuales a nivel global que acaban en vertederos o incinerados. De mantenerse esta tendencia, el volumen podría escalar hasta 134 millones de toneladas por año hacia el cierre de la década.
Frente a ese escenario, soluciones como la de Rubi buscan intervenir el origen del problema. La posibilidad de fabricar fibras a partir de carbono capturado abre una vía para reducir emisiones y replantear la base material de la moda.