“El Bosque Domesticado” y la relación de la arquitectura con la materia

“El Bosque Domesticado”, el pabellón desarrollado por MADLab de la Universidad Autónoma de Temuco, con apoyo de Fondart, abrió en el Parque Isla Cautín una discusión sobre cómo se construye hoy con madera. La obra combina trozas de roble nativo y fabricación digital para acercar la arquitectura a la materia y volver a mirar el bosque desde la tecnología.

En medio del Parque Urbano Isla Cautín, una serie de troncos bifurcados sostienen una cubierta de madera industrializada que parece haberse derramado sobre ellos. No hay un acceso definido ni una única forma de recorrerlo. Algunos visitantes se acercan con cautela. Otros levantan la vista buscando entender cómo se sostiene. Hay quienes tocan la superficie para comprobar si aquello es realmente madera.

Las preguntas quedan suspendidas entre las columnas de roble y la cubierta laminada mientras el bosque del parque rodea la instalación. Allí, entre árboles introducidos y especies nativas convertidas en estructura, la obra parece volver constantemente sobre una misma idea. La tecnología puede transformar la madera, pero también puede crear a partir de su propia materialidad y características.

Así comienza la experiencia de “El Bosque Domesticado: diálogos entre tecnología y materia”, el pabellón desarrollado por el laboratorio MADLab de la Universidad Autónoma de Chile, una obra financiada por FONDART que instaló en el espacio público una conversación sobre arquitectura en madera y fabricación digital, que pone en el centro la relación con la materia. Que más que entregar respuestas, abre la discusión.

La iniciativa fue encabezada por la arquitecta Mariela Reyes, directora del proyecto y MArch de la Architectural Association de Londres. La manufactura estuvo a cargo de Michael Arnett, máster en Arquitectura de la University College London, mientras que el soporte en fabricación fue desarrollado por la diseñadora industrial Yulisa Mosqueira. A ellos se sumó el arquitecto coordinador Ángel Arroyo, magíster en Diseño de Entornos Sostenibles de la Universidad Austral de Chile. El proceso también contó con la participación de estudiantes y ex alumnos de la Universidad Autónoma, quienes colaboraron en distintas etapas de fabricación y montaje del pabellón.

Mariela Reyes lo describe como “una pregunta materializada”. La definición no aparece como una metáfora casual. Durante la conversación, Mané -como es conocida en los pasillos de la Universidad- vuelve una y otra vez sobre la idea de que la arquitectura suele distanciarse del origen de los materiales con los que trabaja. El pabellón nació precisamente desde esa inquietud. “Nos cuestionamos qué puede ser material de arquitectura hoy”, explica. “La madera que llega a obra ya viene estandarizada, dimensionada, cortada. Nosotros quisimos volver a mirar el árbol”.

La estructura

La estructura está compuesta por trece bifurcaciones de roble, provenientes de trozas no aserrables de bosques de la comuna de Lanco en la Región de Los Ríos, “y sobre esas trece trozas hay una loza grande de madera CLT, elaborada por el mismo MadLab, que es esta madera de ingeniería. Dos materiales muy distintos y uno sustenta al otro”, cuenta Mané. Las piezas inferiores no fueron transformadas para ocultar su naturaleza; conservan curvas, tensiones y aperturas que pertenecen al crecimiento del árbol. Sobre ellas descansa la cubierta diseñada digitalmente para adaptarse a cada una de esas geometrías irrepetibles.

Ahí aparece una de las decisiones centrales del proyecto. Mientras la lógica tradicional obliga a que la materia se adapte al diseño, en El Bosque Domesticado ocurre lo contrario, “la madera más tecnológica viene a acomodarse a aquello que no puede cambiar”.

La escena produce una lectura inmediata. Las columnas parecen sostener algo que procede de otro tiempo material. Debajo permanece el bosque. Arriba aparece la ingeniería contemporánea. Entre ambas capas surge el diálogo que organiza toda la obra.

Desde lejos, el pabellón recuerda los dibujos infantiles de árboles. Desde cerca, aparecen las marcas del mecanizado robótico, las uniones digitales y las nervaduras de la cubierta laminada. La pieza oscila entre lo natural y lo manufacturado.

La tecnología

La tensión antes descrita atraviesa también el trabajo de MADLab, el laboratorio creado en 2019 por los arquitectos Mariela Reyes y Michael Arnett dentro de la Universidad Autónoma de Temuco. El espacio surgió con la intención de incorporar robótica y manufactura avanzada a la enseñanza de arquitectura y construcción en madera en Chile.

El laboratorio reúne maquinaria industrial para procesamiento de madera, sistemas CNC y un brazo robótico de seis ejes utilizado para fabricación digital. “Nos interesa cómo la tecnología puede acercarnos nuevamente a la materia”, señala la arquitecta.

Así, el equipo comenzó a trabajar con productos forestales que normalmente quedan fuera de la cadena industrial. Trozas curvas, bifurcaciones y piezas que no encajan en los estándares tradicionales empezaron a ser escaneadas digitalmente para transformarse en creaciones.

En el caso del pabellón, cada troza fue digitalizada mediante fotogrametría y traducida a información geométrica. “En vez de estandarizar el material, estandarizamos el proceso con el cual trabajamos ese material. No esculpimos ninguna de las trozas. Le dimos un código de programación, un diseño paramétrico que me permitió trabajar con él. (…) Después, digitalmente extraemos la información de esa geometría. Por eso es que hay mucha tecnología”, cuenta Mané.

El diseño paramétrico permitió que cada bifurcación mantuviera su singularidad mientras el sistema digital organizaba la fabricación. El robot no necesitaba árboles idénticos. Necesitaba instrucciones.

Esa lógica aparece también en el nombre de la obra. “El bosque domesticado” no habla de dominación absoluta. Habla de negociación. De una domesticación parcial donde la naturaleza conserva parte de su condición original. Las trozas fueron cortadas, mecanizadas y preparadas para entrar en un espacio arquitectónico, pero siguen siendo reconocibles como árboles. “La madera es un ser salvaje – dice Mané en medio de la conversación-. La idea era trabajar con ella sin borrar su naturaleza”.

La discusión se trasladó al espacio público apenas fue inaugurado el pabellón. Algunos visitantes preguntaron si las piezas habían sido impresas. Otros cuestionaron su utilidad. Hubo quienes simplemente permanecieron debajo de la cubierta observando las uniones. Para Mariela, esa reacción confirma el sentido de la obra. “No buscamos solamente hacer un objeto -explica- Queríamos generar discusión”.

En ese punto, el proyecto se mueve entre tecnología y arte. No responde del todo a ninguna de esas categorías y tampoco parece interesado en hacerlo. El pabellón funciona como un dispositivo abierto donde cada visitante completa parte del relato.

La propia arquitecta describe la obra como un espacio donde las preguntas importan más que las certezas. “¿Cómo estamos construyendo? ¿Con qué estamos construyendo? ¿Cómo concebimos la materia? ¿Qué tan cercanos somos los arquitectos a la materia? -y se responde- No la incluimos [la materia] hasta que el proyecto está terminado. Y la geometría de la materia debería indicar qué tipo de proyecto surge de ella misma”.

Imágenes Mariela Reyes, Michael Arnett y Angel Arroyo MADLab – U. Autónoma de Temuco

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