;

El primer lugar del concurso de Innovación en la SDLM 2020 destaca por ser un producto inclusivo y tener una producción sustentable

free talk (7)

28 de Septiembre, 2020

La mascarilla Free Talk es inclusiva porque gracias a su visor traslúcido permite la lectura de labios para personas hipoacúsicas. También se adhiere a la bioeconomía por sus materiales: madera ultraliviana para el marco y un biopolímero de madera pulverizada y algas para el visor. La propuesta, diseñada y fabricada por el equipo Construcción Tecnológica Sostenible Sustentable (CTSS), obtuvo el primer lugar en el concurso de Innovación de Madera21 de Corma, tanto por elección del jurado como por votación del público.

Son universitarios y postularon al concurso de Innovación en la Semana de la Madera 2020. La autoría de Free talk: bio mascarilla inclusiva, sustentable de madera ultraliviana está bajo el nombre de Javiera Uribe, estudiante de pedagogía general básica en Universidad Católica; Franco Galli, egresado de arquitectura en Universidad San Sebastián; y Francisco Molina, licenciado en Arquitectura en Universidad de Concepción. Postularon el proyecto como CTSS, Construcción Tecnológica Sostenible Sustentable, una entidad autónoma creada por ellos mismos. Se trata de una agrupación “interdisciplinar e interuniversitaria” donde participan estudiantes y profesionales de diferentes carreras y universidades.

Con la bio-mascarilla inclusiva el equipo CTSS fue premiado con el primer lugar en el concurso de Innovación de Madera21 en la Semana de la madera 2020 tanto en la elección del jurado como en la votación online del público. Molina atribuye este doble triunfo a que el proyecto presentado “generó un impacto en la idea de fabricar una mascarilla en base a madera, porque se desconocen sus bondades como material. Frente al COVID-19 hay que mirar más allá de lo obvio, de lo que está, y empezar a mirar los recursos que tenemos. Y en ese caso aquí en Chile tenemos mucha madera”.

Un marco de madera con forma ergonómica

Se compone de un marco de madera y un visor con biopolímero de madera pulverizada y algas / Francisco Molina

Respecto a las características técnicas y proceso de fabricación del producto, la mascarilla se compone de un marco de madera que contiene en su interior un baño de cobre puro, una pantalla traslúcida y un filtro. Molina reconoce que la obtención del marco de madera fue un punto difícil de abordar. Para conseguir el peso ideal probaron con varios paneles de madera aglomerada (terciado y MDF) y los “vaciaron”, es decir, extrajeron el contenido y quedó solo la carcasa del tablero. “De todas resultaba una cáscara muy liviana”, señala.

Han trabajado en dos diseños estándar, donde el tamaño aproximado es de 2,5 cm de profundidad de la mascarilla, un alto de 11 cm, un ancho de 10 cm en la parte baja, y un grosor del marco de 0,9 mm.

Otro aspecto complejo fue conseguir la forma ergonómica de la mascarilla, es decir, una forma estándar que se amoldara a todo tipo de rostro. También la comodidad y que el usuario se sintiera seguro, es decir, que la mascarilla protegiera.

Para conseguir que un material rígido como la madera se adaptara a la forma de la cara se aplicó un colchón detrás del marco de madera que sostiene el visor, lo que hace que la mascarilla se acomode al rostro. “Esa etapa fue bastante compleja. Hicimos muchas pruebas, en muchas caras. Investigamos también en clínicas: fuimos a preguntarle a doctores sobre qué les parecía, dónde les molestaba, si les molestaba para los lentes. Fueron respuestas que nos dieron luces de cómo debía ser el diseño”, explica Molina.

Pantalla de aserrín de madera pulverizado

Esta mascarilla contiene una pantalla translúcida, que es un biopolímero de madera pulverizada y algas, y un filtro de siete capas intercambiables que trabaja bajo cuatro fundamentos principales: funcionalidad, seguridad, diseño y sustentabilidad.

Según Molina el mayor desafío de esta pantalla fue hallar la fórmula para crear un polímero biodegradable y que no se empañara. Probaron diferentes biomateriales, y el ingrediente que funcionó fue el aserrín de madera pulverizado. En su cantidad exacta, el material impedía que se empañara el visor y le daba la suficiente rugosidad para que el biopolímero no perdiera la translucidez. Esto conllevó “harto estudio, investigación y asesoría de profesores. Fueron cuatro a cinco meses de ensayo y error. Cada tres días realizábamos pruebas”.

El visor es lavable e intercambiable. Si se sumerge en agua caliente, explica Molina, el visor se disuelve en menos de cinco minutos. Si está sin uso, dura de diez a 15 días. Pero con un uso constante y limpieza regular, el visor dura de 30 a 50 días. Advierten a los clientes que al paso de un mes y 15 días el visor puede desgastarse, por lo que sugieren reposición.

Una propuesta inclusiva

El proyecto se creó como una mascarilla inclusiva y sustentable / Francisco Molina

Los estudiantes del CTSS parten de la base de que hay que pensar la innovación “como un recurso para la vida diaria”, por lo que la pandemia del coronavirus para este equipo significó un nudo crítico en su proyecto, pero al mismo tiempo una oportunidad.

“Nos decidimos por la mascarilla cuando vimos el problema de la inclusión. Nuestro intérprete, Sergio Mendoza, nos instruyó más sobre el problema de las personas hipoacúsicas (con pérdida de audición), que tienen la capacidad de lectura de labios. El uso de la mascarilla hace que se pierda el 50 % del rostro, por lo que muchas personas quedan excluidas”, explica Molina. Efectivamente, las personas hipoacúsicas quedan excluidas de una acción tan básica del día a día como lo es comunicar. En esa línea, Molina reconoce que el problema no son las personas sordas o hipoacúsicas, sino que somos nosotros como sociedad.

Por eso decidieron crear una mascarilla inclusiva desde la mirada de la sustentabilidad. “Sin que sea desechable porque hoy en día hay un problema mundial de contaminación. Quisimos responder en varias líneas, es decir, hacerse cargo de varias problemáticas”, explica Molina. “Javiera, en nuestra compañía, se puso el desafío de fabricar una mascarilla lo suficientemente versátil que respondiera a todas estas necesidades: inclusión y desechos”, agrega el estudiante UdeC.

Las ventajas de la madera y la fabricación digital

Gracias al CNC se pueden fabricar 500 mascarillas al día / Francisco Molina

La tecnología CNC permite un stock de fabricación de 500 de estas mascarillas al día. Molina valora las ventajas de la fabricación digital: “La automatización está en ascenso en Chile. Gracias a los Fab Labs, a la ciudad que vayas se pueden encontrar cortadoras láser, una CNC. Eso fue trascendental para el proyecto porque nosotros no dependíamos de un lugar en específico fijo para producirlas, sino que dependíamos de que en la ciudad donde nos encontráramos hubiese disponibilidad de máquinas”.

Por otro lado, Galli plantea que también hay desafíos: “Faltan herramientas inductivas y visibilizar la función de las máquinas, democratizar su acceso y uso. Nosotros pensábamos fabricar un diseño que cualquier persona pueda hacer”. El egresado de la USS asegura que la madera tiene grandes posibilidades en el mundo de la fabricación digital: “Lo veo como una oportunidad de aprendizaje e innovación”.

En cuanto a la situación actual y futuro del producto, actualmente no cuentan con la maquinaria para poder vender de forma independiente, por lo que están buscando validarlo más, seguir investigando y buscar patrocinadores que “quieran unirse a la causa y financiar”. La pandemia también ha sido otro aspecto crítico porque muchos proveedores están parados y la maquinaria se ha visto pausada.

Las bondades de los biomateriales

Los estudiantes y profesionales de CTSS tienen experiencia con el uso de biomateriales, como la creación del panel termoacústico en base a acícula (hoja de pino), materia prima que obtuvieron de la recolección comunitaria de desechos industriales y naturales del bosque. “Siempre hemos tenido la visión que de la naturaleza se pueden obtener materiales”, enfatizan como equipo.

Respecto al futuro de los biomateriales en Chile, Uribe cree que “tenemos un montón de recursos materiales de los cuales se pueden generar cambios”. En esa línea, la estudiante UC plantea que hay varios desafíos en el camino: “Cuesta convencer de las alternativas bioeconómicas porque demandan tiempo/costo e investigación. Cuesta mucho salir de la comodidad de ocupar materiales tradicionales, muchas empresas están acostumbradas a no innovar en la ocupación de nuevos materiales y de nuevas alternativas que beneficien el medio ambiente. Cuesta, pero tampoco es imposible”.

Experiencia SDLM

Javiera Uribe, Franco Galli y Francisco Molina, integrantes de CTSS / Francisco Molina

A diferencia de los otros videos en donde los equipos en competencia presentaban grupalmente sus proyectos, el equipo de Free Talk optó por que el producto fuese expuesto por Sergio Mendoza, intérprete certificado de la Asociación de Sordos de Chile (ASOCH), quien expuso en lenguaje de señas, por lo que el video tenía subtítulos. “Fue muy importante para nosotros que Sergio confiara, usara y aprobara la mascarilla”, destaca Molina.

“Nosotros pensamos el proyecto incluso antes de saber que la SDLM se iba a ejecutar. Siempre íbamos con la mirada puesta en esta mascarilla inclusiva. Todos estábamos con esa incertidumbre, si se realizaría la SDLM, pero pese a eso, queríamos ejecutar este proyecto con un enfoque social y sustentable independientemente de si se realizaba el concurso o no”, explican.

Javiera Uribe, Franco Galli y Francisco Molina llevan tres años funcionando como CTSS, tiempo en el cual han participado en otros concursos y proyectos relacionados a la innovación y la bioeconomía. En el caso de la mascarilla Free Talk, Molina reconoce que “Javiera tiene gran parte del mérito, como gestora e impulsora de la idea”. “Nos hemos juntado en pos de la innovación y para debatir temas de interés de nuestras disciplinas”, explica el estudiante UdeC.

Algunos integrantes de CTSS han cosechado otros triunfos en esos tres años. En 2018, Francisco Molina y Dilan Ramos obtuvieron el primer lugar en el concurso “Puesta en valor Puente Viejo sobre el río Biobío”, organizado por la Cámara Chilena de la Construcción. Ese mismo año, Franco Galli ganó el primer lugar en el concurso de Arquitectura de Madera21 de Corma. El año pasado, en el concurso de Innovación, se adjudicaron el primer lugar en la votación del público y el segundo en la elección del jurado. Este año 2020 obtuvieron mención honrosa en el concurso Casa de la Cultura, organizado por la Municipalidad de Santa Cruz (Región de O’Higgins).


Escrito por Diego Zúñiga
Fotografía principal cortesía Francisco Molina

Ver más sobre: 

NOTICIAS RECIENTES

  • Lanzan el concurso de arquitectura Yakisugi para estudiantes y profesionales

  • Strong by Form propone tecnología digital y la propia inteligencia de los árboles para un mundo más sustentable

  • Noruega construirá el puente con madera estructural más largo del mundo

OBRAS

Compartir en Facebook
Compartir en Twitter
Compartir en LinkedIn
Compartir en Pinterest
Compartir en correo
Traducir »