La casa familiar que renace como edificio en madera frente al San Cristóbal

Frente a las laderas del San Cristóbal y a pocos metros del acceso al teleférico, una casa desapareció para volver a construirse de otra manera. Donde antes existía una vivienda familiar, hoy avanza un edificio en madera que busca reunir nuevamente a padres e hijos, además de abrir un espacio a la comunidad.

La escena es aún la de una obra en transición. Bajo el terreno ya está terminada la base de hormigón y sobre ella se están montando las piezas de madera laminada que darán forma al edificio. Las vigas llegarán cortadas y numeradas. Cada pieza tiene un lugar definido antes de entrar al espacio de la construcción.

El proyecto fue diseñado por la oficina Izquierdo Lehmann, encabezada por el arquitecto Cristián Izquierdo junto a la arquitecta Antonia Ocares. El cálculo estructural corresponde a MAS Estudio de Ingeniería y la construcción está a cargo de DRECO -dirigida por Sergio de la Cuadra y Roberto Serra, y administrada por Felipe Luna-. La madera industrializada fue desarrollada por Hilam Arauco.

El edificio aparece como una decisión familiar y la historia de sus propietarios ayuda a entenderla. Él es profesor de arquitectura, ella es economista y desarrolla su trabajo en el ámbito de la transición energética hacia modelos de desarrollo con menores emisiones. Y es esa mirada la que aparece reflejada en la elección de la madera, en el diseño del edificio y en la forma en que proyectan su vida futura. Así la casa donde vivieron durante años se transformará en un conjunto de seis departamentos y una pequeña oficina-biblioteca. Parte de las viviendas serán habitadas por sus hijos. Otras quedarán disponibles para arriendo.

El profesor, el alumno y tres directrices

Cristián Izquierdo conoce al mandante desde hace años. Fue su alumno y después su amigo. Por eso, cuando comenzó el diseño, apareció una frase que el profesor repetía en clases y que terminó transformándose en la estructura conceptual del edificio.

“Solía decir que los proyectos residenciales deben responder a los dictados de tres directrices: un suelo fértil, un cuerpo alegre y una azotea brillante”, escribió Izquierdo en la memoria del proyecto. Y esa idea terminó ordenando la vida del edificio desde abajo hacia arriba.

La primera planta se relaciona con el jardín y las áreas comunes. Ahí aparece la oficina-biblioteca y los espacios abiertos hacia la calle. Más arriba se ubican los departamentos, contenidos dentro de una envolvente pensada para regular la temperatura y la ventilación natural. En el tercer nivel, las viviendas se abren hacia las vistas del cerro y la ciudad bajo una cubierta continua. El último nivel termina con un mirador soleado.

El edificio funciona como una gran casa fragmentada en distintas unidades. Cada departamento mantiene su independencia, aunque todos permanecen conectados por una misma forma de habitar.

“La madera trabaja al milímetro”

La demolición de la antigua casa se realizó en diciembre de 2025. Desde entonces, el proyecto avanzó en sus fundaciones y estacionamientos. Hoy el terreno recibe las estructuras de madera industrializada para montarse sobre el basamento de hormigón.

El proyecto incorpora vigas y pilares de madera laminada encolada, que forman parte de la estructura y de algunos elementos de cerramiento.

La fabricación de cada componente se realizó previamente mediante modelos digitales que permitieron coordinar las distintas áreas implicadas en el diseño y construcción antes de iniciar el montaje. Para Sergio de la Cuadra, arquitecto y socio de DRECO, esa coordinación temprana significa “construir antes de construir” y marca una diferencia fundamental respecto de los métodos tradicionales.

“Hay un dicho en la construcción: el hormigón trabaja al centímetro, la madera trabaja al milímetro”, explica Sergio. La frase resume uno de los principales desafíos del proyecto. Mientras en una edificación tradicional algunas diferencias pueden corregirse durante el proceso, en una estructura industrializada cada pieza llega fabricada según medidas exactas.

“La revisión en terreno con equipos e instrumentos especializados nos permitió que la obra gruesa estuviera al milímetro. Si la estructura de hormigón queda fuera de medida, la madera simplemente no va a calzar”, señala. Esa exigencia obligó a incorporar nuevos procedimientos de control, revisión digital y coordinación interdisciplinaria. “Éramos cerca de diez personas revisando el modelo tridimensional y ajustando las piezas antes de fabricarlas”, recuerda.

Una construcción que cambia el ritmo de la obra

La precisión exigida durante meses comienza a mostrar sus resultados con la llegada de las primeras piezas. Cada viga, panel y elemento estructural fue fabricado previamente a partir del modelo digital del edificio y organizado en etapas de entrega que consideran las condiciones de acceso, descarga y almacenamiento en un sector residencial como Pedro de Valdivia Norte.

La estructura de madera debería quedar levantada en aproximadamente dos meses. Mientras las cuadrillas especializadas instalan vigas, pilares y paneles, otros equipos podrán avanzar simultáneamente en tabiques, instalaciones y terminaciones. “Todo va traslapado”, explica Sergio. El resultado es un proceso más continuo y con menos interrupciones.

Para el socio de DRECO, uno de los aspectos más visibles aparece en la relación con el entorno. Los componentes industrializados reducen movimientos de materiales, disminuyen la generación de residuos y, por tanto, cambia la experiencia cotidiana del barrio durante la construcción. “Llega un camión con madera y dentro de la obra prácticamente trabajas en silencio, con anclajes, tornillos y herramientas especiales de montaje para armar este lego”, comenta. En lugar del ruido constante asociado a una construcción tradicional, gran parte del trabajo se concentra en ensamblar piezas que llegan listas desde fábrica para ocupar su lugar definitivo en el edificio.

La sensibilidad detrás de la madera

Durante la conversación, Sergio de la Cuadra vuelve varias veces a una idea que, para él y su socio Roberto Serra, atraviesa este tipo de proyectos y es que esta experiencia también dialoga con la cultura interna que DRECO ha impulsado durante los últimos años. “Tratamos que nuestros procesos y nuestras líneas de producción o de ejecución sean lo más sustentables posible”, dice ya que la empresa desarrolla programas de segregación de residuos en faena, reutilización de materiales y digitalización de procesos para disminuir el uso de papel.

Por eso, cuando apareció la posibilidad de construir este edificio en madera, la propuesta encontró terreno fértil. “Nos motiva mucho seguir construyendo este tipo de proyectos”, afirma Sergio. La razón, explica, va más allá de la velocidad o de la tecnología, “encontramos que la madera calza muy bien con la manera en que queremos hacer las cosas”.

Imágenes gentileza de constructora DRECO

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