Una pasarela de madera de 705 metros recorre hoy el humedal Monkul siguiendo la memoria de un antiguo camino lafkenche que desapareció tras el terremoto y maremoto de 1960. El proyecto impulsado por la Universidad Mayor, la Comunidad Mateo Nahuelpán y el Ministerio de Obras Públicas, se construyó con fundaciones de ciprés, estructura de pino IPV y miradores revestidos con terciado marino y coligüe, dando forma a una obra que invita a descubrir uno de los ecosistemas más valiosos de La Araucanía y el primer Sitio Ramsar de la región.
Mucho antes de que existiera una pasarela por el borde del humedal Monkul corría un sendero usado por las familias lafkenche para desplazarse entre el río y el mar. Era un camino ligado a la vida cotidiana, a la pesca, al conocimiento del territorio y a una relación con la naturaleza que se ha transmitido por generaciones.
Ese trazado desapareció tras el terremoto y maremoto de 1960. El gran cataclismo modificó para siempre la geografía de la costa de La Araucanía. El mar ingresó tierra adentro, extensas superficies quedaron anegadas y los antiguos campos se transformaron en humedales y marismas que hoy albergan una riqueza biológica reconocida a nivel internacional.

Más de seis décadas después, ese recorrido ancestral vuelve a ser transitado. Sobre el mismo borde donde caminaban los lafkenche se levanta la pasarela Monkul Kai Kai, una obra de 705 metros construida gracias al trabajo conjunto de la Universidad Mayor, la Comunidad Mateo Nahuelpán y el Ministerio de Obras Públicas.
La iniciativa se inauguró sobre el Humedal de Monkul, el primer Sitio Ramsar de La Araucanía, y representa mucho más que una infraestructura para el turismo de naturaleza. Es el resultado de una relación construida durante años entre la comunidad y un equipo académico que decidió acompañar un sueño nacido en el propio territorio
“Nosotros, de alguna manera, hemos sido instrumentos de ellos. Lo que soñaban y querían, lo trabajamos en conjunto para poder materializarlo”, afirma uno de los impulsores de la iniciativa, el arquitecto de la Universidad Mayor y actual vicerrector de la región de la Araucanía de la misma casa de estudios, Gonzalo Verdugo.
Una historia que comenzó antes de la pasarela
La relación entre la Universidad Mayor y la Comunidad Mateo Nahuelpán comenzó en 2017 y la invitación inicial no tenía relación con una obra de arquitectura.
La comunidad buscaba apoyo para lograr que el humedal Monkul obtuviera la declaratoria Ramsar, reconocimiento internacional que distingue a humedales de importancia para la conservación. Tras años de trabajo conjunto, investigaciones y gestiones desarrolladas con instituciones nacionales e internacionales, el objetivo se concretó. Monkul se transformó en el primer Sitio Ramsar de La Araucanía el 14 de julio de 2020.
Fue durante ese trabajo que se fortaleció un vínculo que con el tiempo se transformó en una alianza de confianza y desde el que surgió una nueva idea. “Ellos querían desarrollar un turismo ecológico-cultural que permitiera enseñar sobre el ecosistema, pero también transmitir los conocimientos y valores del pueblo lafkenche”, recuerda el arquitecto. La pasarela apareció entonces como una forma de recuperar simbólicamente el antiguo sendero que desapareció tras el maremoto.

Construir contra viento y marea
Levantar una obra de madera en un ecosistema que cambia cada seis horas fue uno de los mayores desafíos del proyecto, cuenta Gonzalo. Las mareas modifican constantemente los niveles de agua en Monkul y los equipos debían organizar el trabajo de acuerdo con su comportamiento. Cuando el agua bajaba se avanzaba en fundaciones. Cuando volvía a subir, las labores se trasladaban a otras etapas de preparación. Esto, sumado a que las faenas comenzaron en invierno, precisamente cuando las condiciones climáticas eran más difíciles, hizo más complejo el reto de la construcción.
Las fundaciones se desarrollaron “con madera de ciprés -explica Gonzalo-, que es con lo que se hacen los palafitos en el sur. Se trabajó con una madera mucho más densa y por eso que tiene muy buen comportamiento bajo el agua y la humedad (..) Se diseñaron unas fundaciones que tenían que ver con un pilotaje de baja profundidad, pero que se trabaja con unos encepados, que son unas piezas horizontales, también de ciprés, que amarran las fundaciones y hacen que haya más superficie de soporte, entonces no se hunde (…) Funciona como un gran cienpies”.
Sobre esa estructura se construyó la pasarela con pino impregnado, tratado con tres manos de Cutek, para enfrentar la exposición permanente al viento, la lluvia y la salinidad. Eso sí, dice el arquitecto: “No se podía aplicar ningún aditivo directamente sobre el humedal. Todo debía hacerse en terreno firme y una vez seco podía ser trasladado para su instalación (…) Esto evitando cualquier derrame o que hubiera algún tipo de líquido fresco que pudiera afectar el medio ambiente”, explica Verdugo.

Tres miradores para observar el paisaje desde otra altura
La pasarela incorpora tres miradores que actúan como puntos de observación y aprendizaje. Su diseño se inspira en las formas tradicionales del territorio. Las estructuras fueron construidas con pino impregnado, revestimientos de madera y cubiertas metálicas protegidas por una segunda piel elaborada con coligüe tratado.
Cada mirador incluye paneles con información científica, histórica y cultural desarrollada por el Laboratorio de Estudios del Antropocentro, institución impulsada por la Universidad de Concepción y el Instituto de Ecología y Biodiversidad.
Además, existe una etapa futura que contempla habilitar altillos ubicados a cerca de seis metros de altura. Desde esos puntos será posible obtener una vista más amplia del humedal, observar las lenguas de agua y realizar avistamiento de fauna con menor interferencia sobre el ecosistema.

Una obra guiada por tres principios
“Son lugares muy sensibles. Lo que se haga tiene que dialogar con el paisaje y con la cultura del territorio (…), hacer proyectos que sean pertinentes y originales y eso finalmente es lo que busca este trabajo”, plantea Gonzalo. Así, desde su origen, la pasarela se construyó sobre tres premisas que orientaron cada decisión. La primera fue intervenir únicamente para poner en valor el patrimonio natural y cultural del lugar. La segunda consistió en reducir al máximo el impacto sobre el ecosistema y la tercera buscó que la infraestructura pudiera ser reversible en el tiempo.
A esos principios se sumó otro aspecto que atravesó todo el proceso. La comunidad debía ser protagonista de las decisiones. Por eso se desarrollaron talleres participativos los que congregaron a investigadores y habitantes del sector.
En esos encuentros se identificaron sitios arqueológicos, lugares de significación cultural, sectores vinculados a la medicina tradicional, relatos familiares y elementos asociados a la memoria del territorio. “Georreferenciamos tesoros tangibles e intangibles. Fue impresionante la cantidad de conocimiento que apareció durante ese trabajo” y la información obtenida permitió orientar el diseño de la pasarela y fortalecer la protección del patrimonio cultural lafkenche, según cuenta el arquitecto.

Kai Kai y Treng Treng
El nombre de la pasarela no es casual. Kai Kai es la serpiente de agua presente en la tradición mapuche. Su contraparte es Treng Treng, la serpiente de tierra. Ambas protagonizan uno de los relatos más conocidos de la cosmovisión del sur de Chile.
Según la leyenda, Kai Kai provocó la subida de las aguas para castigar a los seres humanos. Treng Treng elevó los cerros para proteger la vida y permitir que las personas escaparan de la inundación. Para Gonzalo Verdugo, el terremoto y maremoto de 1960 materializó en este territorio una imagen que recuerda esa historia ancestral. “El cataclismo del 60 es la mitología misma hecha realidad de Kai Kai y Treng Treng. La serpiente de agua es el tsunami que ataca y Treng Treng son los cerros que permiten salvarse”, señala.
Así, la pasarela Monkul Kai Kai forma parte de una propuesta más amplia. En el humedal de Queule, al sur de La Araucanía, el mismo equipo desarrolló previamente una pasarela denominada Treng Treng. Ambas obras buscan transformarse en infraestructura para contar la historia del territorio y de sus habitantes.