9 de Octubre, 2017

Tablas de skates y madera nativa se unen en un emprendimiento sustentable

Los protagonistas detrás de Rubrum, que estuvo presente en la muestra “Hecho en Chile, hecho en madera”, cuentan su historia y el origen de este proyecto.

Juan Carlos Barrera trabaja en su taller de Estación Central. Entre las herramientas para cortar, pulir y pintar madera, también se apilan las tablas de skate, las que fueron desechadas porque sus dueños decidieron cambiarlas o su tiempo útil terminó.

En la basura o escombros de otros, Juan Carlos ve una oportunidad de creación. Junto a su esposa Dania Salazar le dan un nuevo significado a la reutilización: de las tablas gastadas salen nuevas estructuras para recorrer las calles o ser una pieza decorativa por su riqueza estética.

“Al ver lo que estamos desechando a veces no le damos dos vueltas, lo botamos nada más. Por un tema de educar, elegí el skate, porque tengo más afinidad, me cuesta menos conseguirlo y no estoy generando un impacto negativo con el insumo. Esta es mi materia prima, un material de desecho”, explica Juan Carlos, creador de Rubrum, emprendimiento en el que construye tablas de skate y otros productos  gracias al material reciclado y fusionado con maderas nativas.

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Juan Carlos tomó su primera tabla de skate a los seis años. Hoy, con 35 años, hizo de su pasión un emprendimiento familiar. Con él no solo sustentan la economía del hogar, ambos padres buscan entregarle a su hijo de tres años las herramientas valóricas de construir con sus propias manos, trabajar de forma sustentable, ser amigable con el medio ambiente y entrelazar redes de contacto.

Para el representante de este proyecto familiar es necesario rescatar el oficio: “Es el trabajo hecho a mano versus todo este tema del corte laser o las maquinarias que también a la larga tienen un impacto negativo en el medio ambiente”, agrega.

Todo partió desde la idea de la reutilización del skate, y luego el reciclaje del desecho urbano que se genera al demoler o remodelar viejas estructuras, construidas con madera nativa y que en este proyecto entra en la categoría de recuperación.

Las amistades que cultivó desde niño hoy se han transformado en socios. Algunos de sus amigos de la infancia, con quienes comparte la pasión por el skate, son dueños de tiendas y trabajan en conjunto e involucran a sus clientes. “Me juntan las tablas, o cuando se van a comprar tablas nuevas dejan sus tablas viejas ahí, los hacemos parte del movimiento, porque finalmente esto vendría siendo invitar al skate a que sea un deporte mucho más sustentable en el tiempo”.

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Las tablas de skate son manufacturadas con Maple Canadiense, aunque su nombre científico es Acer Rubrum y de ahí Juan Carlos sacó el nombre para el proyecto en el que implementa la experimentación. “Hay líneas que son solamente con skate y hay otras que son combinaciones de madera recuperada, pueden ser demoliciones o madera nativa, ahí vamos jugando porque se contrasta muy bien una madera oscura con estos colores”.

En el proceso, tras recuperar el material, se limpia, prensa y corta. Se van creando composiciones que se vuelven a prensar para hacer bloques con composiciones. “Es muy parecido a lo que es la marquetería antigua, a lo que hacían los japoneses antiguamente, tratar de optimizar el material porque no siempre abunda. Todo con la madera nativa, cuando es recuperada, está sujeto a retazos más que una viga, entonces he tenido que aprender a optimizarla y trabajarla para poder lograr un formato mayor”. Una vez que el producto está terminado Dania se encarga del diseño y las fotografías que se mostrarán en distintas plataformas.

El origen de la idea

La iniciativa surgió en 2013, luego de un largo viaje por Brasil, la Amazonía y hasta Chiloé. Fue un tiempo en el que vivió con comunidades indígenas y de ellos aprendió distintos oficios, además de una nueva forma de utilizar la materia prima sin dañar el medio ambiente.

De vuelta en Santiago, junto a Dania, levantaron el proyecto que si bien partió con la construcción de tablas de skate, hoy se ha extendido a la creación de juguetes, maceteros, joyería y arte decorativo.

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Quienes compran las piezas no son solo los interesados en practicar el skate, algunos se fijan en la arquitectura, en el diseño, en la forma en que se creó la pieza y otros porque les gusta la madera. “Simplemente lo vieron y les gustó, hubo una armonía y lo eligieron. Yo tampoco les pregunto mucho por qué lo compraron, pero sí les explico de dónde viene, qué se está generando por medio de esto, porque a la vez estamos creando una economía que es nueva, una economía que es más circular, que es en beneficio del consumidor, del medio ambiente y del productor”.

A fin de año la pareja proyecta mudarse a Chiloé, donde levantarán una escuela de oficios sostenibles para seguir incentivando el reciclaje. “Siempre invito a la gente a que lo haga desde su círculo, desde lo más cercano que tienen. Para mí fue el skate, que era algo que siempre estuvo en mi vida, pero en otras personas pueden ser otras cosas y cada uno va cubriendo algún punto en que se está desechando y que se podría aprovechar para hacer de este mundo un lugar mucho mejor. O sea en otros países no existe la basura. ¿Por qué no en Chile”, finaliza.

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