6 de Noviembre, 2018

La película chilena “Casa Lobo” cobra vida gracias a la prefabricación en madera

Inaugurada hace unos días en el Centro Cultural Gabriela Mistral, la instalación fue construida con paneles prefabricados de pino por un equipo de alumnos de la Universidad Andrés Bello, liderado por el arquitecto nacional Iván Bravo.

Una estructura de madera conformada por 100 paneles prefabricados de pino. Así se conforma Casa Lobo, la reciente exposición que se inauguró hace unos días en el Centro Cultural Gabriela Mistral (GAM) y que reinterpreta el espacio en el que se lleva a cabo un largometraje en stop motion, que tiene el mismo nombre y que fue dirigida por los artistas visuales Cristóbal León y Joaquín Cociña.

“Para mi fue algo bien sorpresivo. Un día me llamaron Cristóbal y Joaquín, quienes querían que yo participara en el diseño y ejecución de la casa misma”, recuerda Iván Bravo, arquitecto chileno a cargo de desarrollar la instalación.

Bravo realizó los diseños de la estructura en madera y los desarrolló junto a un equipo de 50 estudiantes de segundo año de arquitectura del Campus Creativo UNAB, quienes elaboraron los modulos prefabricados en aproximadamente un mes.

De esta forma, y luego de un mes y medio de desarrollo conceptual, en otros 30 días los alumnos fabricaron los paneles que están conformados enteramente por vigas, pilares y diagonales de 1×2 que luego fueron unidos con tornillos autoenroscables. El proyecto también cuenta con un recubrimiento con fin estructural y que consiste en una tapa de pino que contó con un tratamiento para alcanzar un color negro envejecido a partir de un tinte y barro.

La madera al servicio del arte y la arquitectura

El arquitecto destaca cómo este proyecto transita entre ambas disciplinas, tomando aspectos de una a través de la puesta en valor de la otra. “Me ha tocado mucho relacionar arte con arquitectura. Concretamente es una obra de arquitectura, pero detrás de eso hay una instalación de arte al mismo tiempo. Si bien tiene la dimensión de un objeto de arquitectura, no tiene aislación, no tiene un montón de cosas que tiene la arquitectura, y eso permite hacerlo en menos tiempo”, explica el arquitecto.

Además del tiempo de desarrollo y montaje de la obra, también existía un presupuesto acotado, ya que el proyecto tenía un costo aproximado de unos 5 millones de pesos financiados gracias a un Fondart.

Ante estas exigencias, Bravo destaca que la madera como material sin duda es un aporte para el desarrollo del proyecto, tanto por su aporte estético, por la relación que existe con la película, como por las posibilidades que entrega en términos de construcción.

“Esto tenía que ser como un bunker, una iglesia o una casita, como una dualidad de algo bastante estricto y duro, la madera lo bajaba a una cuestión más doméstica”, reflexiona y agrega: “la madera ofrecía esa posibilidad que, en el fondo, permite prefabricar, hacer un objeto que es más liviano, más económico. Tenía todas las facilidades para llegar a hacer obras escala 1:1”.

La secuencia de la prefabricación y el montaje

Los 100 paneles fueron construidos por los alumnos en las mismas instalaciones de la universidad y Bravo explica que se utilizaron las herramientas que comúnmente se usarían en una planta de prefabricación.

Por otro lado, el montaje también debía plantearse como algo sencillo si se consideraba que tenían entre 3 a 5 días para realizarlo y luego unos 2 para el desmontaje. De esta manera, se consideró un sistema de andamiaje y herramientas básicas como sierras de mano para finalmente realizar la unión y remate del piso, escaleras, muros que dan hacia el patio interior, muros perimetrales, muros interiores, techo del primer piso, muros y techos del segundo piso. Todo en ese orden.

¿Por qué paneles prefabricados y no otra técnica? Bravo es enfático al señalar que debido a las exigencias de montaje este método de construcción era el único que les permitía levantar la estructura. “Hay muy pocos días de montaje y, por lo tanto, toda la inteligencia desde la idea de por qué la forma del proyecto siempre estuvo desde el hecho de la prefabricación. No puede tener diagonales ni cosas que compliquen entre un panel y otro, porque si no, no llegas a las fechas”, explica.

“La madera, en sí misma, es un material que porta la carga de prefabricación constante y yo creo que este proyecto es un buen ejemplo en eso porque es un proyecto que es bastante simple, precario y todo y, sin embargo, igual es prefabricado”, concluye el arquitecto.


Escrito por Yuriko Takahashi. /
Creditos La Casa Lobo

Obra: La Casa Lobo
Arquitecto: Iván Bravo
Colaborador: Gino León, Gabriel Cáceres
Ejecución:  Curso de Edificación y Tecnología, Campus Creativo Universidad Andrés Bello
Ubicación: Centro Cultural GAM
Año: 2018
Superficie: 36m2
Exposición: Del 31 de octubre al 18 de diciembre
Instagram: @lacasalobo @comodoroo
Making of: https://youtu.be/gdTI_ZGNZvc

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