Liceo Bicentenario Mariano Latorre de Curanilahue – Macchi Jeame Danus Arquitectos y Boza Boza Labbé Ruiz Risueño Arquitectos. – Hilam – Araucoplay
Hace poco más de veinte años, proyectar un edificio de mediana altura en madera parecía una posibilidad lejana en Chile. Aunque el país contaba con una larga tradición en el uso de este material y una industria forestal desarrollada, aún no disponía de las capacidades técnicas, normativas e industriales necesarias para llevar esa experiencia a una nueva escala. Desde entonces, la investigación, el desarrollo tecnológico, la actualización de las normas y el trabajo conjunto entre instituciones públicas, universidades y empresas han generado un ecosistema que hoy permite diseñar y ejecutar construcciones en madera con capacidades que posicionan a Chile frente a una nueva etapa de la edificación.
La transformación comenzó de manera gradual y buena parte de ese trabajo se desarrolló lejos de las obras. Universidades, centros de investigación y organismos públicos profundizaron en el comportamiento de la madera estructural, impulsaron el desarrollo de productos de ingeniería y generaron información para perfeccionar el diseño y los sistemas constructivos. Al mismo tiempo, la industria incorporó tecnologías que permitieron fabricar componentes con propiedades conocidas y mayores estándares de calidad, acercando la investigación a la práctica constructiva.

Edificio TAD diseñado por Elton_Léniz + Cruz-Mandiola + Rodrigo Fernández, desarrollado junto a Niuform
Ese proceso coincidió con un cambio más amplio del sector. La necesidad de mejorar la productividad, reducir el impacto ambiental y acortar los plazos de ejecución que impulsó la industrialización de la construcción. La fabricación de paneles, vigas y otros componentes estructurales en planta trasladó gran parte del trabajo fuera de la obra, aumentó la precisión durante el montaje y abrió nuevas posibilidades para construir edificios en madera.
La digitalización acompañó esa evolución. Herramientas como Building Information Modeling (BIM) facilitaron el desarrollo de modelos virtuales capaces de anticipar interferencias, coordinar especialidades y planificar el montaje antes del inicio de la obra. La combinación entre diseño digital y fabricación industrial creó condiciones especialmente favorables para la construcción en madera, cuyas características permiten aprovechar con eficiencia este tipo de procesos.
En paralelo, comenzaron a incorporarse productos de ingeniería que ampliaron las posibilidades del material. Soluciones como Glulam (GLT) y Madera Contralaminada (CLT) hicieron posible fabricar componentes estructurales con propiedades definidas desde su origen, facilitando el cálculo, la prefabricación y la ejecución de edificios cada vez más complejos.
Hoy ese recorrido ya puede verse en proyectos construidos a lo largo del país. Establecimientos educacionales, edificios de oficinas, equipamientos públicos y desarrollos habitacionales públicos y privados incorporan soluciones estructurales en madera que reflejan un trabajo iniciado muchos años antes de la primera obra.

Piscicultura Canal de Chacao de Cermaq en madera laminada – Diseño: Teodoro Fernández, Premio Nacional de Arquitectura 2014. Ingeniería: RG Ingeniería. Componentes estructurales y ensamblaje: HILAM Arauco.
Desde el sector público, se han impulsado políticas e instrumentos que fomentan el uso de la madera en la edificación, a través del trabajo desarrollado por el Ministerio de Vivienda y Urbanismo (MINVU) en proyectos habitacionales, el aporte técnico del Instituto Forestal (INFOR) y diversas iniciativas como Construye2025, Biobío Madera y el Centro Tecnológico para la Innovación en la Construcción (CTEC).
Asimismo, se ha avanzado en la actualización de normativas y en la generación de condiciones habilitantes para la construcción en altura en madera, lo que hasta hace pocos años parecía un objetivo lejano. Hoy, existen experiencias concretas que demuestran que la madera puede ser utilizada con eficiencia, seguridad y alto valor arquitectónico.
En este contexto, resulta clave fortalecer políticas públicas que aseguren el abastecimiento sostenible y de largo plazo de madera de calidad, condición indispensable para proyectar y escalar la construcción en madera hacia el futuro.
Desde el sector privado, Madera21 de CORMA y CENAMAD junto con empresas de la industria forestal y de productos de ingeniería en madera, oficinas de arquitectura e ingeniería, constructoras, inmobiliarias y desarrolladores, han sido protagonistas de este proceso. En colaboración con universidades y centros tecnológicos, han impulsado la innovación, el desarrollo de soluciones constructivas, la transferencia de conocimiento y la formación de capital humano, contribuyendo a consolidar un ecosistema cada vez más robusto para la construcción en madera.

Nuevo cuartel de Primera Compañía de Bomberos, San Pedro de la Paz – Paneles de madera contralaminada (CLT) y vigas de madera laminada encolada (GLT) suministrados por NIUFORM – Diseño desarrollado en Taller de Proyectos Colaborativos de quinto año de Arquitectura de la USS, sede Concepción
Del conocimiento a la confianza
Contar con una industria más desarrollada era solo una parte del camino. Para que la construcción en madera pudiera ampliar su presencia en proyectos de mayor escala, también era necesario responder con evidencia a las preguntas que durante años acompañaron al material. ¿Cómo se comporta frente a un terremoto? ¿Qué ocurre durante un incendio? ¿Cómo asegurar su durabilidad?
Uno de los avances más significativos estuvo relacionado con el comportamiento sísmico. Chile cuenta con una larga experiencia en ingeniería antisísmica y esa trayectoria también se está extendiendo a la construcción en madera. Ensayos experimentales y simulaciones han comprobado que la menor masa de estas estructuras reduce las fuerzas que actúan durante un terremoto y que el diseño de las conexiones contribuye a disipar parte de la energía generada por el movimiento del terreno. Ese conocimiento pasó a integrarse al cálculo estructural y hoy forma parte de los criterios utilizados para proyectar edificios en madera.
Algo similar ocurre con la resistencia al fuego. Durante años predominó la idea de que la madera ofrecía un desempeño limitado frente a un incendio. Las investigaciones demostraron que los productos de ingeniería responden de manera predecible cuando son expuestos a altas temperaturas. En lugar de perder su capacidad resistente de forma inmediata, desarrollan una capa carbonizada que protege el núcleo estructural y permite estimar su comportamiento durante un tiempo determinado. Esa respuesta puede calcularse e incorporarse al diseño desde el inicio del proyecto, junto con soluciones de protección pasiva que complementan la estrategia de seguridad.

Centro Cultural Arauco – Madera laminada de Hilam Arauco – Elton Léniz Arquitectos
La durabilidad siguió un camino parecido. La experiencia acumulada demuestra que la vida útil de una construcción en madera depende, en gran medida, de decisiones adoptadas antes del inicio de la obra. La correcta especificación de los materiales, el diseño de encuentros constructivos y la aplicación de tratamientos protectores forman parte de una estrategia orientada a asegurar el desempeño del edificio durante décadas.
A medida que avanzaba la investigación, el marco normativo también comenzó a reflejar ese conocimiento acumulado. Ejemplo de ello es la actualización de la NCh1198 de 2024, que incorpora lineamientos clave para la edificación en mediana altura (hasta 6 pisos). En la misma línea, la publicación de la norma NCh433:2026 (pendiente de oficialización mediante un Decreto Supremo del Ministerio de Vivienda y Urbanismo) fortalece el diseño sísmico de edificaciones en madera al incorporar criterios específicos para sistemas de entramado ligero y estructuras construidas con CLT, ampliando las herramientas disponibles para proyectar edificios de mayor complejidad.
El avance continuó este año con la aprobación de las normas NCh3732/1 y NCh3732/2, incorporando por primera vez un marco normativo específico para el CLT en Chile. La primera establece los requisitos técnicos que debe cumplir la madera contralaminada para su uso estructural, definiendo aspectos como sus características, fabricación y control de calidad. La segunda fija los métodos de ensayo que permiten verificar ese desempeño mediante procedimientos estandarizados. Ambas normas marcan un avance para la construcción en madera en Chile, al entregar el respaldo técnico necesario para ampliar el uso de este producto de ingeniería en proyectos de mayor escala.
En conjunto, estas actualizaciones permiten trabajar sobre criterios compartidos, reduciendo incertidumbres y facilitando el desarrollo de proyectos cada vez más complejos.

Biblioteca Municipal de Constitución – Arquitecto Sebastián Irarrázaval – Ingeniería y ejecución Ingelam de Niuform
Construir con menor huella
Mientras ese conocimiento se consolidaba, la construcción también enfrentaba un desafío distinto. La necesidad de reducir el impacto ambiental asociado a la edificación comenzó a influir en las decisiones de diseño y en la elección de los materiales. En ese contexto, la madera empezó a ganar protagonismo por razones que van más allá de su desempeño estructural. Su integración a procesos industrializados y su aporte a estrategias de construcción con menores emisiones han reforzado su desarrollo en Chile.
Los avances alcanzados por la construcción en madera encuentran respaldo en indicadores que muestran su aporte al desempeño de los edificios y a la productividad del sector. Cuando la madera proviene de bosques gestionados de forma sostenible, contribuye al almacenamiento de carbono durante la vida útil de la edificación. A ello se suma el uso de procesos industrializados que pueden reducir hasta en un 50% las emisiones de CO2 de un proyecto y disminuir en un 35% la energía incorporada en la fabricación de sus componentes. En comparación con una edificación equivalente de hormigón, un edificio en madera puede reducir su impacto sobre el cambio climático entre un 34% y un 84%.
La industrialización también aporta mejoras durante la ejecución de las obras. La prefabricación de componentes optimiza el uso de los materiales, reduce la generación de residuos de construcción hasta en un 84,7% y puede acortar los plazos de ejecución en hasta un 25%. En el ámbito habitacional, además, un edificio de viviendas en madera puede requerir cerca de un 35% menos de energía para calefacción que uno construido en hormigón, permitiendo que sus beneficios se proyecten durante toda la vida útil de la edificación.

Estación de carga solar para vehículos eléctricos UTFSM – Imagen Hilam Arauco
Los siguientes pasos
Los avances alcanzados por la construcción en madera durante las últimas dos décadas han permitido demostrar que el material responde a exigencias estructurales y de durabilidad. La actualización normativa, el desarrollo de productos de ingeniería y la incorporación de procesos industrializados han ampliado sus posibilidades de aplicación en proyectos de distinta escala. Hoy, el desafío ya no pasa por demostrar que es posible construir en madera, sino por acelerar su incorporación en el desarrollo de las ciudades.
Ese avance requiere una mayor difusión de las obras construidas y de las prestaciones que ofrece la madera. Gran parte de sus atributos sigue siendo poco conocida fuera del ámbito especializado, lo que ha contribuido a mantener percepciones asociadas a construcciones con bajos estándares de seguridad. Dar visibilidad a estas experiencias permite acercar el material a profesionales y usuarios, mostrando que las soluciones disponibles hoy responden a un desarrollo técnico respaldado por la ingeniería, la investigación y la normativa vigente.
La consolidación del marco normativo también continuará marcando el desarrollo del sector. Mantener ese proceso e incorporar nuevos criterios asociados a la madera en específico permitirá seguir ampliando las posibilidades del material.
En este escenario, el Estado mantiene un papel relevante. La incorporación de la madera en proyectos de infraestructura pública, programas habitacionales, establecimientos educacionales y equipamientos comunitarios contribuye a generar confianza, ampliar la experiencia acumulada y acercar estas soluciones a la ciudadanía. Ese impulso puede complementarse con el apoyo a la investigación aplicada, la formación de profesionales y el fortalecimiento de políticas públicas que favorezcan sistemas constructivos de menor impacto ambiental.